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Luis Arturo Palmieri / Opinión /

Me indigna y repugna la recién fabricada raza de pseudo-políticos. Evidencias de las características de estos parásitos las hay por todos lados. Acabo de leer una nota que me hizo reflexionar sobre este tema. Un flamante empresario de dudosa reputación, en enero de este mismo año, hacía públicas sus intenciones de correr por la alcaldía de la ciudad. Esto lo hizo ver en su perfil de Facebook, en entrevistas y hasta videos que publicaba para hacer quedar mal a quien sería su contrincante, el actual alcalde de la Municipalidad de Guatemala.

Dos meses después, en marzo del 2015, este candidato seguía rivalizando con Álvaro Arzú. Esta y otras noticias anteriores me hicieron pensar en aquel adagio que dice que la grandeza de un hombre se mide por la calidad de sus enemigos. Este candidato pretendía con esas publicaciones bochornosas, atribuirse grandeza y calidad por medirse tú a tú con un ex presidente, ex ministro y tetra-alcalde (digo solo cuatro a pesar de que fue electo cinco veces, porque la primera vez que ganó la elección se dio el golpe de estado de 1982 y no ocupó la silla edil) de la ciudad capital. Su intención de abatir a un coloso de la política guatemalteca, ni con los diez millones de quetzales que tenía para invertir en campaña fue posible.

Tan pequeña es la grandeza de este gran ególatra, que hasta los miserables del partido Líder le dijeron que no lo querían en su equipo.

A tan solo tres meses de aquél bochornoso incidente del cepo, vemos que esta persona ya no pretende ser alcalde sino que se ha lanzado para ser diputado en el Congreso. Esto me hizo cuestionarme –aún más- cuáles son sus verdaderas intenciones. Y es que absolutamente nada, pero nada, tiene que ver la función de un alcalde con la de un diputado. Sus funciones y sus campos de acción son totalmente disímiles. ¿Será que en menos de tres meses el candidato hizo un estudio concienzudo acerca de dónde podía contribuir más al país? ¿O será que le quedó muy grande el tacuche de alcalde de la Municipalidad de Guatemala? Independientemente de su razón, queda muy claro con este ejemplo que los políticos de hoy ya no se postulan atendiendo a las funciones del puesto que quieren ocupar, analizando desde dónde pueden contribuir más al país, sino que se postulan solo por el hecho de estar cerca del hueso o vaya Lucifer a saber las razones oscuras por las cuales se postulan solo porque sí.

Luego de desahogarme, aprovecho este ejemplo insípido y desdeñable para hacer una breve reflexión sobre qué implica el oficio de diputado y qué implica el oficio de alcalde. Desde la alcaldía se dirige un gobierno municipal, se desarrollan programas y proyectos para el municipio, se inspeccionan e impulsan los servicios públicos y obras municipales, se nombra y destituye al personal administrativo de la municipalidad, se es jefe de la policía municipal, se sanciona la comisión de faltas a reglas municipales, se autorizan matrimonios civiles, se manejan las finanzas del municipio, etcétera. Por tanto, los temas principales en una municipalidad son el agua, la planificación, la urbanización, el catastro, servicios municipales, la basura, las áreas marginales, áreas de recreación, la gente desamparada, las calles, el tránsito, etcétera.

Por otro lado, desde el Congreso de la República se ejercen, básicamente, tres funciones: legislar, fiscalizar y deliberar. Para legislar se necesita, al menos, un conocimiento básico del Derecho y de la política. Y es que por eso es que hemos tenido leyes tan pésimas y leyes que son nocivas para Guatemala, porque no hay preparación adecuada para estos menesteres. La función de fiscalizar resulta de gran trascendencia pues a través de ella se obtiene información de todo el aparato estatal, así como de los funcionarios y empleados del Estado. Es a través de ella que se verifica el correcto uso del erario público y la debida ejecución del presupuesto aprobado por el Congreso. No menos importante que las dos funciones anteriores, es la de deliberar.

[quote]Martínez Elipe, citado por Marina Ramírez Altamirano nos ilustra: “… desde sus orígenes, la misión fundamental del Parlamento es deliberar y adoptar decisiones –políticas o legislativas- con la clara pretensión de insuflar en la sociedad ciertos ideales de convivencia…”.[/quote]

He aquí un pequeño esbozo de aquellas cualidades que tenemos que buscar tanto en un diputado como en un alcalde. Para ser un buen alcalde se necesita saber de asuntos municipales, de los problemas que afronta la comunidad, de las necesidades básicas de los habitantes del municipio, saber prever y solucionar conflictos de un Estado en miniatura, saber diseñar, económica, física, cultural y legalmente, una comunidad eficiente. Por contrapartida, para ser un buen diputado se necesitan por lo menos, una de las siguientes cualidades: saber de Derecho, Política y leyes; tener un olfato de investigador y una minuciosidad impecable para escudriñar la información proveniente de la administración pública y así detectar las fallas; o ser dueño de una amplia cultura para fomentar el debate y deliberar acerca de los temas principales que deben ocupar a una nación, siendo así la punta de lanza de las discusiones prevalecientes en una sociedad.

¿Tan rápido cambió de cualidades este candidato? ¿O su interés no es tan noble como trata hacer creer? ¿Será que sabe si quiera algo de lo que se necesita para ser alcalde o diputado? Mucho ojo cuando en estas elecciones analicemos a nuestros candidatos, debemos ser quisquillosos en el análisis de las características que poseen para ver si en realidad son aptos para ocupar el puesto que pretenden.

Me despido con la advertencia de que le pongan el ojo a este nuevo politiquero, que no es menos peligroso que el ahora temido candidato a la presidencia, aquél al que muchos le hemos dicho #NoTeToca. Tienen tantas características en común que hasta escalofríos da. El politiquero trata de seguir los pasos del temible. Empresario, populista, totalitario, fascista, ególatra, vanidoso, irrespetuoso de la ley (el inciso f. del artículo 67 del Reglamento de la Ley Electoral y de Partidos Políticos prohíbe que publiciten actividades benéficas con fines políticos, cosa que este candidato hizo a lo largo de muchos meses regalando agua, sillas, y víveres), etcétera. Y para terminar de imitarlo paso a paso, ¿qué mejor que iniciar su trayectoria politiquera en la maravillosa escuela del Congreso de la República?

A estos depravados políticos: #NoLesToca.

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(Temas Claves de la Constitución Política, Investigaciones Jurídicas S.A, Costa Rica, 1999)

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