El día 20 de octubre, se conmemora el día de la revolución en Guatemala. Para aquellos que no saben, la también llamada “Revolución de octubre”, fue un alzamiento cívico y militar que tuvo lugar el 20 de octubre de 1944 en Guatemala, mediante el cual se derrocó al presidente provisorio del país, Federico Ponce Vaides.

La revolución tuvo varios logros importantes, dentro de estos resaltan la implementación de la reforma agraria, el reconocimiento y formación del derecho al trabajo, la creación del Comité Nacional de Alfabetización, la construcción de la Carretera al Atlántico y el Puerto de Santo Tomas de Castilla.

A partir de esta revolución, se inicia un período de 10 años, denominada la “Edad de Oro”, período dentro del cual se fomentó el desarrollo integral del país y procurar el bienestar común de sus habitantes. (Velasco, 2020)

Principalmente, me gustaría resaltar lo último mencionado, “fomentar el desarrollo integral del país y procurar el bienestar común de sus habitantes”. ¿Por qué? Pareciera que muchos, principalmente aquellos que se encargan de gobernarnos, han olvidado esto. Vivimos en un país sumamente desigual y muchas veces, la burbuja en la que vivimos no permite darnos cuenta por la cruda realidad que atraviesa el país.

Observe usted mismo estos hechos que nos brinda el informe Entre el Suelo y la Tierra (2019) por la autora Susana Gauster, con el apoyo de Wilson Romero y Carlos Botella. Por mencionar algunos, a nivel del primer grado de Primaria, la desnutrición crónica es 60 veces mayor en escuelas indígenas rurales (puede llegar al 100%) que en las mestizas (1.7%); la mortalidad infantil es casi 3 veces mayor en el quintil inferior que en el superior; el porcentaje de embarazo en las adolescentes sin estudios es casi 5 veces mayor que el de las universitarias; en la adolescencia, sólo 4 de cada 100 denuncias de abuso sexual afectan a hombres, 96 a mujeres; el analfabetismo es 3 veces más frecuente en mujeres indígenas que en hombres no indígenas; los no pobres gozan de 38 veces más probabilidad de disfrutar una educación universitaria que los extremadamente pobres.

El 1% de las personas con mayores ingresos perciben lo equivalente al 50% de menores ingresos; las grandes empresas, que suponen el 3% de las empresas formales, se quedan con el 65% del excedente generado y, por último, 43% de la población indígena se encuentra en el estrato más bajo de la sociedad, respecto a un 19% de la población mestiza en esta posición, en tanto el 6% de ésta se encuentra en el estrato más alto, frente al 1% de la población indígena. Sumamente preocupante e indignante, ¿No creen?

Muchos de nosotros vivimos con una venda en los ojos, la cual no permite darnos cuenta de lo que ocurre en el país, y principalmente de saber la desigualdad y difícil situación que afronta la población. Es importante que como ciudadanos y como personas con algunos privilegios, nos demos la oportunidad de abrir los ojos y quitarnos la venda que impide que creemos conciencia.

Crear conciencia, incidirá grandemente en el desarrollo del país, puesto que más personas estarán dispuestas a cambiar la cruda realidad. Nuestra vida dará un giro y nos volveremos seres más empáticos con vista de ayudar a los demás. Me quedo con las palabras de Orson Welles,

un hombre educado debe a los ignorantes todo lo que puede hacer por ellos, un hombre libre debe a los esclavos del mundo todo lo que puede hacer por ellos, y lo que hay que hacer, es más, mucho más que buenas palabras

Resumiendo lo anterior, aquellos que hemos tenido mayores y mejores oportunidades, debemos trabajar por aquellos que no las tienen, con vista a construir un país incluyente e igualitario.

Una acción habla más que mil palabras y todos debemos trabajar por una mejor Guatemala.

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