By Brújula
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Trata

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El anuncio en el clasificado de prensa solicita mujeres que deseen trabajar en actividades secretariales en oficina de alto prestigio.  La paga parece ser alta para el cargo, alrededor de US$400-500 mensuales.  El clasificado solicita ir a dejar papelería a una oficina de la zona uno de la ciudad capital.  Muchas señoritas, en este país inundado de desempleo, ofertan sus servicios profesionales.

Probablemente ninguna de ellas se imagina el futuro que les depara en caso “ser aceptadas” en dicho empleo. Seguramente muchas no quisieran ser aceptadas, de saber la realidad detrás de ese clasificado.  La realidad dista mucho del ofrecimiento: una vez convocadas para el trabajo, las señoritas son obligadas a vivir dentro de un local sin agua ni luz eléctrica, forzadas a realizar trabajos de largas jornadas, muchos de ellos sexuales, y el salario prometido, era simplemente un anzuelo, en realidad no existe.   Casos como estos son los que se denominan como trata de personas.

La trata de personas tiene como objetivo sacar provecho de una persona, negando e irrespetando sus derechos, y en la mayoría de casos poseen vinculación con la actividad criminal organizada. En Guatemala existen 14 formas tipificadas del delito de trata de personas (Ley Contra la Violencia Sexual, Explotación y Trata de Personas), entre ellas la adopción ilegal, matrimonio forzado, explotación sexual, turismo sexual, pornografía infantil,  entre otros.

El trabajo forzado –el caso del clasificado de prensa- es una de las modalidades de la trata de personas, pero no es la única. Esta muchas veces se encuentra vinculada con la explotación sexual. Y de esta, la mayoría de víctimas son mujeres jóvenes. Sin embargo, ¿por qué estas personas no renuncian, denuncian o se van de los lugares donde están siendo explotadas?  Muchas veces, estas interrogantes podrían sonar lógicas; sin embargo, en la mayoría de casos no lo son.

La mayoría de víctimas de trata de personas provienen de contextos con altos índices de pobreza y desigualdad. Muchas mujeres migran a la ciudad capital de aldeas y caseríos remotos en el interior del país, por lo que un encierro sin acceso a teléfono, luz y agua en un lugar lejano a casa, empeora el escenario.  Todas las víctimas de trata de personas están siendo retenidas en contra de su voluntad, violándose sus derechos básicos e irrespetándose la condición básica de todo ser humano, su dignidad.

De acuerdo a la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, por cada víctima que se rescata, 30 más continúan siendo explotadas clandestinamente.

El delito de la trata de personas es una problemática más común de lo que imaginamos en nuestro país.  Una trabajadora de casa particular (“la muchacha, la cholera” -desde allí empieza la violencia) que no recibe el salario mínimo, forzada a trabajar de seis de la mañana a nueve de la noche, sin permiso de vacaciones o salir los fines de semana, viviendo en un cuarto lleno de humedad y sin las condiciones de vida mínimas, es una persona que está siendo abusada y explotada laboralmente.  Esta persona puede ser nuestra vecina sin siquiera darnos cuenta, y está allí, escondida frente a nuestros ojos.

Una niña que está siendo abusada sexualmente por su abuelo y su tío, con consentimiento de sus padres a cambio de un beneficio, porque en muchos lugares de Guatemala, nuestra cultura patriarcal nos indica que esto “es normal”, también es una niña siendo víctima de trata de personas.  Padres de familia que llevan a sus hijas a las cárceles durante el fin de semana, para que por medio de ellas puedan obtener recursos adicionales, también son casos de este delito.  Criminalizar a todos los padres de familia no es probablemente la mejor opción en un país como Guatemala, donde las condiciones de vida tan denigrantes en las que se vive, muchas veces permiten estas situaciones.  Los padres de familia que exponen a sus hijos a delitos de trata de personas deben ser castigados, sin embargo, como país también debemos tomar conciencia de estas historias, intentar entenderlas -aunque muchas veces pareciera imposible- para combatir no únicamente estos hechos, sino las condicionantes, las razones, las causas de esta problemática.

El 23 de septiembre se institucionalizó el Día Internacional contra la Explotación Sexual y Trata de Mujeres, Niñas y Niños. Seamos jóvenes informados, conozcamos el delito, seamos capaces de identificar casos y poder apoyar a organizaciones que trabajan con víctimas de trata de personas. Porque mientras leemos esto, la dignidad de muchas mujeres y niños está siendo pisoteada. ¡No a la trata de personas!

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