Rosa María Turcios / Corresponsal / 

Que fácil me era decir: ¡Que descanse en paz! ¡Cuánto lo lamento! ¡Dios te dará la resignación y la paz que buscas! ¡Todo pasará, vos tranquilo!

Meses después, era a mi a quien estaban diciendo esas frases reconfortantes.

Estando del otro lado y viviendo un duelo. Sentís que nadie te comprende, que para todos es muy fácil vivir sin recordar lo que tú viviste con esa persona que ahora no está contigo. Sentís que nada de lo bueno que hiciste en este mundo sirvió para que la muerte se llevara a la persona que más amabas en esta vida y como si esto fuera poco… creés que no podés continuar.   Incluso te llegás a preguntar: ¿Qué hice de mal para merecer este castigo? o ¿En qué fallé para que Dios me castigara de esa manera?.

No podés dormir. No podés verte  en el futuro sin esa persona amada.  Tus proyectos personales quedan a un lado.  Tu salud comienza a tener problemas.  Estás perdido de los sucesos reales que acontecen día a día.

Simplemente te encontrás en inercia.

No querés frecuentar los lugares que  caminaste con él, ya no querés comer y mucho menos asistir a algún evento social. Además, las peleas con Dios empeizan a ser más frecuentes y creés desprenderte de tu religión: Dios si sos bueno y de amor, ¿por qué te lo llevaste?

Lo peor es encontrarte con una amiga, quien de repente te pregunta: “Contáme, ¿cómo está tu hermano? Me imagino que  con novia… ¡Ha de estar bien guapo!” Tu corazón empieza a explotar en miles de partículas que quieren salir corriendo y llorar sin parar hasta que aparezca tu hermano y te diga: “Era solo un sueño, aquí estoy”.

Después de unos segundos llenos de recuerdos, regresaás  a la conversación con la mente en blanco, observándola  y con lágrimas en los ojos le respondEs: “Efectivamente mi hermano es muy guapo y me está esperando en el cielo desde hace 10 meses.”

Todos tenemos un nivel de conciencia de lo que significa la muerte,  pero lamentablemente no acostumbramos a nuestro cerebro a que ese suceso puede pasar en cualquier instante de tu vida y que no estima hora, día, lugar o edad.

 

Cuando te encuentras en una situación como esta, debes preguntarte:  ¿Qué estoy haciendo para superarlo y encontrar paz interna? Yo encontré algunos consejos que podrían ayudar a otros, que como yo, están atravesando la misma situación.  Esto fue lo que yo hice:

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  • Busqué ayuda de un profesional
  • Despejé mi mente y cambié de ambiente con familia y amigos
  • Ocupé mi mente en la estructura de proyectos de mejora educativa
  • Cambié de rol en las actividades cotidianas
  • Empecé a comer de forma saludable
  • Realicé citas médicas
  • Interactué con otras personas
  • Traté de regresar a mi vida cotidiana  y asistir a eventos sociales
  • Intento ser fuerte  para no relacionar este problema con mis actividades diarias
  • Aprendí a no ser dependiente de nadie y a reconcer el valor que tengo y merzco.
  • Me hice a la idea y reafirmo con mi fe que pronto estaré con mi hermano y que él está bien.
  • Veo  televisión, escucho radio, voy al teatro y al cine como forma de distracción.
  •  Aprendí sobre el duelo y cómo me puedo autoayudar para  aprender a vivir con esa ausencia
  • Busqué ayuda en el ámbito religioso
  • Me propuse a que cada día aprendo algo nuevo para ser una mejor persona
  • Escribí, leí libros de autoayuda y crecimiento personal

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Hoy les puedo decir que  guardo todos los recuerdos maravillosos que viví con el amor de mi vida que es mi hermano.  Ese ser que desde antes que mi madre me dijera que estaba embarazada, yo ya lo sabía y lo deseaba con toda mi alma.  El que me enseñó a decir la verdad sin miedo de la crítica ajena, el que me decía que me esforzara sin medir cuánto y cómo lo debía hacer para lograr mi meta, ese niño con cuerpo de hombre que me enseñó a crecer y a ver la vida de una manera distinta.  Me enseñó a amar sin pedir nada a cambio,  a darme el valor que merezco.

Y sobre todo me enseñó a defender mis pensamientos e ideologías poniendo y colocando en  primer plano a la familia como mi propia espina dorsal.

Amo a mi hermano y lo amaré por siempre y confío en que un día estemos de la mano otra vez.  Me encanta el poema de LA MARIONETA  del gran escritor Gabriel Garcia Márquez.

Les puedo decir que el duelo es un sentimiento que introducimos a la vida cotidiana sin previo aviso, y con el cual aprendemos a vivir hasta el último de nuestros supiros. La ausencia física siempre la extrañaremos pero la atracción y el acompañamiento espiritual de esa persona especial  que se nos adelantó siempre estará  con nosotros, apoyándonos y amándonos.

Si entras en ataques de ansiedad  cierra los ojos, respira profundo  y verás que  allí está, sentado a tu lado, dándote un abrazo y diciéndote que ahí está contigo.

 

Fotografía: dondos.wallpaperstock.net

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