By Auxiliares de Investigación
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Por: María del Mar Medal

Informes, reportes de resultados, formatos de ingresos, inventario de reactivos y equipo, incluso registro de agua desmineralizada, cuadernos de campo y laboratorio, son algunos documentos utilizados para llevar un control de, prácticamente todas las actividades realizadas, en el Laboratorio Analítico Ambiental del Instituto de Investigación y Proyección sobre Ambiente y Sociedad (IARNA) y la facultad de Ciencias Ambientales y Agrícolas.

Creo que la primera vez que escuché el término “corrupción”, fue debido a la problemática de La Línea, que implicaba a Otto Pérez y Roxana Baldetti, expresidente y ex vicepresidenta de Guatemala respectivamente. Yo tenía 17 años en el 2015, a partir de este momento, el concepto de corrupción se convirtió en una de las primeras palabras que se vienen a mi mente, siempre que me preguntan acerca de los problemas que afronta Guatemala.

En ese año también me gradué del colegio y en el año 2016 entré a la Universidad Rafael Landívar, para estudiar Ingeniería Ambiental con Énfasis en Gestión. Recuerdo que me sorprendí al escuchar a mis catedráticos explicando casos de problemáticas ambientales y darme cuenta que la corrupción, también afectaba a las entidades que velan por la protección del medio ambiente en Guatemala.

El año pasado, en mi cuarto año de carrera, se me presentó la oportunidad de unirme al IARNA como asistente de investigación en el laboratorio, a través del programa de Auxiliares de Investigación de la Vicerrectoría de Investigación y Proyección (VRIP), en el que he podido aprender un sinfín de cosas que se podrían llamar el “detrás de escena” de la investigación.

Por ejemplo, al momento de pesar y agregar los reactivos químicos que se necesitan para analizar una muestra de agua, se debe tener completa precisión y honestidad, ya que un solo decimal puede implicar una diferencia relevante en los resultados. Incluso el lavado de cada tubo de ensayo debe realizarse con cuidado y a cabalidad de acuerdo con los estándares internacionales establecidos.

En años anteriores de la carrera, había recibido distintos laboratorios, sin embargo únicamente había puesto en práctica mi conocimiento en el análisis de muestras de aguas naturales y residuales, en una o dos ocasiones.

Para mí era una experiencia completamente nueva, pero afortunadamente la encargada del Laboratorio, Elena Reyes, me introdujo poco a poco a este nuevo mundo; fomentándome el comprender el porqué de cada proceso y su importancia.

Con el paso del tiempo, el miedo y los nervios de manejar reactivos químicos y cristalería fueron disminuyendo a medida que mi confianza y familiaridad con los procedimientos iban aumentando, así como la habilidad para recordar los pasos realizados para el análisis de nutrientes, en muestras de agua, de los distintos proyectos del IARNA. Sin embargo, de vez en cuando me puedo distraer u olvidar qué estaba realizando, la cantidad que agregué de algún reactivo o cualquier otro aspecto que me genere duda; por lo que debo de ser honesta, repetir esa muestra y evitar que surjan más errores o incertidumbres.

En ocasiones en los que los resultados de algunas muestras no parecen coherentes, la experiencia de Elena es clave y considera qué pudo haber causado el error. Sea como sea, repetimos todo el procedimiento, en el que quizá habíamos invertido todo el día, para obtener los resultados adecuados, rechazando un dato poco certero.

Es cuestión de compromiso y profesionalismo; haciendo un trabajo intachable sin importar si las muestras son de un estudiante realizando su proyecto de graduación o muestras que se colectaron en una gira de campo de quince días.

Los tesistas y/o compañeros del IARNA que han apoyado en los análisis microbiológicos y fisicoquímicos, resaltan la labor tan minuciosa que requieren las distintas pruebas que se realizan en el laboratorio e incluso en campo. Ya que al momento de realizar una gira de campo para la recolección de muestras en territorios del occidente y norte del país, parte del laboratorio ubicado en el edificio TEC, se traslada a una habitación del hotel; que por la noche se convierte en un laboratorio.

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Cabe mencionar un poco de todo lo que conlleva una salida a campo. Unos días antes de salir por quince días a algún territorio del interior del país, se prepara todo lo que se utilizará para obtener los datos in situ (en el sitio), de las muestras recolectadas: cristalería, insumos, equipo, recipientes para la recolección de las muestras de los distintos puntos de muestreo, entre otros. Luego de haber recolectado las primeras muestras y llegar al hotel, aún faltan unas cuantas horas para poder recostarse a descansar: por el contrario lo que procede, es descargar del vehículo lo necesario para realizar las pruebas que deben realizarse dentro de las primeras 24 a 72 horas.

A pesar del cansancio por los días caminando durante horas bajo el sol o la lluvia, para llegar al punto de muestreo en el río, a un lado de la carretera o cerca de la desembocadura de una planta de tratamiento de palma africana, es de suma importancia mantenerse atento para evitar algún error o identificar alguna circunstancia en los alrededores; que podría ser relevante al momento de realizar el resto de los análisis de vuelta en el laboratorio.

Es esperanzador y un alivio experimentar la investigación realizada por la academia; en la que no existe la presión de una empresa que necesita comprobar que sus acciones no están afectando un ecosistema, por ejemplo.

Saber que es posible realizar y participar de manera ética en los distintos proyectos, que como profesionales y futuros profesionales nos podemos involucrar y desarrollar.

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