By Brújula
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Esta es una semana decisiva para el país.  Las débiles y deslegitimadas elecciones generales están a la vuelta de la esquina, a pesar que muchos sectores, especialmente urbanos, han estado levantando las consignas y exigencias al Tribunal Supremo Electoral y la Corte de Constitucionalidad para postergar las elecciones hasta que existan las condiciones mínimas para garantizar un proceso democrático.  Diversos grupos y colectivos han interpuesto recursos legales para solicitar el retraso de los comicios electorales, al mismo tiempo que el Tribunal Supremo Electoral públicamente pareciera hacer caso omiso a las peticiones, comenzando a trasladar desde hace algunos días las papeletas a los centros de votación, y así lograr tener todo listo para esta “fiesta cívica”.

Sin embargo, es importante lograr ver que la crisis del sistema político que Guatemala está viviendo hoy no se resolverá con o sin elecciones.  

Las elecciones generales serán únicamente una fracción que revelerá la crisis profunda en la que estamos inmersos, pero a decir verdad, esta se revelará claramente después del 6 de septiembre. Pensemos que finalmente se celebran elecciones este próximo domingo.  Lo primero que tendremos serán los resultados de alcaldías y diputaciones, dos de los principales cargos a los que aspira la clase política del país, especialmente porque por medio de estos, el sistema político ineficiente con el que contamos, permite la contratación de empresas y negocios pactados que benefician a actores y/o sectores determinados, especialmente a aquellos que los financiaron. Javier Brolo establece que para este año, al menos existen 42 diputados cuya reelección está prácticamente garantizada, 26 de ellos del partido Líder.   Y en las alcaldías, especialmente de las áreas rurales donde todavía existe una fuerte tendencia por el voto homogéneo en todas las papeletas, es posible que Líder y UNE lideren las mismas.

Con más de 40 diputados reelectos en el Congreso, ¿qué garantía tenemos como ciudadanos que iniciativas como la Ley Electoral y de Partidos Políticos (propuesta por el TSE)  se retome de forma seria? ¿Seremos ingenuos de pensar que por ser un nuevo periodo, estos actores dejarán de pensar en sus propios intereses y comenzarán a velar por los intereses de todas y todos los guatemaltecos? Son los de antes, ahora y después, utilizando su curul para beneficio propio. Para enero de 2016, será muy difícil reconocer como legítimo los resultados del proceso electoral, no únicamente para los resultados presidenciales, sino también para aquellos de alcaldías y diputaciones.

La ciudadanía ha despertado y pareciera que no están dispuestos a callar.

Esta falta de legitimidad de las nuevas autoridades pondrá a las mismas en una relación tensa con sus “representados” desde el primer año de gobierno, especialmente aquellos ciudadanos que se encuentran organizados y pueden por medio de recursos legales y herramientas académicas, hacer frente a las acciones de actores políticos que deseen continuar con las mismas antiguas prácticas, o de apoyar aquellos partidos pequeños (aunque el tamaño no lo garantiza) que busquen realizar las cosas de manera distinta.  Asimismo, el gobierno enfrentará una crisis financiera derivado de la baja en recaudación fiscal que se tuvo este año, especialmente a partir de conocerse el caso La Línea. Las universidades y centros académicos tendrán entonces un papel fundamental en poder generar incidencia por medio de sus conocimientos y recursos, especialmente aquellos que se construyen desde la investigación y la academia.

Reconocernos entre nosotros y entre los actores que pueden aportar y contribuir a continuar construyendo las condiciones para una vida digna es importante.  Acudir o no a las urnas será decisión personal; sin embargo, es importante ver más allá e identificar que pronto estaremos frente a un nuevo gobierno que no representa los intereses de la mayoría de la población. La crisis podrá agudizarse en los próximos meses, pero nos queda la esperanza de salir y salir juntos de ella, como lo hemos hecho en los encuentros en la Plaza.  La construcción y transformación del país requiere tiempos diferentes a aquellos a los que estamos acostumbrados; los cambios profundos se dan poco a poco, con crisis incluidas. Como nos decía una buena amiga, “la tormenta pega duro pero refresca”.

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