By Lizy Pérez
Posted: Updated:
0 Comments

Recientemente, vi una película sobre Cambridge Analytica y también un documental sobre “los poco conocidos vigilantes de Facebook”, quienes se encargan de monitorear qué contenido deber ser retirado de la plataforma. Con el auge de la tecnología y las redes sociales, es relativamente fácil comunicar un mensaje, basta con un par de clics para colgar un post en Facebook, o un par de teclas, para publicar un tweet. Hay más información que en cualquier otro siglo, hay millones de páginas web con contenido a nuestra disposición y cientos de medios que se dedican a publicar noticias. Sin embargo, entre tanta información, también es difícil perderse. Me refiero a lo abrumador, que puede ser recibir cientos de noticias al día, las cuales pueden llegar a afectarnos emocionalmente; como enterarnos que uno de nuestros escritores favoritos murió, provocando tristeza, o que los índices de violencia han subido, provocándonos preocupación.

¿Qué influencia tienen las noticias y la publicidad que vemos en Internet, sobre nuestro comportamiento? ¿Por qué las noticias falsas se esparcen tan rápido? ¿Cómo logran influir en el comportamiento humano? ¿Quién decide qué es verdad en Internet? Estas preguntas pueden ser difíciles de responder a totalidad; pero una cosa es cierta, el grado en que seamos capaces de analizarlas e intentar darles respuesta, influirá en la forma en que nos relacionemos y en gran escala, la calidad de nuestra democracia mejorará.

El derecho de libertad de expresión, establece el poder expresar de manera libre lo que sentimos y pensamos, sin miedo a que se nos castigue por ello. Sin embargo en la práctica, no es como en el papel. Ocasionalmente nos auto-censuramos por miedo al ‘qué dirán’, tenemos miedo de expresar lo que pensamos; por temor a que pueda perjudicarnos por ser un tema polémico, o por temor a expresar algo políticamente incorrecto. Pero, ¿quién define lo políticamente correcto o incorrecto?

El criterio de qué es políticamente correcto es subjetivo. 

Hay pocas verdades absolutas, cuando se trata de interpretaciones que pueden ser establecidas a criterio individual; porque cada quien analiza los hechos, con base a su experiencia y su propia visión. Podríamos hablar de lo trillado de la definición de éxito, ¿quién define quién es exitoso? ¿o quién define qué es la felicidad? Y es que aunque podamos googlear o encontrar las palabras en el diccionario, en realidad uno decide darles su propia interpretación, porque sería un grave error pensar en definir que el éxito es igual a dinero; y la felicidad sea vivir viajando, porque aunque para algunos significa eso, no lo es para todos. Pero ojo, también debe tenerse cuidado con temas que son indiscutiblemente obvios, como para querer contradecirlos; como creer que la tierra es plana o que el ser humano puede vivir sin oxígeno. He ahí la importancia de hacer la separación entre aspectos cuestionables e incuestionables.

El problema no está en que cada quien decida creer algo distinto, el problema es cuando se utilizan  temas que suelen ser controversiales y se maximizan con fines políticos; cuando se manipula a las personas para que estén susceptibles a un tema y se desea imponer cierta línea de pensamiento; aquí las emociones juegan un gran papel, porque es fácil manipularlas. A gran escala lo que vemos en Internet, lo que decidimos ver y lo que otros deciden que veamos de manera inconsciente, influye en nuestra opinión e indirectamente también en nuestro comportamiento. Para nadie es extraño que luego de hablar sobre algún producto, aparezca publicidad del mismo, en redes sociales. Si los grandes tecnológicos cuentan con nuestros datos y logran con ello, personalizar el contenido que vemos, pueden también los políticos aliarse y hacer  que esos datos jueguen a su favor. Los políticos pueden utilizar estas herramientas de manera malintencionada, pueden sentar una agenda mediática específica, personalizando noticias falsas para cada usuario o difundir notas sensacionalistas para crear polémica respecto a un tema de interés. No debería extrañarnos que esto esté pasando, después de todo, es una realidad desde hace algún tiempo. No podemos pedirle a Google que devuelva todos los datos que tenga sobre nosotros, pero sí estar atentos de lo que pasa a nuestro alrededor y cuestionar qué está pasando realmente. ¿Por qué está pasando eso?, ¿A quién afecta?, ¿Quién lo está financiando?, ¿Quiénes están impulsado esa iniciativa?, ¿Es esto realmente verdad? Pero, ¿Quién es dueño de la verdad cuando los hechos se ven desde diferentes perspectivas?

Cuenta una leyenda que: “habían 4 hombres ciegos visitando una reserva de elefantes en Sudáfrica. El guía los lleva a conocer a un animal, ellos se aproximan y empiezan a tocarlo sin saber qué era.

El primero, toca una de las patas del elefante y exclama: ¡Wow! es muy fuerte, deber ser un tronco.

El segundo, toca parte de la trompa y dice: Esto parece una manguera.

El tercero, toca la cola y comenta a los demás: es muy larga, parece una gran cuerda.

El cuarto, toca parte de la cara del animal y no logra identificar nada, sin embargo exclama: ¡es asombroso!”.

Los 4 ciegos tocaron con sus manos distintas partes del animal, sin saber que era un elefante y aún entre los cuatro, no pudieron formarse una idea completa porque cada uno sólo toco una de sus partes.

Sucede lo mismo con nuestra opinión, porque de alguna manera, está condicionada por lo que somos, lo que creemos, nuestros valores y la forma en la que vemos el mundo y la realidad.

Nuestra forma de pensar es única, porque somos seres pensantes y diferentes, si estamos de acuerdo en algunas cosas o no, está bien. No debemos olvidar que cada persona ve la realidad de diferente manera, lo que implica respeto para la forma de pensar del otro. Y aunque algunos decidan entrar al juego de incidir en la forma en la que pensamos y actuamos, para lograr su beneficio, nosotros somos los únicos que podemos decidir cómo esa información nos afecta y podemos atrevernos a cuestionar la realidad; sin sentir miedo de hacer preguntas y afrontar con valor lo políticamente incorrecto, porque al final del día, muchas cosas siguen siendo subjetivas.

El respeto y la libertad, son la base para que podamos convivir en una sociedad de librepensadores y en una democracia donde cada quien, actúe por decisión propia.

About the Author

Pensando en el cielo con los pies en la tierra de la eterna primavera.

Related Posts

En los tiempos actuales, es casi imposible dejar fuera de nuestros pensamientos el tema de la...

A pesar que las circunstancias no estén tan favorables, nuestro país ha iniciado la apertura con...

Imagina que tienes la mala fortuna que te enfermas, te rompes un hueso o tienes un accidente, por...

Leave a Reply