Giovanna Sáenz/ Opinión/

Cuando éramos niños, nuestros padres nos protegían y cuidaban de todos los peligros del mundo, por lo que nosotros creamos uno propio, uno en donde nos sentíamos cómodos y donde no teníamos preocupaciones. Pero a medida que fuimos creciendo, nos fuimos dando cuenta de la realidad, esa que siempre se nos había ocultado y que, por ende, desconocíamos. Al notar cómo son verdaderamente las cosas, cómo son las personas, cómo funciona nuestra sociedad y cómo debemos ganarnos la vida, nos desilusionamos, y fue entonces cuando aparecieron nuestros miedos.

Cada quien tiene distintos miedos, y es porque cada persona tiene una percepción de la vida, visión y metas diferentes, depende de uno vencerlos para seguir adelante. Los miedos son buenos, pues son esa fuerza que nos impulsa a luchar y lanzarnos fuera de nuestra zona de confort. Esta “zona de confort” es aquello a lo que estamos acostumbrados.

Vencer los miedos es salir de esta comodidad, esto es un riesgo que se debe tomar para llegar a cumplir nuestras metas, los más profundos deseos y anhelos que hay dentro de nosotros.

Yo creo que una persona que no enfrenta sus temores se vuelve alguien reprimido, pues tiene un obstáculo que le impide llegar a donde desea. Y es en ese momento en el que se cae en la mediocridad, acostumbrarse a conformarse con poco es la peor acción que cualquiera puede cometer. En mi opinión, en el mundo la mayoría de personas son mediocres, y es aquí donde se puede notar que los mayores problemas sociales como la pobreza, la violencia e ignorancia tienen una razón de ser. La mediocridad impide a cualquiera superarse a sí mismo, y de este modo, impide que la sociedad pueda superarse; todo es parte de un círculo que se repite y no tiene fin.

Por experiencia, puedo decretar que el primer paso para vencer el miedo es aceptarlo. Primero hay que estar consciente de cuál es, y descubrir la razón por la que predomina. Luego de la aceptación, en mi opinión, viene la iniciativa; repetirse a uno mismo que es una lucha que trae consigo una gran recompensa y confiar en la capacidad de lograrlo. Se debe estar muy decidido y seguro qué es lo que quiere lograr. Y el último paso y el más importante e impactante, es el de la acción, y solo es posible si se tiene confianza en uno mismo y nunca se duda.

Cualquiera puede venir a decirme que hablo de vencer los miedos como si se tratase de algo simple, pero no es simplemente cuestión de perspectiva. Si uno se cree capaz de vencer su miedo, pone valentía y se esfuerza, lo vencerá fácilmente, todo es cuestión de actitud.

Vencer el miedo no es un obstáculo, es una oportunidad de superación y crecimiento personal. De lo contrario no podríamos llegar a cumplir nuestras metas. Lo más importante es dominarlo y atreverse a soñar. Y a ustedes ¿sus miedos los determinan? ¿Están dispuestos a vencer sus miedos?

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