By Antonio Flores
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Antonio Febrero 1

Antonio Flores / Opinión /

Entre los animales es “comer o ser comido”, entre los seres humanos, “definir o ser definido”. – Thomas Szasz

La parte mas placentera del colegio para muchos, es tener frente a ellos una hoja en blanco y mil colores para escoger, hacer trazos sin límites  o restricciones, sobre su mascota, juguete favorito o superheroe preferido; hasta que llega un dibujo de la maestra, que se debe colorear según las instrucciones: “no se salga de la linea”, “use solo estos colores”, “pinte cada área con el color asignado”. Crecemos y aprendemos a leer y escribir, se nos abre un nuevo mundo de posibilidades e ideas; sin embargo no tardas mucho en darte cuenta que las páginas tienen lineas previamente impresas, para que sigamos un orden, si queremos hacer operaciones matemáticas, está la cuadricula y al crecer, encontrás que para llevar las cuentas está la doble o triple columna.

Aprendemos que todo lo que esté dentro de las líneas previamente establecidas “es normal”, “está bien hecho” y mientras más nos apeguemos a las reglas, todo irá viento en popa. Uno ha de vivir para darse cuenta que hay reglas que no se ajustan, otras que son necesarias, unas imprescindibles y que todas pueden ser cuestionadas; en especial la concepción de “normal” y las reglas que esto implica en la sociedad guatemalteca.

Porque si cuestionas, si te sales del cuadro o pintas fuera de las líneas, algo está mal en tu cabeza. 

Si hacemos nuestra tarea, para entrar en contexto y empezamos por definir “normal” encontramos que la RAE determina normal como: “Una cosa: que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.” ¿Quién fijará esas normas? Ni idea, tal vez un comité de señoras reunidas un martes por la tarde para tomar el té o un grupo de hombres vestidos de negro en secreto a plena luz del día, ambos discutiendo como determinar nuestro actuar. Si en este momento alguien preguntara ¿Sos normal?, abundarían un montón de respuestas y personas diciendo que no son normales, sino “rebeldes”, “anarquistas”, “pensantes”, “bipolares”, “únicos”, “originales” y algunas otras para sentir que no somos uno más. Todos queremos ser diferentes, sentir que no estamos acá para llenar un espacio, que nuestra vida significa algo y que hay algo en nosotros que nos diferencia del resto, dedicamos nuestra ropa, nuestras ideas, zapatos y equipos de fútbol para probarlo; decoramos nuestro exterior y a veces, trabajamos también el interior… nuestra esencia, nuestra “muchosidad”.

Cuando llegaron las redes sociales (hi5, MySpace, Facebook, Twitter, etc.) la auto imagen y la forma cómo cada uno se presentaba al mundo empezaron a variar; súbitamente estas se llenaron de perfiles con descripciones, estados o frases que decían “¡Soy bipolar! ” o “¡Me he vuelto tan obsesivo compulsivo!” y no faltaba el típico “Me encuentro en depresión hacia la vida” o el infaltable “¡Tengo ansiedad por esta loca vida”, solo por mencionar algunos.  Sin darnos cuenta, para los jóvenes las enfermedades mentales eran algo cotidiano y común, una generación las había puesto sobre la mesa y eran motivo de discusión, de likes, favs, etc; en una sociedad como la guatemalteca, donde la salud mental es un tema que da pena o vergüenza discutir, dio pie a muchas cosas más. Estar loco, deprimido, bipolar, ansioso, esquizofrénico y demás, era visto como una broma inocente hasta llegar a ser un insulto recurrente. Como si los trastornos mentales fueran algo sencillo, que no se puede tomar en serio o si fuese algo que pase en verdad; pues muchos aun piensan que son cosas del pasado o de gente rara, de asilos, indigentes, gente pobre y pecadora. Nuestros prejuicios y necesidad de atención, siguen alimentando nuestra ignorancia en algo tan importante como la salud mental y sus padecimientos, no entendemos la salud y la enfermedad, de cuan lejos estamos de una comprensión holística del ser humano.

¿Sabemos que es una enfermedad mental?

La OMS las define como “alteraciones de los procesos cognitivos y afectivos del desarrollo, consideradas como anormales con respecto al grupo social de referencia del cual proviene el individuo. Se puede tratar de alteraciones en el razonamiento, el comportamiento, la facultad de reconocer la realidad o de adaptarse a las condiciones de la vida.”, y en base a esta definición, podemos cuestionar mucho nuestra percepción de salud mental, el concepto de normal y sobre todo la ligeresa con la que tomamos.

¿Será que las personas que dicen ser “bipolares” entenderán el concepto, consecuencias y limitantes que conllevan dicha enfermedad? Una persona bipolar también es conocida como maniaco-depresiva, por sus cambios inusuales de ánimo; en un momento están muy felices y animados, al siguiente están tristes y cansados. He allí que no es igual a los altibajos que una persona normal sufre, en alguien bipolar son más potentes y pueden llegar a dañar las relaciones entre personas, familiares y de pareja; se les hace más difícil ir a la escuela, o conservar un empleo, incluso estos cambios pueden ser peligrosos, hay quienes intentan hacerse daño o suicidarse. ¿Cómo esto puede ser “cool”? Simplemente no lo es, es algo que se ha de tomar con toda la seriedad del caso, pues afecta no solo a quien lo padece, también a quienes le rodean; que una persona lo ponga en su biografía para tratar de explicar sus rabietas o berrinches, no significa de ninguna forma que entienda lo que ser Bipolar implica.

¿Comprenderemos a la depresión en toda su magnitud? Esta es una enfermedad frecuente en todo el mundo, y se calcula que afecta a unos 350  millones de personas; es nada menos que un problema silencioso, varía mucho de los habituales del estado de ánimo y de las respuestas emocionales breves a la cotidianidad. Esta puede convertirse en un problema de salud serio, causar gran sufrimiento y alterar las actividades laborales, escolares y familiares de quienes la padecen. Las personas deprimidas suelen ocultar su tristeza, frustración y miedos, podríamos estar sentados al lado de alguien sufriendo un episodio depresivo y no darnos cuenta; cuando el padecimiento es crónico y sin tratamiento, puede llevar al suicidio. ¿Cuánta gente conocemos que sufre en silencio? ¿Que reprime sus emociones y se guarda lo que vive?

La depresión no es un juego, no se puede tomar a la ligera, aunque solemos llamar “exagerado” a quien la sufre, lo cual es una total imprudencia; si la sufrimos o conocemos alguien que la sufre, deberíamos entender que no está mal estar triste o pedir ayuda.

Y así podríamos irnos una por una con las enfermedades mentales, desde las mas comunes hasta las mas insólitas; hablar sobre la ansiedad, tan común en una ciudad tan agitada y desordenada como la nuestra, el estrés postraumático que sufren las victimas de la violencia, los trastornos alimenticios que afectan a tantas niñas, jóvenes y adultos que quieren “encajar” y el autismo que cierne su sombra sobre tantos niños y niñas, solo por mencionar algunas.  Nuestra salud mental es importante para llevar a cabo metas, sueños y planes, los padecimientos no son un juego, no te hacen ver “cool”, ni hacen que un perfil en un red social se vea mas interesante y atractivo; así como las personas que los sufren, no son menos que nosotros los “cuerdos y normales”

Si observáramos el entorno y a las personas a nuestro alrededor, entenderíamos que cada una es un caos en movimiento; con faltas de ortografía y renglones torcidos en el libro de su vida. Pero no podemos definir a los demás de acuerdo a nuestras páginas, ni podemos pretender ser como ellos; podemos aprender y romper paradigmas, ver mas allá de prejuicios o tabús para entender que a veces, los renglones se tuercen y no hemos de juzgar sino apoyar a quien esta luchando por enderezar su escritura.

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Vuelo bajito por la ciudad... contemplo y comparto lo contemplado. Creo en el amor, busco la verdad, luchó por la justicia y disfruto la amistad; eterno aprendiz, estudiante, amigo, hermano, bata blanca. Tratando de tranformar la eterna primavera.

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    Miriam R. / 18/02/2016 at 14:41 /Responder

    Muy buen artículo. Estoy de acuerdo contigo de que la sociedad nos marca y muchas veces nos limita. Es todo un reto salir de lo convencional y atreverse a ser diferente; creo que nuestra generación ya se está atreviendo a ser auténtica y a buscar su propia realización.

    También estoy de acuerdo en que las enfermedades mentales son más comunes de lo que parecen y hace falta ser más tolerantes y comprensivos hacia ellas.

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