Enrique Noriega / Corresponsal

Muchas veces hemos escuchado que la situación en el país “está complicada”, que la educación y la salud están mal, que no se puede salir tranquilo a la calle, que si uno espera a la justicia esta nunca va a llegar, que cada año las cosas están peor… Estas circunstancias hacen que los jóvenes consideremos irnos a otro país, en el cual podamos llevar a cabo una vida más digna.

Día a día somos testigos de la violencia que se vive en el país; todos los días hay relatos de que asaltaron a un amigo, a un familiar, a un conocido.

Si no nos toca a nosotros le toca a alguien más. La ciudad de Guatemala fue catalogada en el año 2009 como la más violenta de Latinoamérica, la cual es la región más violenta del mundo. En la actualidad se llevan a cabo 75 asesinatos por cada 100 mil habitantes. De estos, el 32% de las víctimas son adolescentes.

Si a este dato le agregamos la impunidad, la cual según la CICIG, de cada 100 hechos de violencia en el país únicamente se investigan y esclarecen 2, encontramos un panorama en el cual migrar es una opción muy razonable. Esta situación es más notoria en el interior del país, que es donde la impunidad está más establecida, ya que las instituciones de justicia y seguridad tienen menos presencia.

La población indígena es la más afectada por la “situación complicada” en el país, ya que es en este sector de la población donde se concentran más los índices de pobreza, la impunidad, y por si fuera poco, son quienes poseen el menor acceso a la educación y la salud.

Los servicios hospitalarios en el país se encuentran concentrados en la ciudad capital y en las cabeceras de los departamentos, lo cual excluye a los pueblos y aldeas más remotas del país. En el año 2009 la tasa, médico-habitante en el país era de 0.9 por cada mil habitantes y en la actualidad existen 4,885 pacientes por médico. Además, los insuficientes hospitales públicos existentes se ven desbordados, se encuentran disponibles únicamente 0.6 camas en los hospitales por cada mil pacientes. Esto sin tomar en cuenta la desnutrición, que afecta al 48% de los menores de edad en el país, mejor migro para darle algo de comer a mis hijos.

En materia de educación tampoco es muy alentador el panorama, el 25% de la población mayor de 15 años no sabe leer ni escribir y únicamente 2 de 3 niños terminan la educación primaria. La educación también se encuentra concentrada en ciudades y cabeceras y además, también se agrega el problema de la calidad educativa; la educación pública es insuficiente para preparar a la población para introducirse en el mercado laboral.

Si vivo en el interior del país y me encuentro en este panorama: inseguridad, impunidad, sin acceso a la salud ni a la educación, probablemente con hermanos menores en desnutrición… ¿Qué futuro puedo esperar para mí como joven?

¿Qué puedo hacer para tener una vida mejor con los recursos que tengo?

¿Cómo no considerar seriamente la migración ante estas adversidades?

Y vos, ¿qué esperás del país para no migrar? ¿Qué cosas hacen que quieras migrar?

 

Fotografía obtenida en: http://globalbhasin.blogspot.com

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