By Brújula
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Claudia Calderón / Opinión /

Hace un mes, una empleada de una clínica ubicada en la capital salvadoreña fue despedida de forma sorpresiva. La mujer, confundida y a la vez indignada, no entendía nada de lo que estaba sucediendo. Su jefe fue breve y conciso: “Si tiene alguna discordancia o algún punto en contra conmigo, hágamelo saber cara a cara, no en su red social. Y si puede, con las mismas palabras y tono con que las escribió (entre otras cosas)”.

El otro día, mientras platicaba con una encargada de reclutamiento y selección de personal de una transnacional, me decía que “stalkeaban” a los aspirantes en las redes sociales más conocidas antes de contratarlos. ¿El motivo? Deducir factores que pueden ser en beneficio o detrimento para el futuro empleado.

[quote]“En el pasado, era lo que tenías. Ahora, eres lo que compartes”.
Godfried Bogaard, experto en redes sociales.[/quote]

Imaginemos la web como la gran manzana conformada por grupos, clubes, asociaciones, franquicias y demás. Dentro de cada uno, existen perfiles de millones de personas en todo el mundo que comparten información a cada milésima de segundo. Casi toda, es de dominio público y puede ser copiada, compartida o incluso, fotografiada.

Aun así, a muchos se les olvida ese detalle y pasan sus días beneficiando o degradando su imagen hacia el exterior. Pareciera que algunos creen ser invencibles o tener tanta configuración de privacidad que nadie puede ver lo que realmente se publica. Pero, ¿qué realmente pasa por sus mentes al escribir publicaciones imprudentes o delatar secretos ocultos? Somos seres sociales por naturaleza, no virtuales. Nacimos en el seno de una sociedad donde prima (o debería) la comunicación interpersonal cara a cara, las decisiones de primera mano, los saludos verbales o las objeciones apoyadas con gestos. Sin importar que se trate de un babyboomer, Generación X, Generación Y o nativos digitales, existe una vida social más allá de la virtual que debe ser cautelosa y coherente con lo publicado.

Los perfiles de muchos profesionales se han visto degradados a partir de lo que publican, otros han expuesto su seguridad a ser víctima de un crimen, o incluso perdido oportunidades por el tipo de ser que proyecta. ¿Es realmente todo lo que se publica en la web algo que las personas pudieran decir cara a cara? Gran parte del contenido es probable que no. Pero siempre es necesario no cometer errores que puedan costar caro.

[quote]“No digas nada en línea que no querrías que fuera expuesto en un anuncio panorámico con tu cara puesta en él”.
Erin Bury, especialista en marketing digital.[/quote]

¡Es hora de despertar! No se trata de cerrar la vida virtual, sino mostrar nuestro mejor lado en él. Quizá pueda sonar un poco hipócrita, pero si se trata de evitar malas jugadas, prefiero retomar el “querido diario” con pluma y tinta y correr el riesgo que mi madre lo lea. En la web, no solo están personas, sino empresas, grandes líderes, marcas, ingeniosos stalkers, agentes policiales, etc. Y entre todos ellos, estamos nosotros, los mortales.

¿Publicamos? ¡Pues claro! Tampoco podemos ser seres inertes en un mundo demasiado interactivo, pero sí con la cabeza bien puesta para dominar impulsos y sentimientos, enojos y fracasos, y también mucho drama por publicar. En fin, que la razón nos acompañe y que los dedos no se apresuren a caer en la trampa de una mala jugada de mi yo-virtual.

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