roatan

Claudia Calderón/ Opinión/

West Bay, Roatán, Islas de la Bahía, Honduras, era mi viaje del año. Contaba los días y las horas para estar frente a ese mar de aguas turquesas que guardaban la calma a toda hora. Ese Atlántico que alberga una belleza marina increíble, con colores puros e indescriptibles, barreras de coral que desfilan ante los lentes del snorkel, los delfines en espera de dar un beso al turista amable, la arena blanca, un ambiente de paz y tranquilidad. En fin, Roatán ya no solo serían los reportajes por televisión, anuncios en la web, el mapa o las fotografías de muchos, sino mi propia historia qué contar.

Al llegar a la isla, nos esperaba el transporte hacia el hotel. Pero de inmediato, mi expectativa sufrió un shock con la realidad al comenzar a ver la condición de vida de la población de Roatán. Eso es lo que no sale en el mapa y lo que nadie cuenta. Por un momento me sentí desubicada. “¿Es esto posible?”, pensaba a cada segundo.

Roatán sufre niveles de pobreza y marginamiento en muchos sectores.

Muchos caseríos y aldeas no reúnen las condiciones mínimas de desarrollo, como agua potable, alcantarillado, luz eléctrica, etcétera. Los recursos son limitados y la inmigración se hace cada vez más latente. Islas de la Bahía alberga alrededor de 80.000 habitantes, lo cual hace de cada isla un lugar sobrepoblado, especialmente Roatán.

En 2013 esta isla recibió a 2 millones de turistas, generando alrededor de 700 millones de dólares en todo el departamento de Islas de la Bahía. A pesar de todo este manejo de dinero en las islas, la pobreza ha ido en aumento en los últimos años. El actual alcalde de Roatán, Dorn Ebanks (2014-2018), ha prometido trabajar por la disminución de la pobreza, mejoras al sistema educativo y de salud en la Isla. Sin embargo, es una tarea que apenas comienza y que probablemente tardará varios años en establecer una zona bajo condiciones justas y dignas para los garífunas y habitantes de la misma.

Roatán no es solo turismo. Es el lugar donde habitan miles de personas que buscan mejoras en su condición de vida y mayor estabilidad para ellos y los suyos. Y como es de suponer, West Bay es una playa paradisíaca, pero para llegar ahí, hemos de pasar primero por la realidad diaria de sus habitantes. Procuremos no cegarnos en los viajes turísticos, ya que para ver ese tipo de realidades, no es necesaria ni siquiera una lupa.

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