By Brújula
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Desde hace unos meses el tema de los pactos colectivos se ha visto en los medios de comunicación, aunque de una forma muy minoritaria. En enero se dio a conocer la grandiosa cifra del pacto colectivo de salud. En marzo, el entonces Presidente de la República Otto Pérez prohibió la negociación de nuevos pactos colectivos entre ministerios, tomando esta medida de austeridad ante la creciente brecha fiscal y la falta de fondos. En julio, tomó lugar otro acontecimiento, los salubristas bloquearon distintas carreteras exigiendo el cumplimiento del pacto. Mientras que para agosto, cuando el Ejecutivo y sindicalistas de salud se reunieron, no lograron avances significativos. ¿Por qué entonces, no prestarles atención?

Si bien es cierto que los sindicatos son muy criticados por su labor, existe otro lado de la historia que no sabemos, tanto sobre ellos como sobre el pacto colectivo que tienen con sus empleadores. Un sindicato surge de la idea principal de proteger -en la lucha de clases- a los no beneficiados, es decir al trabajador; de alguna manera, fueron creados a la fuerza, por la necesidad de mejorar las condiciones de trabajo o tener un trabajo digno en dónde se respeten los derechos de la persona. Por ejemplo, se crean para garantizar beneficios salariales, atender asuntos de acoso sexual, lograr una guardería para los hijos de los trabajadores, darle una vivienda digna a los mismos, entre otros.

Los sindicatos tienen como uno de sus objetivos principales -entre muchos- crear un pacto colectivo con sus empleadores, establecido en el artículo 49 del Código de Trabajo. ¿Qué es eso? Adrián Zapata, abogado laborista guatemalteco, explica que un pacto colectivo es un mecanismo de negociación entre partes para mejorar las condiciones de los trabajadores; es decir, el sindicato del lugar de trabajo negocia con los empleadores condiciones y beneficios, tomando en cuenta que nunca debe de retroceder en cuanto a los avances alcanzados y que es para todos. Para que sea algo formal y legal, es necesario regularlo desde la ley, negociando condiciones más favorables de las que ya existen.

Cabe resaltar que estos no siempre son voluntarios, pueden ser forzados a partir de una huelga, del respaldo de un juez o de un conflicto colectivo. Sin embargo cuando es voluntario, se hace a partir del acuerdo de ambas partes, dándole así, legitimidad al proceso. Además, un pacto colectivo puede ser realizado únicamente por un sindicato, si no existe un sindicato lo que se crea es un convenio colectivo.

Para crearlos, se debe cumplir con un proceso establecido en los artículos 49 al 56 del Código de Trabajo para el área laboral al que se refiera:

  1. Negociación de la creación y términos que tendrá el pacto.
  2. Avalar el pacto en la Oficina Nacional de Servicio Civil (ONSEC)
  3. Garantizar los recursos por la Dirección Técnica de Presupuesto (DTP).
  4. Homologación del Pacto por el Ministerio de Trabajo. Es decir, debe revisarse en dónde corresponda, que no viole la ley de servicio civil, la Constitución Política o la ley de Presupuesto.

Vale mencionar que estos pactos duran de 2 a 3 años, siendo su re negociación no obligatoria. Esto quiere decir que, no es que no se renueve el pacto como tal, sino que una nueva negociación del mismo no es obligatoria y de no re negociarse, este continuará como había venido funcionando anteriormente.

Hasta ahora, parece una muy buena idea la existencia de un Pacto Colectivo a través de un sindicato.

Sin embargo, en Guatemala son muy criticados por diferentes razones, específicamente los pactos de los 3 sindicatos más grandes del país, que son el del Ministerio de Gobernación, de Salud y de Educación. Zapata explica que hay tres argumentos principales por los cuales critican a estos; el primer argumento es que tienen un impacto financiero y sociopolítico muy grande, el segundo es que existe la politización de liderazgo y por último, que tienen capacidad de crear fuertes movimientos.

El impacto financiero y sociopolítico se ve reflejado en dos aspectos. Primero, el presupuesto del Estado es significativamente afectado por los pactos colectivos, ya que se destina una cantidad grande a estos. El presupuesto del Ministerio de Educación utiliza el 84.1% para cubrir el pacto colectivo, significa que de los Q12 mil millones 295 mil que recibe, Q10 mil millones son invertidos para los costos del pacto, quedándose el Ministerio con la cantidad de Q2 mil millones 295 mil aproximadamente para el resto del funcionamiento. Una cantidad muy pequeña si evaluamos la importancia de dicho Ministerio en garantizar educación de calidad en todo el país. En el caso del Ministerio de Salud, el pacto colectivo está vigente con más de Q342 millones en implementación de bonos al salario base, más de Q1,308 millones de traslado presupuestario, Q82 millones por otros beneficios y Q100 millones por viáticos; sumando la cantidad de Q1,831 millones.

Respecto a esto, Zapata explica que en la práctica, los pactos pueden llegar a ser un atentado al derecho de igualdad. Lo que se critica allí es la injusticia que se crea al ser solamente unos trabajadores los que reciben los beneficios y no todos los empleados, además de ser injusto con la población en general por carencias que existen en otras áreas prioritarias para el país.

Por su lado, Byron Morales, investigador del Instituto de Gerencia Política de la Universidad Rafael Landívar, explica que los pactos colectivos no afectan al presupuesto directamente porque los salarios de los sindicados no son altos, se encuentran en un rango de Q2,000 a Q4,000 y lo que sucede es que los beneficios a los trabajadores, activan la economía nacional.  Morales indica que es importante mencionar que los pactos rara vez son pagados a tiempo, y muchas veces tienen 4 o 5 meses de retraso, lo cual también afecta lo acordado. Sin embargo, a pesar de ello, no niega la existencia de abusos en estos, como lo son viáticos que se extienden entre Q500 y Q1,000 quetzales por ejemplo para viajes cortos; viáticos que no podrían reducirse, debido a que un pacto no debe retroceder en avances.

Entonces, si el sindicato busca la protección del trabajador y parece ser que se encuentra en una posición a favor del fortalecimiento del Estado y el desarrollo del país, parece ilógico entonces que existan ese tipo de gastos, muchas veces no justificados, cuando el país se encuentra en medio de una fuerte crisis financiera. ¿Buscará beneficios personalizados?

Además de la problemática monetaria, los sindicatos han sido tomados por personas y recurrimos a personalizarlos, y es allí donde es posible identificar el segundo aspecto que Zapata mencionaba, la politización del liderazgo. Tomemos como ejemplo el caso del sindicato de educación con Joviel Acevedo a la cabeza, quien se ha caracterizado por negociar con las autoridades de turno beneficios para el gremio magisterial, siendo muchas veces cuestionado por la legitimidad de su labor, especialmente en función de la niñez guatemalteca.  Después de muchos años liderando el Sindicato de Trabajadores de la Educación de Guatemala (STEG), el 26 de agosto pasado los maestros desconocieron a Acevedo como su líder magisterial porque ha sido señalado de estar a favor de la corrupción, se le ha señalado de prestarse a que el magisterio sea vendido, cuando debería unirse a los maestros en luchas por los derechos de la niñez.  Incluso recordemos la vez en la que los maestros intimidaron a periodistas en julio, por orden de Acevedo; y como este, muchos casos más. Mientras tanto, en el Ministerio de Salud la crisis parece no terminar, muchos privilegios siguen siendo otorgados a los trabajadores sin que la calidad del servicio mejore. Cabe resaltar que muchos de los trabajadores sindicados reciben un seguro privado o desean negociar dicho beneficio; parece extraño que un trabajador en el sector público de salud reciba un seguro en un hospital privado.

Finalmente, los sindicatos, especialmente cuando sus líderes se encuentran politizados, muchas veces recurren a medidas de hecho para beneficiar a ciertos grupos políticos, aprovechando su alta capacidad de movilización. Ejemplo de ello, fue cuando Joviel Acevedo declaró públicamente su apoyo al gobierno de Otto Pérez Molina, en medio de la crisis política que se vivía.

Sindicatos personalizados que no refrescan líderes y que se encuentran cuestionados por exigir beneficios muchas veces poco justificados para un limitado presupuesto estatal.  Suena como un partido político, los partidos políticos tradicionales guatemaltecos que también han sido criticados por su falta de renovación de líderes y búsqueda de beneficios personales.  Es simplemente la reproducción del mismo sistema político corrupto e ineficiente, el mismo sistema por el cual muchos ciudadanos salieron a manifestar a la Plaza en los meses pasados.

A pesar de eso y todo lo que “es bueno pero parece malo”, un sindicato tiene su lado positivo y es importante reconocer su papel dentro de la sociedad. Zapata explica que el problema de señalarlos debe individualizarse y no tachar a todos, porque así como hay personas dentro del sindicato que se dedican a obtener beneficios personalizados, existen otros que sí se dedican a realizar su trabajo como debe ser. Por ejemplo, se atienden asuntos de acoso sexual, donde dan seguimiento al caso de alguna mujer trabajadora que se siente intimidada por algún compañero de trabajo. O el reciente logro de los Sindicatos de Izabal ante el Consejo Departamental de Desarrollo, en donde se logró mover a los trabajadores/as y sus familias del perímetro de las plantaciones, ya que ahí se encontraban expuestas a los químicos que ayudan en la producción del banano; Tomás Lares, representante en Izabal, menciona que el proceso fue lento, pero se logró.

Es por estas razones y por muchas más que es importante prestarle atención al tema sindical, revisando sus liderazgos y rescatando la importancia sustantiva de los mismos en favor de los derechos de los trabajadores.

La organización sindical es importante, pero así de importante es también hacer ajustes en su funcionamiento y organización, para que esta en realidad beneficie a la clase trabajadora del país, sin descuidar las prioridades que tenemos como país.  ¿Cómo quedará la negociación final del presupuesto 2016 en el apartado de pacto social? ¿Qué hace falta para que los sindicatos sean un reflejo verdadero de los intereses de los trabajadores y no de una persona?, son interrogantes para continuar el debate y la reflexión en torno a este tema.

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One Comment
 
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    Luis González / 08/11/2015 at 12:42 /Responder

    Señorita Leal le invito para completar su investigación y fundamentarse de mejor manera y no perder el hilo conductor se pueda abocar a la recopilación de los pronunciamientos del Comité de Libertad Sindical, fuera de mencionar que usar dos sujetos para fundamentar su artículo, es una cuestión que hace que se quede corta de fuentes. Más pareciera después de leer sus líneas que los sindicatos y el pacto colectivo son derechos que lejos de beneficiar, perjudican -aclaro que usted dice que benefician pero con pobres argumentos hacen pensar lo contrario.

    Dónde deja a los funcionarios que se sientan a una negociación? Tienen responsabilidad? Quién se beneficia más de la corrupción de los sindicatos -la parte empleadora o la trabajadora? Vale la pena para una segunda parte de su artículo.

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