By Alanon
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Un día llegué a Al-Anon al borde de una verdadera crisis emocional.  Sentía volverme loco, estaba totalmente obsesionado con una relación que había robado  mi identidad y mi qué hacer.

Soy una persona madura de 23 años, que tiene una relación con una mujer que es alcohólica y que no desea o mejor dicho no puede dejar de tomar y menos buscar un programa de recuperación. Eso lo entiendo ahora, antes de llegar a los Grupos me era imposible.

Yo tenía una vida muy feliz y al conocerla a ella poco a poco le fui permitiendo que entrara más y más en ella, hasta tal punto de que yo ya no tenía el control de la mía. Cuando la conocí sentí un flechazo, amor a primera vista, al menos eso fue lo que pensé.

Nuestra relación era alegre, llena de retos, algunos descabellados pero divertidos y no faltaban las experiencias maravillosas.  Todo era color de rosa. Días de vinos y rosas, pero más adelante ya eran sólo días de vino y otras cosas.

En el día a día, cuando ella se irritaba o había algún desacuerdo, la reacción era ir a tomar hasta el estado de ebriedad y hacer reclamos cuando íbamos camino a casa; en otras oportunidades no quería salir de la disco y yo tenía que rogarla y tratar de convencerla de que regresara a  casa, pero esto hacía que ella se pusiera más insistente (como en ocasiones se suelen poner las personas que tienen problemas con la bebida), discutíamos, yo me sentía muy mal, me retiraba a un lugar de la disco esperando que ella decidiera cuándo era la hora de regresar. Y comenzaba de nuevo la discusión,  algunas veces comenzaba a vomitar… debía parar el carro y esperar que se limpiara para continuar la marcha.

El problema no se quedó en el comportamiento de ella, yo empecé a cambiar mi forma de ser; comencé a volverme irritable como ella, mi inseguridad me lastimaba el orgullo pues me convertí en un indeciso, pedía opiniones a todo mundo y aún así no sabía qué hacer, al final hacía lo que mi pareja quería. Prácticamente me convertí en su esclavo.

Comencé a sentir que todo lo que ella hacía o dejaba de hacer era mi culpa, yo era responsable de su felicidad o infelicidad. Entonces decidí hacer todo lo que ella quisiera, sin contradecirla en nada, borraba los rastros que su alcoholismo dejaba.  Escondía las botellas, las vaciaba cuando estaban llenas. Limpiaba y ordenaba sus desastres, la salvaba y cuando alguien del trabajo llamaba preguntando por ella yo, siempre tenía la excusa perfecta para disculpar su ausencia.

Créanlo o no, nada de esto sirvió para mejorar la relación, siempre encontraba un motivo para enojarse e irse de la casa y volver a tomar. En su boca siempre había un “por tu culpa yo me enojo, por tu culpa yo regreso tarde a casa y tomo, me embriago para poder olvidar tus molestias, tus reproches”, etc.

A estas alturas del partido ya me encontraba en crisis porque todo lo que creía que debía hacer para que ella estuviera bien no funcionaba y seguía pensando que yo era el que estaba mal, me preguntaba, ¿qué es lo que yo hago o dejo de hacer para que mi pareja actúe de esa manera?  Yo estaba mal, muy mal. Me convertí en una persona muy triste, desorientada, y llena de dudas. Sentía que era responsable de la vida de ella y me olvidé de la responsabilidad que tenía con la mía.

Entonces fue cuando busqué Al-Anón.

Escuchando en las reuniones pude entender que ella estaba enferma, que el alcoholismo es una enfermedad, ¿lo sabían? Y que no era yo el causante de esta.  Ella estaba mal, necesitaba una ayuda que no era la mía propiamente; y yo también estaba enfermo y necesitaba ayuda.

Con mis actitudes de “salvador” no había contribuido a que ella sintiera la necesidad de buscar ayuda. Entendí que ambos nos habíamos lastimado muchísimo. Acepté que no puedo curar o rescatar a una persona alcohólica si ella no quiere ayuda y que la mejor manera de darle mi apoyo es cambiando mis actitudes. Hoy entiendo que debo cuidarme, que mi responsabilidad es conmigo mismo y con mi felicidad, que debo concederle ese mismo derecho a mi pareja alcohólica independientemente de lo que haga.

Sigo con ella y aún no ha buscado un programa de recuperación; yo sigo asistiendo a las reuniones de Al-Anón y ella continua bebiendo.

Estoy aprendiendo a convivir de una manera más sana con mi pareja y con las demás personas a mi alrededor.

 

Miguel Ángel

About the Author

Somos una hermandad formada por parientes y amigos de alcohólicos, que sentimos que nuestras vidas han sido afectadas por la forma de beber del o de los alcohólicos, que comparten experiencia, fortaleza y esperanza.
En Al-Anon perseguimos un único propósito ayudar a los familiares y amigos de los alcohólicos.
Información a los teléfonos: 2251-8949 y 2253-9637 ó alanondeguatemal@gmail.com

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3 Comments
 
  1. Avatar
    Silvia García / 29/01/2019 at 15:33 /Responder

    Obsesiones que matan excelente artículo sobre la enfermedad del alcoholismo. Muchas gracias por llegar a través de este medio información sobre el alcohol y nuestra cultura alcoholica . Permite llevar luz gracias

  2. Avatar
    Lorena / 29/01/2019 at 17:21 /Responder

    Este relato me devuelve la esperanza, ya que sí se puede convivir con alguien que tiene esas características, aunque esa persona no busque la ayuda. Siempre que uno busque ayuda para una misma. Eso es realmente importante, sino lo hacemos así nos vamos a ir junto con esa persona al hoyo y nos veremos envueltos en una super crisis, como la de Miguel Angel.
    No es tan sencillo buscar, pedir la ayuda necesaria a través de este programa o de cualquier ayuda, no creo que lo sea, pero es verdaderamente importante recibirla y luchar por mantenerse en esa dirección.

  3. Avatar
    Susana Lopez / 29/01/2019 at 23:42 /Responder

    Muy identificada con la historia, sobre todo en la ingobernabilidad que se maneja. Pero aprendi que hay opciones y por más difícil que parezca, debo ocuparme de mi para estar bien y en paz.

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