Cambio ¿Cada cuánto nos toca realmente hacer un cambio grande en nuestras vidas? Pensándolo bien, muy pocas.  Un cambio de colegio, una mudanza de casa o la ruptura de una relación.

Entrar a la universidad es definitivamente uno de esos cambios grandes de la vida.

El sonido del bus arrancando al final de la cuadra.  Los zapatos negros que no se encuentran por ningún rincón a las cinco de la mañana.  La lonchera. Los libros forrados. Las juntas de padres.  Rutinas que con el paso del tiempo se tornan incluso un poco nostálgicas, y que ahora se rompen y modifican.

Sin embargo, nada termina para que algo nuevo no empiece.  La angustia que generaba el bus se puede sustituir por aquella de llegar tarde a la clase del catedrático exigente que no deja entrar a clase después de quince minutos empezada la clase.  Los zapatos negros se cambian por cualquier espécimen que sea útil para caminar.  La lonchera por la cafetería; los libros forrados por las copias de la fotocopiadora, y las juntas de padres por una contraseña en el portal académico para ver las notas de los cursos.

Entrar a la universidad es literalmente ingresar a un mundo nuevo. 

Son nuevas rutinas, nuevos entornos, nuevos amigos; pero principalmente, nuevas oportunidades.   Es estudiar lo que se desea, manejarse a tiempos propios, y especialmente poder empezar de cero.

El pensum de estudios que se había leído y releído en el trifoliar de la carrera, empieza a cobrar forma conforme pasan los días.  Y es que, después de la emoción de los primeros días, llega un momento en que se cae en cuenta que esto es serio.  Que se escogió una carrera profesional, y que no será fácil salir de allí sin un par de tropezones.   Y allí es realmente donde inicia el reto.

La universidad es eso que se espera y más.  Hay que abrir bien los ojos para darse cuenta que más allá de las clases y los catedráticos, es posible encontrar muchos aprendizajes en otros espacios. Tanto dentro como fuera de la universidad, ahora se encontrará acceso a nuevos grupos, organizaciones estudiantiles, grupos de voluntarios, espacios para hacer arte, y otros.  Es importante no desaprovecharlos.

Los cambios se vienen y son muchos, pero bien manejados pueden ser los mejores cambios por un buen rato.

Entrar a la universidad es reconocerse independiente y actor principal del camino a recorrer.

Es aprender que finalmente se salió al mundo.  Que hay mucho que hacer y mejorar allá afuera, pero especialmente, que hay mucho por quien hacer.  Los otros, aquellos en desventaja, por quienes debemos nuestro trabajo.  Esa idea debe ser finalmente nuestra brújula.

¡Feliz inicio de ciclo 2013!

 

Fotografía: www.3.bp.blogspot.com

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