Roberto/ Al-Anon/

Mi mejor amiga es una chica muy simpática,  carismática y entradora pero… es un verdadero monstruo cuando se emborracha.  Se convierte en una amenaza al volante, cree que en ese estado es cuando maneja mejor. Quiere dejar la U y en las discos y bares ya no la quieren recibir pues siempre arma problemas. Su mamá parece no darse cuenta de esta situación, porque yo me encargo de recoger el desastre que ella crea. Me siento responsable de ello. Si se pasa de tragos yo no la regreso a su casa hasta que se sienta mejor. Si hay tareas que hacer en la U, yo las hago por ella y firmo en su nombre para la asistencia en la clase, aunque no haya llegado. Siempre estoy al pendiente, salvándola.

Pero esta historia no es acerca de ella sino de mí; crecimos juntos, somos vecinos y casi hermanos,  es hija única y me siento adoptado por ella. Hemos compartido nuestra infancia y adolescencia y yo siempre me sentí muy responsable de ella y ahora de grande sigo sintiendo lo mismo. Elegí la carrera por estar a su lado, ahora que ya crecimos, necesita más de mi control y supervisión. Como siempre, se está metiendo en líos. Su madre siempre dice: “como Marta va con Roberto no hay problema, ella va segura. Si Roberto va ella puede ir”. Y yo, por supuesto, me esforzaba en cuidar a Marta y complacer a su madre.  No me dí cuenta de que me había convertido en un cuidador.  Poco a poco esta amistad comenzó a estrangularme. Marta siempre delante de Roberto.

¿Y qué sucedía con Roberto? ¿Qué era lo que Roberto quería? ¿Cuáles eran sus angustias? ¿Sus miedos?  ¿Sus sueños?

Un día toqué fondo, como se dice.  Ella paró en prisión porque atropelló a un ciclista,  iba tomada y además  salió huyendo, eso complicó más su situación.  Me llamó a media noche, para pedirme ayuda, pero una cámara ya había registrado su carro y su placa. No podía quitarme la culpa y creía que ella estaría muy molesta conmigo por no haberla rescatado. Sentía que  debía de haber hecho más por ella. Al fin, eso era lo que siempre hacía y ahora le había fallado.

La policía se la llevó, afortunadamente el ciclista no murió, pero igual ella se fue a prisión.  Yo me sentí muy culpable, ¿se supone que debía haberme hecho cargo de ella y de la situación? ¿Sí? Respuesta equivocada.  Entonces fue cuando acepté que no podía dejar que el alcoholismo de alguien más hiciera que mi vida se volviera ingobernable y por eso busqué ayuda.

Hoy entiendo que soy  responsable de mis propias acciones y cada quien es responsable de las suyas, por mucho que quiera a esa persona.

Ella inició su recuperación en  Alcohólicos Anónimos y yo en Al-Anon.  Allí aprendí que el alcoholismo es una enfermedad y que yo no podía hacer nada por alguien más, sólo puedo gobernarme a mí mismo.  Admití que no tenía vida propia por estar girando alrededor de ella, buscando su aprobación y la de muchas otras personas.   Yo era un desastre, no podía tomar decisiones, vivía con miedo, quería complacer a todos para que me aceptaran o me quisieran  aunque yo mismo no lo hiciera.

Ella salió de la cárcel por buen comportamiento.  Continuó estudiando, al igual que yo.  Había una brecha en nuestra amistad. No volvió  a ser lo mismo, nunca hablamos abiertamente de lo que pasó, en el fondo ella lo sabía y yo también, pero no hemos  sanado esa parte de nuestras vidas. Trabajo diariamente en mi recuperación, ha sido  un proceso muy lento pero sé que no podía ser de otra manera ya que poco a poco fui fundiéndome con Marta, anulándome, y ahora paso a paso voy recuperando mi identidad.  Es triste que algo tan serio me haya hecho darme cuenta que algo estaba mal en mi vida, pero a la vez descubrí que con la ayuda de Al-Anon y tomado de la mano de un Poder Superior sé que voy con pie seguro hacia mi recuperación.

Grupos de Familia Al-Anon y Alateen de Guatemala

6ª calle 0-39  zona 1- teléfonos: 2253-9637 y 2251-8949- correo electrónico: alanondeguatemal@gmail.com

Imagen: Unsplash

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