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María Fernanda Sandoval/ Colaboración/

En lo que va del año 2014, han ocurrido varios disturbios políticos a nivel nacional e internacional.  Ante ellos, las voces de los gobiernos y autoridades de cada país, los organismos internacionales y la población afectada se han manifestado, y tanto las declaraciones como los hechos propios, han llegado a nuestros oídos y pasado a formar parte de nuestro conocimiento, interviniendo en ello los medios de comunicación.

¿Alguna vez has relatado una historia sin expresar concisamente qué papel jugaste en ella, retocando los hechos que te inculpan o los que hacen quedar mal a un amigo, o empeorando la actuación de otro?  Pues también de esta manera, los medios de comunicación maquillan y hasta cierto punto, manipulan (a conveniencia de sus intereses e ideologías) las noticias que presentan.

Por ello son válidas las bromas que insisten en nombrar a la prensa “el cuarto poder”.

Si nos ampliamos a los otros medios de comunicación masiva, resulta evidente que en la actualidad, la radio, los periódicos, el internet y la televisión trasladan los hechos y acontecimientos a palabras de gran alcance e impacto en la sociedad. Y conscientes de los efectos que provocan, tergiversan en muchas ocasiones la realidad, a manera de provocar en las poblaciones determinados comportamientos que son de su conveniencia, o de conveniencia de quien los financia.

Esto es comprensible. No podemos olvidar que las simuladas ideologías políticas, que ocultan en muchos casos intereses de ciertos sectores específicos de la sociedad, pretenden cegar a quienes se informan  de la innegable verdad para evitar levantamientos o repercusiones. De igual manera, no podemos pasar por alto que si esta ideología es auténtica, no permite del todo a la persona que se encuentran frente al hecho, aferrarse a la veracidad de la acción, por estar siendo evaluada ante un conjunto de ideas preestablecidas y un punto de vista propio sobre la realidad.

¿Sabemos qué sucede realmente? Años de evolución mediática nos han demostrado que no. Aún así, mientras no se expongan datos falsos, las noticias se dan de la manera más aparentemente idónea, y aunque se nos presenten tan solo partes de los hechos, como ciudadanos debemos informarnos lo más posible sobre el suceder político.

El gran problema se presenta, cuando sociedades enteras no filtran la información que masivamente reciben de medios sesgados.

Es cómodo enterarse y volver a decir al pie de la letra todo lo que leemos en los periódicos, vemos en las redes sociales o escuchamos en la televisión. Pero siguiendo esta línea, solo pasamos a ser parte de los títeres, que coleccionan quienes nos informan. La verdadera libertad de opinión debe estar presidida por un proceso por el cual se llega a un auténtico pensamiento crítico. Es decir, debe caracterizarse por las ideas propias al respecto de una situación polémica, no por el aglomeramiento de veredictos que estén de moda.

Tenemos el Derecho Humano a la libertad de expresión de pensamiento; no lo minusvaloremos repitiendo doctrinas ya expuestas, sin examinarlas antes. Debemos responsabilizarnos y entender, que junto con el Derecho, contrasta la obligación de formarnos un criterio válido y auténtico sobre lo que manifestamos. Analizar y comparar, va más de la mano con opinar; que tan solo es el eco de lo que otros ya han dicho.

Y ustedes, ¿qué pensás de los postulantes a Fiscal General? ¿Qué opinas sobre los nuevos Magistrados Titulares del Tribunal Supremo Electoral? ¿Qué creés que está pasando en Venezuela?

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