artritis

Ixel Guorón Rodríguez/Opinión

Tengo 28 años de edad, hace año y medio me diagnosticaron artitits rematoideo después de haber tenido a mi hijo. La enfermedad comienza con ojos rojos, boca reseca y especialmente la inflamación de las articulaciones en tobillos, rodillas, manos, cadera y cuello.

De acuerdo a reumatólogos, la enferemadad “no tiene causas; de cada 10 mujeres 2 padecen de artritis, y de cada 10 hombres, uno lo padece”.  Es una enfermedad autoinmune, crónica y no se cura, solo se controla con pastillas: metrotexato, plaquinol, prednisona, acido fólico y para el dolor, ibuprofeno o meloxicam (me lo se de memoria).

Sin embargo, las enfermedades son culpas, tristezas o algo que simplemente no sacamos a la luz y ello repercute en el cuerpo.

Las enfermedades surgen sobre todo con algo interno que nos pasa y no queremos perdonar ya sea a nosotros mismos o a terceros.  Ahora que escribo que esta columna de madrugada, siento la boca amarga y el sabor de las pastillas, pero esto no es lo malo de la enfermedad; lo malo es que cuando hay días de crisis o frío, nos cuesta pararnos, tomar cosas con los dedos o mover el cuello.  En lo personal me siento impotente; sin lugar a dudas es necesario el apoyo moral y físico de la familia.

Se recibe discriminación por la enfermedad por el hecho de no caminar bien. Y no falta la mirada de la gente, unos con autocompasión y otros con indiferencia, pero sobre todo los pilotos y ayudantes de buses, quienes quieren que bajemos rápido sin pensar en el dolor físico de los usuarios.  Como anéctoda, una vez por no bajarme en una parada rápido me dijo un ayudante “ay dios mamayita que choyudez”, me dio mucha gracia.

Sé que Dios no nos pone una carga que sabe no podamos llevar y cómo diría Martin Luther King:

Si no puedes volar, corre

Si no se puedes correr, camina

Si no se puedes caminar, gatea

Pero cualquier cosa que hagas, debes seguir adelante.

 

Imagen

Compartir