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Erik Moscoso/ Opinión/

La discusión de la última semana en redes sociales, y fuera de estas, giró en torno a la tragedia del basurero que cobró la vida de varias personas y dejó a otras lesionadas. Sin embargo, la misma fue en su mayor parte sobre la administración municipal y su fallida política de trabajo en el basurero de la zona 3, muy poco fue mencionado el tema de las personas que ahí perecieron o laboran.

Desde hace más de media década el barranco que rodea esa área ha servido de basurero para los que actualmente somos millones de habitantes de la ciudad capital y algunos municipios aledaños. Diariamente son toneladas de basura las que son vertidas en este lugar. Hay un dicho: “la basura de algunos es el tesoro de otros”.

Para más de 1,500 personas y sus familias, la basura más que un tesoro se ha vuelto una fuente de ingresos y modo de subsistir.

Diariamente buscan entre los desechos un trozo de comida, objetos que puedan usar o vender para agenciarse de algunos quetzales. El trabajo de los llamados guajeros es algo que muchos pasamos por desapercibido; pues el hecho de trabajar en, lo que algunos han llamado “un verdadero infierno”, hace que sea menospreciado. Empezando por las condiciones en las que trabajan podemos claramente observar que día a día ponen en riesgo su vida. El deslave ocurrido recientemente no es la primera tragedia que ocurre en el lugar. Años atrás hemos escuchado de incendios y otros deslaves, sin embargo han sido muchas veces pasados por alto. En gran medida porque en ese entonces no existía tanto movimiento en redes sociales como ahora.

Al pasar por la 30 y 13 calle (calles que conectan zona 3 con zona 7 y muy cercanas al basurero), un día después de lluvia, uno puede sentir el olor fétido que emana de ese lugar. Para muchos algo insoportable, para los guajeros algo que ya pasa desapercibido, incluso en los peores días, pues ya se han acostumbrado a esto. Además de los olores que salen del lugar, también emanan gases tóxicos que presentan un riesgo para la salud no sólo de las personas que trabajan ahí, sino también para las miles de familias que viven en áreas aledañas.

Muchos de ellos hacen una labor necesaria, y obligatoria en muchos países desarrollados, que es el reciclaje.

Parte de los ingresos que logran agenciarse viene del recolectar desde vidrio hasta papel con tal de venderlo, por algunos centavos, para que luego sea reciclado. Es importante reconocer que de esta manera el trabajo que realizan ayuda en alguna medida al medio ambiente, y es una que no muchos hacemos. Nos interesa la conservación del medio ambiente, pero sólo de palabra, no llevamos acciones concretas para conservarlo para futuras generaciones. Aun así, después de todo esto, pasamos por alto a estas personas. La labor que ellos hacen debería también preocuparnos.

A partir de esto concluyo que cuando leemos o entramos en una discusión es importante abordar el tema desde varias aristas; entender que hay otras perspectivas que nos pueden abrir la mente a otros problemas que muchas veces pasan desapercibidos. No sólo tratar de buscar culpables, sino ser proactivos y buscar soluciones que puedan ser viables. Ver más allá de la superficie del problema y saber que lo que muchas veces vemos es tan sólo una pequeña parte. Cada pequeña acción que uno pueda hacer puede contribuir a mejorar la sociedad en la que vivimos.

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