artículo salvador

 

Claudia Claderón/ Opinión/

Como si se tratara de una batalla campal, los candidatos políticos a la presidencia en El Salvador se han propuesto atestar los medios de comunicación y espacios físicos con todo tipo de propaganda. El próximo 02 de febrero, los salvadoreños y salvadoreñas, debemos decidir por el próximo mandatario junto al gabinete presidencial. Sin embargo, tanta publicidad electoral desgastante, ha ocasionado que muchos ni siquiera tengan el deseo de asistir a las urnas.

Tres meses han pasado desde que inició la campaña política. Y hasta el momento, muchos salvadoreños y salvadoreñas expresan no solo descontento, sino un hastío hacia lo mismo. Encender la TV es exactamente ver un circo lleno de un vaivén de comentarios en contra del adversario, pruebas del pasado para deslegitimar al otro y una lucha continua a toda hora.

Art. 173.-Los que con ocasión a la propaganda electoral, injurien, difamen o calumnien, dirijan, promuevan o participen en desórdenes públicos u ocasionen daños a la propiedad, serán castigados de conformidad a las leyes comunes.

Título VII, Capítulo II: De la propaganda electoral. Código Electoral de El Salvador.

Si tan solo la propaganda fuera planeada en mostrar estrategias reales, sin utopía ni sueños en bruto, es probable que muchos la aceptáramos desde otra óptica. Pero para ello, se necesita candidatos dispuestos a abandonar las llaves de un país -que aún no las tienen- por un momento, que se dispongan a pensar y proponer por el futuro de toda una nación.

Jamás será bien vista una campaña sucia y menos para persuadir a todo un país que está harto de estar harto de lo mismo.

Y, ¿qué hay de este fenómeno en Centroamérica? ¿Acaso padecemos del mismo mal político? Lo cierto es que hasta que este momento, los políticos se han encargado de ensuciar algo, que siglos atrás era una dicha participar en ella. En la polis griega, los hombres que no participaran en la política eran llamados idiotes. Y los que nunca tomaban parte en ella, eran los discapacitados o enfermos mentales. Pero en un determinado momento se volvió todo un circo político en donde lo que menos existe es una campaña con la promoción de estrategias y soluciones viables y no utópicas.

En fin, el circo continúa incluso cuando los espectadores han salido sin haber acabado la función. Muchos ya ni siquiera apoyan la propaganda del partido de su preferencia, otros prefieren cambiar de canal, estación radial o simplemente dejar pasar. Mientras tanto, solo deseamos el show acabe de una vez por todas y volver a ver la tan añorada publicidad comercial de la que al fin, ya estamos acostumbrados…

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