Laysa Palomo / corresponsal /

Las mujeres por lo general somos vistas como el sexo débil.

Organizaciones como las Naciones Unidas han dedicado parte de su trabajo a defender la equidad de las mujeres y su lucha ha tenido como resultado un mejor posicionamiento de todas nosotras en la sociedad. Nuestro país, al igual que otros, ha tratado de mejorar la situación del sexo femenino en áreas económicas y sociales, pero a pesar de esto, muchos hombres continúan con la idea de que ellos nos superan.

Esto sucede más cerca de nosotros de lo que tenemos idea.

Muchas de nuestras compañeras son discriminadas en sus trabajos o en su salón de clases por su propio profesor, quien debería supuestamente promover la equidad y superación entre los compañeros.  En todas las universidades de Guatemala, especialmente en las carreras originalmente  “diseñadas” para hombres, se dan casos como estos.

Beatriz, una estudiante en el interior del país, nos da un ejemplo de lo que pasa cuando las mujeres optan por carreras científicas:

¿Esto quiere decir que las mujeres somos tontas? ¿Quién es el catedrático para decidir quienes seguirán el curso y quienes no? Muchas otras mujeres que ingresan a carreras como Ingenierías, Arquitectura o Medicina, son víctimas de discriminación por parte de sus catedráticos y en ocasiones, no solamente de hombres, sino también de las mismas mujeres.

Probablemente, los comentarios de estos catedráticos no tengan la intención de hacer sentir de menos a una estudiante, pero si los analizamos, el machismo que contienen es claro y la discriminación es aún más evidente.

Marcela, una estudiante de ingeniería nos cuenta que cada vez que su profesor explicaba algo y si alguno de sus compañeros de clase no entendía el tema, este hacía bromas parecidas a: “¿Cómo es posible que no entienda si la señorita aquí pudo?”.  Ella afirma: “No es que eso me haya hecho sentir del todo mal, pero se estaba burlando del hecho de que por ser mujer yo no debería de entender y que era tonta”.  Quizá su catedrático no lo hacía con el afán de herir sus sentimientos y quizá no tenía nada en contra de las mujeres, pero ese es precisamente el reflejo de nuestra sociedad machista en donde todavía creemos que al sexo femenino le cuesta pensar.

Ahora, reflexionemos sobre lo que sentirá la mujer indígena de origen rural que decide venir a estudiar a la capital… ¿seguramente es aún más difícil para ellas, no?  Asociaciones como ASODIGUA (Asociación para el Desarrollo Integral de Guatemala Maya) apoya a este tipo de mujeres ha involucrarse en los estudios y que se gradúen de cualquier carrera en el que ellas decidan incursionar.  Estela comenta: “A pesar de que no he sufrido tanta discriminación como pensé al llegar a Guatemala, fue más triste ver cómo los mismos profesores no tenían fe en lo que yo podría llegar a hacer”. 

Entonces: ¿Qué podemos hacer nosotras las mujeres para romper con estas prácticas?

Simone de Beavoir decía: “No quiero que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas”

Con esta frase inspiró a todas las mujeres a que demuestren ante toda la sociedad que valemos.  Haciendo un buen trabajo, nadie podrá decir que somos menos o que no somos capaces.  Ejemplos como  Marie Curie, investigadora de la radiactividad;  Ada Lovelace, pionera en programación informática; Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de Argentina o Indra Nooyi, CEO y Presidente de Pepsico, demuestran lo dicho.

Es imposible hacer entender a todos los hombres -incluso a algunas mujeres- que sin importar el sexo, una persona preparada será capaz de desenvolverse en su área sin ningún problema, por lo que el trabajo que realicemos hablará por sí solo y demostrará que todos se equivocan al discriminar a una mujer.

¡No le hagamos caso a ese profesor que dice constantemente que somos menos o a aquel que nos hace sentir tonta! Demostrémosles que sí podemos y que cada vez que discriminan a alguien del sexo femenino, también lo hacen con su madre, amiga, hija o esposa.

 

Fotografía obtenida: http://newgraffitiss.blogspot.com

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