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Erik Moscoso / Opinión /

Ya hace un poco menos de dos semanas que la naturaleza mató a los pobladores de El Cambray II. La geografía había condenado a los habitantes de El Cambray desde el momento que comenzaron a habitar el lugar. Sin embargo no sólo la geografía, sino también los intereses de empresarios codiciosos que lotificaron un área de alto riesgo así como la negligencia de quienes aprobaron dicho proyecto.

La historia del El Cambray es la historia de sueños y metas que murieron junto con las personas que ese 1 de octubre perdieron la vida. Muchos, si no es que todos, los de una mejor vida. Muchas veces hemos hablado de una mejor vida o la búsqueda de un sueño más allá de las fronteras de Guatemala, pero olvidamos que no todos tienen la oportunidad de hacerlo y la situación los empuja a buscar ese sueño dentro de las mismas fronteras del país. Después de la tragedia vimos como en otros departamentos varias familias se despedían de sus seres queridos, víctimas de El Cambray.

Es un claro ejemplo de como la migración rural-urbano ha sido y sigue siendo un tema desatendido.

Esta situación era la de algunos en El Cambray, y también la de muchos en otros asentamientos, caseríos o colonias que han ido creciendo dentro de la ciudad o en sus alrededores. En los últimos años hemos sido testigos de un silencioso cambio del cual muy pocos han hablado, y es el de la reconfiguración urbana de Guatemala. A partir de este éxodo la ciudad capital ha visto el aumento exponencial de su población, pues ante el poco o nulo desarrollo rural la ciudad capital se ha convertido en una “ciudad de las oportunidades”.

El concepto de ser un país de contrastes se hace cada vez más evidente, y no es necesario salir de la ciudad para ser testigos de dichos contrastes. El Cambray se encontraba a pocos minutos del centro de la ciudad. En la medida que nuestros dirigentes no se interesen por aquellos sectores olvidados de la población y nosotros lo permitamos esos contrastes van a seguir aumentando. Ese éxodo creciendo. Historias como El Cambray seguirán sucediendo.

Después de casi dos semanas muchos quizás ya olvidaron lo que sucedió, pues cada quien ha seguido con su vida. Los medios ya tienen nuevos temas de los que hablan. Para las familias que perdieron todo, los hechos los marcaron de por vida. Nosotros podemos hacer que la historia no se vuelva a repetir; dejando de lado nuestra indiferencia y exigiendo que el desarrollo sea integral y para todos, no sólo para cierto sector de la población.

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