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María Fernanda Sandoval/ Opinión/ 

Al pueblo; pan y circo. Podría hoy reafirmarse como: “Al mundo; competencia y goles”

Esta conocida locución, que hace mención a la política realizada en Roma en la que a los habitantes se les daba trigo y entradas a los juegos circenses  para evitar levantamientos sociales, sigue presente dos mil años después. Los gobiernos con el fin de mantener contenta y tranquila a la población, proveen entretenimiento y alimento simple; o en algunos casos, como el nuestro, patrocinan y promueven la vista del “espectáculo” más esperado del año o enfatizan en la emoción incontrolable que causa el mundial de fútbol.

No es que apasionarse por un deporte celebre y entretenido, sea dañino.

Como seres humanos, necesitamos focalizar nuestros intereses y emociones, hacia algo que nos haga sentir identificados con quienes nos rodean. Además, con motivo de celebración del mundial, las reuniones sociales se hacen más constantes y se aprovecha el tiempo para compartir con los familiares y amigos que hace tiempo no se ven. También, las técnicas, estrategias y jugadas de las selecciones nos dejan boquiabiertos y con ganas disfrutar más. El problema radica en cubrirnos los ojos completamente con la manta bordada de colores mundialistas, de manera en que no se pueda pensar en otro tema más allá.

Así que los políticos planean: “uno, dos, tres, ¡que empiece el partido! ¡Gol! Patrocinado por el Gobierno de  Guatemala”. Todas las caras giran hacia la misma dirección. ¿Y mientras tanto? El mientras tanto no importa demasiado, no si la selección triunfante del torneo pasado pierde o México empata a Brasil.  Después de todo, es el mundial, y según los medios nos instruyen lo único que interesa estos días, el mundial de fútbol.

Si desentenderse por completo de la realidad no es suficiente, la publicidad atosiga con este evento mundial predisponiendo nuestras mentes y bolsillos a consumir todo lo que en relación indirecta se acerca al el juego. Si quieres ver y disfrutar el partido de hoy, necesitarás las boquitas, las cervezas, los aparatos electrónicos, las camisolas y más. Después de todo, somos tan solo masas de consumo que aprovechan cualquier oportunidad para comprar.

¿Y el papel de los medios de comunicación?  A sabiendas de lo que venden, enfocan su atención y trabajo hacia los eventos recientes. Sin dar la información importante sobre lo que acontece a nivel nacional y mundial. ¿Nos quedamos en ello? ¿Formamos parte de los espectadores que se desvinculan de la realidad y se dedican en cuerpo y alma a vivir los partidos que se nos ofrecen como nuevo circo, nueva entretención?

Como estudiantes, deberíamos entender que el mes que dura el mundial, la corrupción, la impunidad, la pobreza y otros gravámenes que afectan nuestra sociedad no se dan vacaciones.

¿Podemos hacer ambos? Entretenernos e involucrarnos, seguro que sí. El pan y circo es una política ya muy usada, y el pueblo cada vez es más capaz de darse cuenta de las mascaradas que se le presentan y no caer en las estrategias sucias de gobiernos poco dirigidos al bien común.  Podemos solicitar el pan y disfrutar del circo a sabiendas de ello, demandando lo que poder deber del Estado nos corresponde, aunque con eso desbaratemos los planes de quienes tengan el poder.

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