Lenina García / Opinión /

Un centro de privación de libertad con gente prisionera de las rejas de la miseria. Niños corriendo entusiasmados por la calle son lanzados por puentes y barrancos. Leyes que se defienden a conveniencia. Adolescentes condenados en la Inquisición. Suena la metralleta. Esta es la historia de la niñez hacia el vacío, un vacío llamado “Guatemala”.

Se abre el telón.

Acto primero.

Llevaba 72 horas desaparecido. Sus papás activaron la Alerta Alba Keneth para que las autoridades iniciaran su búsqueda. Con el pasar de las horas, los bomberos reportaron que habían encontrado debajo de un puente a un niño de 12 años, con las piernas fracturadas, golpes en el cuerpo y cráneo. El niño, aún en estado consciente narró que un grupo delictivo le había lanzado del puente por negarse a matar a un piloto. Es llevado a un hospital público, transcurren dos semanas, el niño no soporta la caída, en el hospital no hay medicamento suficiente, la situación se agrava, un médico dice: -“Sería como intentar volver a hidratar a una planta que está casi marchita”, al referirse de los golpes en el cuerpo y cráneo. El niño fallece. Su nombre era Ángel…Ángel.

Acto segundo.

Dos adolescentes y su tía hacen ejercicio por la mañana, de pronto cuatro hombres les persiguen con la intención de abusar sexualmente de ellas. Como medida de sobrevivencia, ellas se avientan a un puente, piden auxilio y algunos vecinos acuden ante los gritos. Los cuatro hombres huyen. Ellas quedan con vida, con los pies fracturados, el cuerpo golpeado y un miedo sin pausa. En un medio escrito, la policía informa que organiza operativos, pero que desconoce el paradero de los abusadores.

Acto tercero.

En una radio con alto ranking de audiencia en el país, se informa de última hora que en el correccional para adolescentes privados de libertad “Las Gaviotas” se ha generado un motín, por riñas entre pandillas y resultan dos monitores asesinados. La policía con gas lacrimógeno y un contingente armado toma el “control del lugar”. En las redes sociales también se difunde la noticia y un cibernauta, al referirse a los adolescentes, escribe en Facebook: “-Fuego deberían de echarles, para que se terminen por completo”. El locutor de la radio finaliza su turno con una persona que llama y dice: -“Que les apliquen la pena de muerte a esos mareros, lacras de la sociedad”.

Se cierra el telón.

Esa maquiavélica secuencia de hechos pareciera una pesadilla, pero es la realidad de Guatemala, la historia de la niñez y adolescencia en un Estado total de desprotección. Una historia, que como una obra de teatro, es observada desde diversas miradas.

El Estado, que padece de una ceguera crónica y que defiende a capa y espada el orden constitucional, ha sido capaz de defender la institucionalidad de Guatemala al negarse a aplazar las elecciones ante la crisis política actual, más no así los derechos de la niñez y adolescencia contemplados plenamente en La Ley de Protección Integral de la Niñez y Adolescencia (Decreto 27-2003) y demás tratados nacionales e internacionales.

La crisis hospitalaria, la falta de programas de prevención del delito, la criminalización de la niñez y adolescencia, el abuso físico y psicológico, la lentitud de los procesos en las instancias de protección, la falta de lugares seguros para la cultura y el deporte, son el común denominador de los casos descritos.

[quote]Es inconcebible que la niñez esté expuesta a la violencia estructural de su propio Gobierno y que la sociedad arremeta contra los niños y adolescentes como si ellos fueran los culpables de su situación.[/quote]

Hay una gran diferencia entre los comentarios surgidos por el caso del niño Ángel y el motín en Gaviotas. En el primero se resalta el acto heroico del niño por no quitar la vida a otro ser humano, pero en el segundo se pide que se aplique la pena de muerte a los adolescentes.

Recordemos que la mayoría de adolescentes privados de libertad, son producto de una sociedad carcomida por la pobreza, en donde prevalece la desintegración familiar, la deserción y expulsión escolar, el desempleo, el hambre, y todo ello incide en el involucramiento de los adolescentes en grupos delictivos.

Tanto el Estado como la sociedad en general avientan por un abismo a los niños, niñas y adolescentes, y les condenan a un círculo de muerte y abandono. Sus derechos son prioridad dependiendo la conveniencia de los adultos.

“El interés superior del niño” es un principio que contempla la Convención de los Derechos del Niño aprobada por la Asamblea de Naciones Unidas en 1989 y ratificada por Guatemala en 1990, en el cual se plantea que el bienestar de la niñez debe prevalecer ante cualquier interés o circunstancia.

Como población debemos luchar por el cumplimiento de los derechos de la niñez, garantizar que sean prioridad en los presupuestos de la nación y exigir que las autoridades respeten el interés superior del niño. ¡Debemos romper con esta historia de muerte, dolor e indiferencia!

Ángel Escalante, con tan solo 12 años dio una lección a la humanidad al respetar la vida de alguien más que, al igual que él es un habitante de este mundo.

Entonces ¿Cuándo va a respetar la integridad de la niñez, el Gobierno y en especial esos políticos que defienden de manera férrea el orden constitucional?

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