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Pamela Carranza / Opinión /

En algún momento de sus vidas todos los padres de familia deben enfrentar uno de los grandes temas: la independencia de sus hijos. Este proceso no tiene porqué darse de forma agresiva o traumática, como suele suceder en nuestra sociedad latinoamericana, en la que el dominio paternal es muy evidente.

Surge entonces la pregunta del millón ¿cómo vivir el proceso en una forma natural para ambas partes?

Una de las razones por la que los hijos e hijas se censuran de independizarse de los padres es porque existe un temor evidente hacia las futuras represalias que los progenitores podrían tener con el “emancipado”; aunque tengan los medios necesarios, pero también hay casos en los que no los tienen.

Al hablar de este tópico no sorprende que aparezca a colación el término “ mamá o papá castran”, término que no es más que aquel que ve a su hijo como su posesión y no ve modo alguno en el que pueda hacer su vida si no es conviviendo en casa. Incluso, les proponen opciones como mudarse ahí con sus parejas -con suerte- o simplemente se las corren. ¿Será esto una especie de Bullying, porque les intimida?

Los psicólogos conocen este fenómeno como el Síndrome del nido vacío, el cual responde a la dependencia emocional que los papás han desarrollado hacia sus hijos y como consecuencia no extrañaría que estos fueran inseguros. Los padres -inconscientemente- sobreprotegen, deciden por ellos y se vuelven en forma enfermiza dependientes; esto en vez de respetar el espacio del otro ser humano que tuvo la dicha de criar.

Para evitar esto es muy importante saber establecer una comunicación fluida con los hijos.

Diversos portales en la web sugieren recomendaciones del cómo superar el Sindrome del nido vacío. Según Uncomo Salud al tener una nueva perspectiva de la situación  el padre tiene la oportunidad de aprovechar el tiempo en nuevos proyectos y no por eso descuidará su relación familiar. Además, hay más tiempo para reforzar con tu pareja, recuperar lo perdido; a estas se agregan el hacer deporte, no guardarte el tema sino platicarlo con gente de tu confianza y liberarte, experimentarlo como una etapa natural de la que se formó parte.

El reto es hacerle ver a nuestros padres que esta es una etapa de crecimiento personal y profesional y que en algún momento también ellos experimentaron la situación; nadie tiene porqué salir herido, al contrario deben apoyarse.

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