By Brújula
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Mujeres4

Heydy López Lepe / IDIES/

Los mercados laborales, de acuerdo con la teoría económica se abordan desde la oferta y demanda laboral y de los salarios en los diferentes sectores de la economía. Lo que no es ajeno cuando se trata de la situación de las mujeres en el mercado laboral; se aborda desde la evidencia estadística, aquella que afirma que de la Población Económicamente Activa –PEA- masculina el 71.8% se encuentra ocupada, mientras de las mujeres es el 37%, que aproximadamente el 68% de las mujeres jóvenes de 16 a 25 años se encuentran inactivas, de 26 a 50 años es un 50% y que a partir de los 51 años se encuentra en un 100% ocupadas.

Dada la evidencia anterior podría caerse en errores de percepción, todos ellos derivados de una visión androcéntrica que asigna a las mujeres la responsabilidad de trabajo doméstico y el cuidado, pero que en la práctica se invisibiliza, justificándolo como “las preferencias” de las mujeres por no trabajar y quedarse en la casa. En la investigación “Mujeres en el mercado laboral guatemalteco”* del Instituto de Investigación y Proyección sobre Economía y Sociedad Plural (IDIES) de la Universidad Rafael Landívar se realiza un análisis desde la categoría de género y del cumplimiento de los derechos humanos de las mujeres en el mercado laboral. Se estableció que a partir de la concepción del trabajo como aquel que produce para el mercado, el trabajo doméstico no remunerado realizado mayoritariamente por las mujeres, se desvaloriza y por lo tanto se invisibiliza, especialmente el trabajo del cuidado de los hijos(as), ancianos, enfermos y personas con discapacidad, que realizan las mujeres como un “gesto de amor” y no es visto como un trabajo que conlleva tiempo y esfuerzo.

¿Por qué el trabajo no remunerado limita el acceso

de las mujeres al trabajo remunerado?

Porque son las mujeres a quienes se les asigna socialmente este tipo de trabajo y que realizan en todas las etapas de su vida, desde la niñez, la adolescencia y la edad adulta, inversión de tiempo que limita su acceso a la educación formal y a la capacitación para el trabajo, por lo tanto afecta sus oportunidades laborales en el presente y en el futuro. La evidencia estadística establece que la situación de las mujeres en el mercado laboral va más allá de únicamente su situación actual, y que en la infancia la principal causa por la que las niñas abandonan la escuela en un 80.1% se debe a la realización de oficios domésticos y la segunda causa es la violencia con un 73.1%, mientras que la principal causa por las que los niños abandonan la escuela es por falta de dinero en un 77.3%.  Estos datos evidencian que las razones por la que niños y niñas abandonan la escuela son totalmente diferentes, y que es el trabajo doméstico no remunerado la razón principal por la que las niñas abandonan la escuela en edades tempranas.

Este abandono escolar de las niñas repercute en sus oportunidades laborales futuras, y encontramos que en la adolescencia estas niñas constituyen el mayor porcentaje de los llamados Ninis, población joven de 15 a 24 años que no estudia ni trabaja, en donde del total de mujeres, el 42.1% son ninis y el 6.5 % son varones; los demás jóvenes estudian y trabajan o se dedican a una sola de las dos actividades.

En la edad productiva las mujeres generalmente han perdido la oportunidad de estudiar, y además deben dedicarse al cuidado de los hijos e hijas.

Se observa que 7 de cada 10 mujeres son madres de niños menores de 10 años, por lo que como ya se indicó se consideran inactivas, aún cuando el trabajo doméstico y del cuidado conlleva la inversión de muchas horas de trabajo, en donde de acuerdo con la ENCOVI 2011, las niñas menores de 15 años dedican en promedio 2.1 horas y los varones de la misma edad 0.7, en tanto que los mayores de 15 años, las niñas dedican 4 horas diarias y los varones 0.7, y en la edad adulta las mujeres invierten 7 horas diarias, mientras que los hombres dedican una hora. Estas diferencias en el uso del tiempo marcan las diferencias entre mujeres y hombres y sus oportunidades educativas y de formación para el trabajo, consiguientemente de inserción con mejores ingresos al mercado laboral.

Por lo tanto, no es de extrañar que las oportunidades de inserción laboral de las mujeres sea mucho más desventajosa que para los hombres, aun cuando la situación laboral nacional dista de cumplir con las leyes nacionales y los acuerdos laborales establecidos dentro de los derechos humanos y los acuerdos de la Organización Internacional del Trabajo –OIT-. En este contexto encontramos que en el marco de los derechos humanos aceptados y ratificados por el gobierno guatemalteco, la situación laboral en general tanto de hombres como de mujeres, en su mayoría no se cumplen. Desde el derecho al estudio y la capacitación para el trabajo, la existencia de seguridad laboral establecida con contratos escritos en forma indefinida y con pago de prestaciones, derecho a pagos extraordinarios como bono 14, aguinaldo y vacaciones pagadas, un salario que cubra sus necesidades de subsistencia, educación y recreación, así como el derecho a la seguridad social y a servicios de salud integral de calidad, aspectos que se encuentran en marcada decadencia.

En este sentido, tanto hombres como mujeres ven el incumplimiento de sus derechos humanos y laborales, en donde cada día carecen de contratos laborales, o sus salarios mínimos no cubren la canasta básica vital, y en donde las mujeres generalmente ganan menos que los hombres con los mismos niveles educativos; en el sector agrícola el salario de las mujeres es 33% menor al de los hombres, en el sector industrial 55.2% menor, en el comercio y servicios es del 39% menos.

Situación que se agudiza en el área rural más que en la urbana.

Y laboralmente, ¿dónde se ubican estas mujeres cuyas oportunidades se encuentran limitadas por la responsabilidad asignada del trabajo doméstico y del cuidado? En un 43.7% en el sector de servicios y vendedores, en microempresas, o en emprendimientos de autoempleo como ventas de comida y por catálogo en las que generalmente no tienen acceso a un contrato indefinido de trabajo ni a prestaciones laborales y menos derechos a jubilación, lo que determina una vejez desprotegida.

Y aunque pareciera que a esta situación se escapan las mujeres con acceso educativo, se observa una segregación ocupacional derivada de esa asignación de roles en que las mujeres se dedican al cuidado de los miembros de la familia. De esa cuenta que la elección de carreras universitarias se enmarcan mayoritariamente en ellos, en la Universidad de San Carlos el 70.6% de estudiantes de humanidades son mujeres, y en medicina constituyen el 62.3% de estudiantes. En las universidades privadas, en medicina del total de estudiantes el 71.4% son mujeres y en humanidades el 59.8%. Esta es a grandes rasgos la realidad de las mujeres en el mercado laboral, situación que viola los derechos humanos y laborales de las mujeres, al invisibilizar socialmente la recarga de trabajo que se ejerce sobre ellas, y cuya responsabilidad debe ser asumida socialmente a través de la división del trabajo doméstico entre hombres y mujeres al interior de los hogares, pero además debe ser reconocida y asumida por el estado como una necesidad colectiva que debe ser abordada desde las políticas públicas.

*El IDIES presenta los avances en la investigación “Mujeres en el mercado laboral guatemalteco” realizada por Heydy López Lepe, la cual será publicada de forma completa y en la revista de Estudios Sociales No. 80, un artículo basado en la misma. Además, la temática será presentada durante la semana científica en septiembre de 2016.

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