By Javier Medina
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Creo que todos en algún punto de nuestra vida hemos planificado algún evento o actividad, ya sea para celebrar algún cumpleaños, boda o quizás una reunión académica. Este fue el caso de mi amigo Daniel, quien motivado por la alegría que sus padres cumplirían 25 años de matrimonio, comenzó a planificar un evento en conmemoración de dicha fecha, siempre con la condición de respetar las normas de bioseguridad; el uso obligatorio de mascarilla y el distanciamiento adecuado en el contexto de la pandemia de COVID-19. Además, dicho evento se llevaría a cabo a finales de agosto y se realizaría en la noche, debido a que ciertas personas invitadas son originarias de otros departamentos y debían viajar.

Ahora bien, es claro que Daniel organizó tal celebración con varias semanas e incluso meses de anticipación, considerando que sería favorable el desarrollar dicha reunión familiar en tales fechas.

Sin embargo, mi amigo jamás imaginó que desde el gobierno, a tan solo unos días antes del evento, se iban a decretar ciertas normas y disposiciones que limitarían la libertad y la locomoción de las personas.

Tales medidas de las que hablo restringen la movilización a ciertas horas de la noche y limitan las reuniones y eventos públicos. Con todo esto, ¿el evento de mi amigo estaba en peligro de ser cancelado? Sí, y efectivamente eso fue lo que ocurrió. Todo el proceso organizativo y de gestión fue en vano, ya que gracias a tales normas no hubo mayor remedio que posponer la actividad por tiempo indefinido.

Este es tan solo un ejemplo de lo que las medidas autoritarias y que contravienen derechos individuales, pueden provocar en la vida de las personas.

Estoy plenamente seguro que como Daniel, hay miles de ejemplos desde que inició la pandemia del COVID-19 y comenzaron las medidas restrictivas por parte de los gobiernos del mundo. Y ojo, aquí ni siquiera se está analizando los efectos colaterales de la cancelación de ciertas actividades, eventos o acciones humanas. Es innegable que al momento que x o y actividad se suspende, un sinfín de personas alrededor de ello se ven afectadas. En el caso de Daniel, indirectamente, afectó a los dueños del salón donde se llevaría a cabo la actividad, a la empresa encargada de la comida, a la floristería con los arreglos y por supuesto a los hoteles donde algunos invitados se quedarían. Probablemente muchas de estas empresas incluso ya habían ejecutado ciertos gastos para cubrir con el bien o servicio que se les estaba demandando, sin embargo no contaban, al igual que Daniel, que el gobierno tomaría medidas que claramente erosionan la libertad y que a largo plazo nada más generan más miseria, pobreza y frustración.

¿Cuándo le pondremos un alto a esta espiral de atropellos y medidas irracionales, que lo único que hace es aumentar aún más la problemática?

Es útil mencionar que para que un marco jurídico se desarrolle correctamente y se mantenga cierta estabilidad social, es necesario que las reglamentaciones y leyes sean previamente conocidas y concertadas, a fin que las acciones de los individuos contemplen la legislación vigente y eviten violar la ley. Sin embargo, con medidas que de la noche a la mañana se decretan o, como lo ha venido haciendo el presidente Alejandro Giammattei a través de conferencias y cadenas nacionales, se imponen medidas que coartan la libertad, es imposible que exista armonía entre el gobierno y la población, y mucho menos un verdadero respeto por los derechos humanos.

Ciertamente es en estos contextos en que debemos abrir los ojos y replantearnos lo necesaria que es la libertad en una sociedad y lo fundamental que es verla desde una perspectiva integral.

Así como los derechos humanos son indivisibles y no se pueden contemplar de manera separada,  la libertad es solo una, lo que causa que si se viola alguna manifestación de la libertad, en este caso las libertades de locomoción y reunión, todas las demás manifestaciones están en peligro.

Hace unos días la libertad de Daniel fue violada con el caso que expliqué, mañana puedo ser yo o incluso puedes ser tú. La pregunta del millón aquí es, ¿Qué harás para defender tu libertad y la de los demás? Porque después de tantas arbitrariedades y medidas coactivas, el quedarse de brazos cruzados frente al gobierno definitivamente ya no es una opción ni una alternativa a seguir para la sociedad guatemalteca.

About the Author

Luis Javier Medina Chapas, joven defensor de las ideas de la libertad, la democracia y el Estado de derecho, estudiante de Ciencia Política con especialización en políticas públicas en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Guatemala

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