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Isaías Morales/ Opinión/

Nunca mueren y no lo harán mientras continúen empeñados en polarizar, no buscar consensos y sobre todo regresarnos al fantasma de la década de los 80 donde pensar distinto era un presagio a la muerte anunciada. Esas pesadillas de etiquetar, estigmatizar o discriminar han vuelto en pleno Siglo XXI, pero lo más terrorífico es que sucede en nuestro propio patio.

El 2016 inicia como finaliza 2015: con más actividad coyuntural que lo habitual a otros años. Lo novedoso no es eso, sino dos hechos en concreto que han sacado la mejor versión de los auténticos dinosaurios de la vida pública en el país. El primer caso fue la aprobación del salario diferenciado en 4 municipios del país por parte del Presidente Alejandro Maldonado durante el último día del año pasado. Asimismo, la captura de varios exmilitares y la solicitud de retiro de inmunidad al diputado electo Edgar Ovalle por parte del Ministerio Público acaparó la atención pública desatando comentarios a favor y contra.

El punto del debate por estos sucesos no es estar a favor o en contra, no es posicionarse en el espectro de la derecha o izquierda.

No se trata de ubicarnos a favor de los azules o rojos, o mucho menos de sentarnos en un lado de la butaca para asumir que nunca nos sentaremos a dialogar con el otro bando. Tal vez haya sido así en tiempos de la guerra fría o el conflicto armado. Ahora estamos en un intento de primavera democrática pero aún inmadura por las actitudes que se han reflejado durante los últimos días.

El pasado 31 de diciembre la Coordinadora Estudiantil Universitaria de Guatemala (CEUG), -auténtica por su capacidad de consensuar y articularse entre movimientos estudiantiles de Universidad(es) Pública y Privadas-, emitió un posicionamiento en contra de los salarios diferenciados recién aprobados. De inmediato los comentarios que señalaban a la CEUG de adoptar causas ideológicas se hicieron evidentes. No sé si haber emitido una postura a favor hubiese generado la misma reacción. Pero ahora las interrogantes son: ¿Pronunciarse en contra de los claros retrocesos en materia de derechos laborales es ideológico? ¿O etiquetar a toda causa que no sea similar a lo que uno piensa, lo es?

La percepción aún arcaica que poseen los dinosaurios de la vida pública, es la misma  que siempre han tenido aquellos que estancaron, estancan e intentarán estancar los esfuerzos por desarrollar una verdadera democracia.

Los videos en redes sociales del martes 05 de Enero mostraban a un efusivo y alterado Presidente Maldonado en Guastatoya, que provocó opiniones a favor y en contra por usar etiquetas como “leninistas”, “politólogos vagos” durante su discurso en la inauguración del salario mínimo diferenciado. Esa es una mínima muestra de lo que se puede polarizar con un comentario que llega a ser hasta estigmatizador o discriminatorio, según la reacción que genere.

De igual forma sucedió tras la captura y señalamiento a varios exmilitares por haber cometido delitos contra la humanidad, desapariciones forzadas y violaciones a Derechos Humanos mientras realizaban su función pública. El hecho va más allá del enjuiciamiento y las causas ideológicas pues resulta ser que varios de ellos han estado involucrados en el origen de diversas estructuras criminales, es decir el Estado paralelo que le dio origen a la red de defraudación aduanera conocida como “Línea”.

Hay hechos que superan las causas ideológicas e importa un comino si se trata de izquierdas o derechas. No es lo mismo enjuiciar a un exmilitar que se aprovechó de su posición para violar Derechos Humanos, pero sobre todo montar una red de corrupción, que enjuiciar a subversivos que asesinaron a inocentes con un 3% de las atrocidades durante el conflicto armado pero que no lo hicieron en nombre del Estado. La desobediencia a Convenios y Normas Internacionales no las realizaron los guerrilleros sino militares por buenas o malas intenciones que hayan tenido. Enfrentar la justicia no es sinónimo de culparlos desde el inicio, pero deben someterse al proceso para demostrar que no hay nadie superior a la Ley.

No se trata de un hecho ideológico decir que los beneficios fiscales y los salarios diferenciados no son adecuados en Guatemala. La inversión pública es prioridad antes que el beneficio a empresarios para volver competitivo al país.

Los altos niveles de educación generada por acceso hacia la misma, sumado a la garantía en inversión para la infraestructura, más el acceso a salud y transparencia en instituciones vuelve al país más atractivo en vez de otorgarle los privilegios a empresas.

El error no es el hecho de tener ideología; se puede ser neoliberal, libertario, progresista, anarquista o lo que sea. Sin embargo, las discusiones no debieran centrarse en buscar quién tiene la razón, sino en buscar puntos en común que contribuyan a generar propuestas que nos alejen de los pensamientos dinosáuricos.

Hace un año yo no hubiera apostado porque un estudiante de la Marro, URL, UVG y la USAC se sentaran a dialogar, argumentar y generar propuestas inspiradoras por un mejor país. Cada quien tiene un concepto distinto sobre la forma en que se debe guiar los destinos de la nación del Estado o de la vida misma.

Sin embargo, hoy puedo ver que eso es posible porque queremos llegar al día en el que los dinosaurios deben extinguirse. Esos dinosaurios que aún creen en ganar una guerra sepultada y que manchó en sangre al país. Esos dinosaurios deben morir. Pueden estar entre nosotros, con conocidos o incluso entre nuestros propios pensamientos. ¿Queremos que se extingan o que sigan estancándonos?

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