By Brújula
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Lenina García/ Opinión/

Nunca imaginé que la vida de una mariposa fuera tan corta. En mi imaginario creí que podían vivir años, pero cuando visité la Reserva Natural Atitlán, conocí el mariposario y un laboratorio increíble donde se pueden observar las distintas fases de su metamorfosis. Uno de los guías del lugar me explicó que su promedio de vida es de tres a cuatro semanas, con algunas excepciones en otras especies como la Monarca, que puede llegar a vivir hasta 8 meses. No pude evitar sentirme triste. Siempre he visualizado a las mariposas como símbolos de libertad y saber que disfrutaban tan poco de su vuelo después de pasar encerradas en una crisálida, me dejó meditabunda. Pero la naturaleza aguarda un orden perfecto y más adelante sabría por qué….

Cumplir 25 años 

Hace algunos días cumplí 25 años. Además de la hermosa alegría de compartir con los seres queridos y de agradecer a la vida por un año más, he de confesar que entré en momentos de crisis. Sentí como si todo mi ser y mi mente hubieran adquirido un grado de consciencia mucho más profundo. Es como quitarse una venda de los ojos. Empecé a recordar mi infancia, mi adolescencia y estos años más recientes de juventud. Recordé que disfruté mucho estudiando Magisterio, cuando hice mi proyecto de vida en el curso de Seminario y me dí cuenta que la mayoría de metas que me tracé después de los 18 ya las había cumplido. Pero entonces me surgía la pregunta: ¿Ahora qué sigue?

La sociedad ha impuesto a las personas, en especial a nosotras las mujeres, ciertos mandatos de vida: como encontrar el amor ideal,  casarnos, tener hijos, ser “bellas”, alcanzar el éxito económico, profesional y aunque me considero alguien que ha ido desaprendiendo todos esos prejuicios, es innegable que en algún momento esos fantasmas aparezcan por mi ventana. Y con esto no quiero decir que todo lo anterior sea malo. El problema es que nos han hecho creer que ese es nuestro único destino. Incluso me pregunté: ¿cuánto de lo que he vivido hasta ahora ha sido realmente decisión mía y no de mis padres, de las parejas con las que he estado, de la universidad, de mi organización, de la sociedad, del mismo Estado?

En palabras de la Dra. y feminista Marcela Lagarde, este conflicto es parte de lo que vivimos las mujeres contemporáneas:

En América Latina todas nuestras culturas son sincréticas, porque son el resultado de mezclas complejas y a menudo contradictorias. Todas las mujeres contemporáneas somos una mezcla de mujeres tradicionales y mujeres modernas. Por eso, los conflictos que vivimos internamente reflejan los conflictos que hoy se viven en el mundo entre la tradición y la modernidad.

-Claves feministas para la negociación en el amor (2001)

Y también añade que para las mujeres contemporáneas, vivir se convierte en el arte de ir resolviendo esas contradicciones y antagonismos que nos componen y que quienes lo logran es porque han creado “una forma única de vivir”.

Luego de varios días de desgarre por esta nueva etapa que se viene, decidí hacer dos actos simbólicos de sanación en mi vida:

1. AGRADECER Y ABRAZAR A LAS ANCESTRAS QUE HAY EN MÍ: Me dí cuenta que todos esos sentimientos encontrados por este nuevo ciclo eran normales y que no había motivos por los cuales sentir culpa. Abracé a cada una de mis ancestras: A la niña, a la adolescente, a la joven y les dí las gracias por el camino recorrido. Por los sueños que juntas hemos construido, por las lágrimas, por las derrotas y las victorias. Y las asumí como mis ancestras, porque son una sabiduría acumulada, la sabiduría de mi ser. También dí gracias al Universo por el simple hecho de vivir, porque es el milagro más palpable y porque no quiero vivir de la carencia, sino desde las potencialidades de mí misma y de lo que me rodea.

2. REAFIRMAR MI CAMINO FEMINISTA: El feminismo es algo que me ha devuelto la vida, ha representado encontrar un camino de autodescubrimiento y reflexión de mi situación histórica como mujer. Me ha devuelto el sentido de vivir, de construir una autonomía plena y la lucha por un mundo donde la equidad de género sea una realidad. Por eso decidí reafirmarme como feminista y continuar aprendiendo y creando esa “forma única de vivir”, como arte.

Alguien por allí me dijo que a los 25 años ya era hora de ir “agarrando formalidad”. Y creo que tiene razón: Es hora que agarre con formalidad mis sueños y no los dejé por allí tirados, por miedo, por querer encajar.

La relatividad del tiempo 

Ahora que lo pienso, el tiempo de vida de las mariposas es muy similar al de los humanos. Ambos tienen la posibilidad de vivir, solo que en distintas dimensiones. La vida es efímera, aún así dure meses o años. Cada ser tiene un espacio en el Universo, así se componen los ciclos de la naturaleza.

Las mariposas me dieron una gran lección, me enseñaron que venimos al mundo solo de paso, que el proceso de madurez de las alas es doloroso, pero nada se compara con el regalo hermoso de volar. La infancia muy bien podría ser esa etapa de huevo y la adolescencia de larva, cuando aún no se está preparado para volar. Creo que he llegado a la etapa de la adultez. La mariposa ha roto la crisálida. Llegó el momento de extender las alas. De aprovechar las cuatro semanas de vida. De crear mi propia trayectoria de vuelo.

Imagen: Lenina García

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