By Gabriela Sosa
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Gabriela Sosa / Opinión /

Cada vez que paso frente a una tienda de mascotas y veo animalitos en las jaulas, me entristece. Me entristece no solo porque está encerrados en una jaula y pasan la noche solos, sino el saber que le están poniendo precio a una vida. Me entristece además el saber que usualmente detrás de estos perros y a veces gatos de “buena raza” hay personas que fuerzan a las perritas y gatitas a embarazarse una y otra vez, sin consideración de su salud; todo para ganar dinero.

Habiendo tantos perros y gatos callejeros, me parece incluso ridícula la idea que haya personas que hagan esto. Tantos animalitos en la calle, que pasan hambre y comida, y que tienen tanto amor y cariño para dar, pero por no ser de raza, nadie los voltea a ver. En Guatemala, lamentablemente no hay datos exactos, ya sea por falta de interés o recursos. No obstante, para el 2011 se estima que había alrededor de 4 millones de perros abandonados en las calles.

Lastimosamente es un caso bastante –demasiado- común: el abandono de animales. Muchas personas que los compran o adoptan de cachorros porque “son bonitos” los abandonan cuando crecen, porque no quieren hacerse responsables por ellos, no desean cuidarlos cuando se enfermen o se cambian de casa y no quieren llevarlos consigo. Si definitivamente no pueden hacerse cargo, lo correcto es buscar a alguien que los acoja. En Guatemala existen varias organizaciones que pueden apoyar para buscarles un nuevo hogar, como AMA (Asociación Amigos de los Animales), Guatepets o Comunidad Gatuna, entre otras. En nuestro país no hay un hogar para animales abandonados, pero a través de las redes sociales es bastante fácil propagar la voz y encontrar a alguien que pueda cuidarlos. Estas mismas organizaciones llevan a cabo frecuentes jornadas de castración; es muy importante castrarlos, especialmente con los gatos, para evitar que se propague la sobrepoblación de gatos y perros callejeros. Hay quienes pensarán, pobres, deberían ser madres aunque sea una vez.

¿Pero qué pasa después con los gatitos o cachorros? Muchos los abandonan, incluso conozco horribles casos en los cuales los han ahogado.

En mi familia siempre hemos tenido varios gatos y perros, y puedo asegurarles que el hecho que no se comuniquen de igual manera a nosotros, no significa que no sean seres vivos, que no sientan, que no les duela. Si alguna vez gruñen o muerden, no es a propósito, seguramente están asustados, seguramente han tenido malas interacciones con otros seres humanos en el pasado.  Para mi familia, una mascota es como un miembro de la familia. Son criaturas inocentes, como niños, “niños con cola” les llamaba mi madre. Maltratarlos sería como maltratar a un niño. ¿Acaso forzarían a sus hijas a tener camada tras camada solamente para ganar dinero? ¿Ahogarían a un niño que no mire bien, no escuche bien o simplemente porque no pueden alimentarlo y no les dan ganas de buscarles un hogar? ¿Los dejarían abandonados porque se cambiarán de casa y no pueden llevarlos? ¿Les pegarían, quemarían la cola o tirarían piedras? ¿Les pondrían veneno en su comida porque no les gusta el sonido que hacen?

Yo sé que probablemente hay gente que sí lo haría, pero eso es tema para otra discusión. Lo que quiero resaltar es que una mascota no es un juguete, no es algo para entretenerse un rato y luego dejarlo en el olvido.  Es un ser vivo y merece respeto, merece cuidado y consideración, merece amor. Ellos están llenos de un infinito e incondicional amor para ofrecer, para ofrecer su compañía. No es algo para descartar cuando se enferme o se haga mayor, para tirar a la calle como si no significara nada, como si no sintiera o pensara, como si no amara.

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Humana, estudiante de la vida, graduada arrepentida de Psicología, librera indecisa, lectora, adicta al café y sirviente de tres gatos. Persiguiendo palabras.

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