By Luis Eduardo Ortiz
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En la cadena nacional emitida la noche del 9 de julio, el presidente Alejandro Giammattei dijo: “En los últimos días hemos recibido 2 millones de vacunas”. Quienes vimos o escuchamos el mensaje del presidente sabemos lo poco informativa que fue, pero esa frase me dejó con gran molestia por dos razones: 1) el orgullo con el que lo dijo, como si fuera gracias a él y como si la vacunación fuera avanzada y 2) de esos 2 millones, tres cuartos corresponden a la donación que envió Estados Unidos esa semana. Claro, el tema de las vacunas no lo mencionó sin antes dar estadísticas económicas y halagar el manejo de la pandemia, que según él, ha sido bueno y cerraremos el 2021 con todas las personas mayores de 18 años vacunadas.

Es cierto que vale la pena recordar continuar con las medidas de bioseguridad y la responsabilidad de la ciudadanía en seguirlas, pero recaer de insistir en medidas de bioseguridad se queda corto de su parte, cuando voluntariamente ignora la imperativa necesidad de traer vacunas y avanzar con la vacunación. Nuestros vecinos México y El Salvador, ya registran y vacunan a las personas mayores de 18 años. Con esto no solo demostró nuevamente lo bueno que es su equipo de comunicación para desviar la atención del problema real y repetir su discurso populista y demagogo, sino que al mismo tiempo evidenció que no hay intención de dar respuestas. No me imagino cuántas preguntas estarán anotadas en las libretas de periodistas nacionales e internacionales, esperando la convocatoria a una conferencia de prensa que no llega porque solo informan en cadenas nacionales.

La presidencia, la cancillería, el Ministerio de Salud y la Procuraduría General de la Nación juegan a la papa caliente, de a quien le quede la papa, tiene la culpa del contrato de las Sputnik V.

Convenientemente, en la cadena no se mencionó nada del tema del contrato de las vacunas rusas, que no deja de estar en el centro de la controversia y permanecen las dudas. Mientras tanto la población empieza a unirse, ya no solo a pedir vacunas sino también respuestas sobre el contrato, renuncias y rendición de cuentas por la mala gestión de la crisis sanitaria. Pero de la mano con la solicitud de las renuncias, también crece la duda cómo hacerlo. ¿Si las plazas no son suficientes, qué más se puede hacer? Especialmente en este contexto, donde el virus y el gobierno pelean por ver quién pone más vidas en riesgo.

Vivimos en un Estado en que la ciudadanía está por debajo de la ley, pero las personas corruptas por encima de ella. ¿Cómo hacemos los cambios y evitamos no caer en lo mismo, antes de llegar a las urnas en 2023? A esa pregunta le he dado muchas vueltas y aún no la logro responder. Lo cierto es que no necesitamos más cadenas naciones de autohalagos, necesitamos vacunas, que para eso está el dinero (¿o estaba?); con contratos bien negociados y con un plan de vacunación que sea acorde a las diferentes realidades de nuestro país.

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