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Daysi Caal/ Opinión/

El pasado domingo, estuve en misa. No soy muy religiosa pero dentro de mi estado ético, tengo la necesidad de alimentar mi alma con palabras sustraídas de Dios. Y durante el servicio, el sacerdote hacia recordatorio sobre el tema Misericordiae Vultus (el rostro de la misericordia), enfatizando que debíamos de ser más caritativos y ser como Dios Padre: bondadosos amorosos y misericordiosos.

Dentro de todo ello, el sacerdote nos hacia referencia a las páginas del profeta Isaías en las que decía: « Este es el ayuno que yo deseo: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no abandonar a tus semejantes… Entonces, llamarás y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: “¡Aquí estoy!”» (58,6-11).

Entendí algo, mas olvidé tomar nota para llevarlo a la acción.

Y es que a veces solemos ser tan poco Homo sapiens, que vivimos en palabras y no en hechos.  Referente a ello, pensaba en mi próximo tema de columna y mi punto es que al menos a través de las letras expresemos lo que sentimos y quizás, o solo así, algunos pocos comprenderán nuestra realidad.

En fin, sucede que viendo el móvil, dentro de la red social, apareció un meme con la siguiente frase “prepárense, fotos de BigMac están por venir” y es de ahí donde recordé el tema del pasado miercolés. No puedo decir que estoy a favor o en contra de algo porque cada quien ve las cosas a su manera. Pero deja de ser especial cuando nos remitimos a ser parte del marketing publicitario. Y más allá de la evasión de impuestos, debemos de enfocarnos a que un día dedicado a algo, no es misericordioso.

Como dije, no estoy apegada a una religión, pero he comprendido lo que el Papa Francisco nos indica en su Bul que “Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida.”

Y no importa si somos muy creyentes pero comprando una hamburguesa al año y tomándonos una foto, no es un acto de  sinceridad.

Al contrario, nos mentimos a nosotros mismos creyendo que así estamos siendo parte de un acto bueno, cuando esto no ayuda a toda esa población que hoy por hoy, está en extrema pobreza. Pues he visto en los parques a niños que son explotados laboralmente, he visto a tanto joven en cada esquina drogándose, he visto a tanto enfermo en el hospital sin atenciones médicas por falta de insumos, y a tantos niños muriendo de hambre. Y ante ello, nada hace que seamos sensibles. ¿Por qué? ¿Por qué no somos cuerdos  por un momento?

Nos falta la ilusión para creer que podemos hacer más que eso, nos hace falta tener esperanza en que las cosas pueden cambiar. Y sencillamente, no lo hacemos porque realmente no nos importa. El diario vivir hace que estemos ajustados a un mundo sin sentimientos hacia el otro. Buscamos tanto lo nuestro (materialmente), que pensamos en “doy si obtengo algo a cambio”, ya que usted se alimenta mientras finge donar ese dinero para una obra caritativa.

No pido que dejen de hacerlo, pero al menos si leen esto, la próxima vez piensen en “atender a la persona más cercana, porque una sonrisa de alivio y esperanza es la razón para saciar nuestra misericordia en tiempos de hambre”

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