Lucía Samayoa desapareció el miércoles 5 de octubre de la Universidad de San Carlos a las 9 am. Apareció el viernes 7 de octubre en Izabal, a las 2 pm.

Rodrigo Rosito desapareció el martes 27 de enero a las 2 pm, camino a la Universidad Galileo. Apareció el jueves 29 de enero en la mañana en Santa Rosa.

A simple vista, el caso de ambos es muy similar; ambos jóvenes, de clase media, aproximadamente de la misma edad y universitarios  desaparecieron dos días y sus fotos fueron compartidas masivamente por redes sociales para lograr localizarlos. Sin embargo, no pudo ser más diferente la reacción a su desaparición, Lucía fue vapuleada y humillada, mientras que Rodrigo, ignorado y regañado.

En números: 34 noticias fueron publicadas en el caso de Lucía, y de éstas, dos medios realizaron 9. En el caso de Rodrigo, solamente fueron 6 noticias sobre su desaparición en total. Pero esto no es lo sorprendente, sino la reacción y los mensajes que llenaron las secciones de comentarios.

¿Cuál es la diferencia?

Para Andrea Tock, investigadora de la Unidad de Opinión Pública y Medios (UNOP), debemos hacernos una pregunta ¿pensamos según lo que los medios informan o lo medios informan según lo que pensamos? La respuesta es: ambas. Los medios de comunicación le dieron mayor seguimiento mediático a la noticia de Lucía, al ver la respuesta masiva de las personas, pero dejaron espacios en blanco que permitieron al público hacer sus propias inferencias como las siguientes:

¿Qué mujer olvida su celular? ¿Por qué iba sola? ¿Dónde está el novio? Si la secuestraron, ¿por qué no pidieron dinero? ¿Por qué tenía ropa diferente al ser rescatada? y por último ¿por qué sonríe?.

Tock lo explica de la siguiente forma:

“En una sociedad como la guatemalteca, específicamente la urbana y de clase media, que a pesar de creerse como equitativa e igualitaria (a diferencia de los “incivilizados” pueblos y comunidades), permanece como una sociedad machista y conservadora. Bajo estos principios, la idea de que un hombre viaje solo y no se comunique no es motivo de alarma, más bien, es algo que puede ser normal. Se piensa que una mujer siempre debe ir acompañada. Cuando una mujer desaparece, no se sabe de ella, saltan las alarmas y se imaginan múltiples respuestas. Lo que ocurrió con Lucía parece como una división de discursos entre lo que es una mujer virtuosa y una mujer viciosa. Una dualidad que surgió del pensamiento cristiano más conservador pero que se ha convertido también en una narrativa laica.

La mujer virtuosa es la que se cuida a sí misma de los peligros de la sociedad (se viste de una forma decente, no bebe alcohol, no fuma, no es escandalosa, es femenina, no viaja sola, no se pone en peligro); mientras que la mujer viciosa sabe de estos peligros y decide exponerse. Estas dualidades son la forma más efectiva de expandir la ideología. Dualidades que se van llenando de significado con cada nueva situación”.

Un ejemplo para entender lo que dice Tock, es el de Valerie, una joven estudiante del colegio Sagrado Corazón que desapareció el día lunes 3 de abril en la tarde e inmediatamente las redes sociales comenzaron a compartir su fotografía que la muestra en su uniforme. Tal y como lo dicen los comentarios, ella se muestra como una mujer “tranquila” debido a su uniforme, el lugar donde estudia, etc.

Aún así, no evitó que la furia de los prejuicios cayera sobre ella. Lo más interesante es que a partir de la desaparición de Lucía, es como se juzga a los demás. La palabra Tacobell, Sexo, Novio e Izabal son palabras constantes en los mares de los infinitos comentarios.

Los tres jóvenes, Lucía, Rodrigo y Valerie, no estaban muertos, según el público estaban de parranda. No importa cuántas veces ellos hablen y cuenten su verdad, para la sociedad están tachados. Querían una tragedia, una muerte por la cual sentirse indignados. 

Si Lucía hubiese muerto, hoy sería una mártir, la hija ejemplar, la joven a la cual le arrebataron su juventud y la lucha de muchos que probablemente harían algún hashtag como #JusticiaParaLucía. Pero como no, ella seguirá siendo la que se escapó a Izabal con el novio para disfrutar. 

La gran diferencia entre las desapariciones es que la historia de Lucía “traumó” al público, y a partir de este hecho, grandes cantidades de personas creen que todos los jóvenes son iguales y que se escapan de sus casas para tener relaciones sexuales. 

Esto solamente demuestra la clase de sociedad que somos. Una sociedad machista (donde la mujeres deben ser sumisas), clasista (porque no nos interesan las desapariciones de otros jóvenes de clases bajas), violenta (porque pedimos sangre, queremos desapariciones e historias trágicas), castigadora con la juventud (todos los jóvenes se alcoholizan, se drogan y buscan sexo).

Las redes sociales son un gran espejo a través del cual podemos observarnos y autocriticarnos, creemos que estos comentarios los hicieron personas enfermas, pero ¿acaso nosotros no estamos contribuyendo a todos estos prejuicios día a día?.

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