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Héctor Xep / Colaboración /

Los partidos políticos en mi pueblo, como cual pandillas de nueva york ambientada en el siglo XIX se tratara, semejantes a tribus territoriales que si no estás con ellos eres su enemigo, si no piensas como ellos eres un vendedor del pueblo; así de simple cada quien dice ser la solución y se andan tirando cual trapo sucio de chismes que encuentran en el aire a sus contrincantes.

Ya casi no hay política, es una lucha de llegar a la silla a como de lugar, no sé cómo estará el ambiente en los otros pueblos pero aquí hay un ambiente de tensión, de envidia y hasta de odio, ya se han lanzado boletines de amenazas. Si llegara a ganar tal partido, todo aquel que apoye a ese partido, su casa será quemada; bochinches de ese tipo ya han ocurrido en elecciones pasadas.

Un grupo de personas enardecidas llegaron a destruir el inmueble del presidente de la junta directiva del tribunal electoral de este municipio y de otros inmuebles, incluida una escuela durante las elecciones del 2011, sin tener fundamento y bases legales para decir que hubo fraude. Ese hecho me recuerda a un capítulo de la serie los Simpson, en donde una turba enardecida decide destruir el observatorio astrológico del lugar, solo por haber descubierto un cometa que chocaría en la ciudad; ese tipo de cosas que suceden y te preguntas ¿dónde está el razonamiento lógico en todo eso?

El pueblo es tranquilo, apaciguado, mágico, sublime y muy interesante para quienes lo visitan, pero cuando llegan las elecciones traen consigo más pena que gloria, el pueblo se transforma o más bien los partidos políticos lo transforman, surgen las discusiones, las discordias y la violencia verbal.

La tecnología no se ha quedado atrás pues innumerables páginas de Facebook con perfiles falsos alardean a unos y repudian a otros, batallas de campañas entre amenazas y ofensas, racismo y odio, y entre todo esto no veo qué sentido tiene, no veo una lucha por un bienestar general, no creo que el pueblo tenga un buen rumbo con estas actitudes.

El racismo también se ha hecho presente, entre los que son del pueblo y los que son de las aldeas. A todo esto, yo me pregunto ¿dónde queda la hermandad?, en el pueblo abundan las iglesias, pero también abunda el rencor y el odio, todos quieren cambiar al pueblo pero nadie quiere cambiarse así mismo.

Las elecciones en mi pueblo se han convertido en una fiesta de discordia, recuerdo que de niño nunca viví estos acontecimientos, nunca supe lo que eran los bochinches; ahora hasta adolecentes ya se están involucrando. Me pregunto ¿qué futuro nos espera? o como dice la canción de Marco Antonio Solís, ¿a dónde vamos a parar?

Como dice un dicho: nada es gratis, los partidos políticos saben muy bien eso. Es preocupante ver que la mayoría que apoya a un partido político lo hace por interés personal, desde una bolsa de víveres hasta una plaza de trabajo, todo cuenta para un voto.

Los partidos políticos ya tienen vendidas las plazas de empleos a sus simpatizantes, en el aire se escuchan murmullos, en las calles los chismes están a la orden del día; como cuando iba pasando por el mercado y escuché a una señora decir que el actual alcalde es un indio ladrón, o cuando escuché decir a dos señores que el del partido naranja tiene endeudado hasta el culo, es una guerra que va desde chismes hasta amenazas.

Gane quien gane dudo mucho que el pueblo mejore. Más allá de la corrupción, la gente se ha distanciado, no hay hermandad, no hay respeto ni mucho menos amor al prójimo, la mayoría solo vela por sí mismo; muchos dicen amar al pueblo pero son los primeros en esconderse cuando ven a un vecino pidiendo ayuda, otros dicen ser cristianos pero son los primeros en juzgar y culpar sin fundamento, hay más que dicen ser católicos pero son los primeros en no perdonar, en no olvidar y de reírse de la pena ajena. Para cambiar al pueblo debemos comenzar con cosas simples como recoger la basura de nuestra cuadra, velar por nuestras mascotas como tantos perros que andan en la calle, darle una mano a la anciana que lleva leña, velar por los hijos para que ellos no caigan en las maras, estas acciones nos cambian y cambian al pueblo. Espero que las autoridades puedan velar por la libertad y efectividad del sufragio, la pureza del proceso electoral y la paz del pueblo.

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