Marlon Barrios

En una región de Guatemala existía un pueblo llamado Tapchiquel. Los tapchiqueles fue-ron perseguidos desde la conquista española y tuvieron que irse de su tierra. El Topol Kuh, su libro religioso, decía que su tierra era Guatemala desde siempre y para siempre. Los tapchiqueles emigraron a las potencias emergentes e hicieron negocios. Tenían dinero. En algunos lugares eran queridos y en otros no. Los tapchiqueles mantenían su cultura y a veces eran herméticos, se casaban entre ellos y era difícil ser aceptado.

Siglos después de su salida de Guatemala estalla una guerra enorme. Muchos países participan en ella. En algunos lugares, y para quitarles el poder que habían adquirido, persiguen a los tapchiqueles y los matan. Pero la guerra la ganan los países donde los tapchiqueles tenían más inversión y poder político. Entonces aprovechan la oportunidad para que en la Organización de Naciones se promulgue un decreto y regresen a la tierra del Topol Kuh: Guatemala.

Habían pasado siglos, y en Guatemala ya vivían otros pueblos. Pero los tapchiqueles decían que esa era su tierra y retornaron. Debido a que tenían dinero y poder político, recibían ayuda y favores de los países que ganaron la guerra: dinero, armas, transferencia de tecnología, entre otros.

Como tendían a ser cerrados culturalmente, dejaron fuera de su tierra a otros pueblos que habitaban Guatemala. Así, desplazaron a los pichés, mestizos, blancos, negros… a todos. Les compraban sus tierras o se las quitaban por la fuerza. Los pueblos desplazados, con familias, costumbres y otras religiones, intentaron pedir que se les reconociera como país en la Organización de Naciones, pero los tapchiqueles compraron y amenazaron para vetar esa solicitud.

En la Guatemala a la que regresaron los tapchiqueles, existía un grupo de jóvenes, formados en la fe cristiana llamado Ximen, quienes eran trabajadores y justos, y realizaban buenas obras desde el anonimato. Cuando los tapchiqueles regresaron y empezaron a quitar la tierra de las familias de los Ximen, estos se indignaron y decidieron hacer un brazo político para frenar la usurpación, le llamaron Chisbulá. Pero también fundaron un frente armado denominado Chamas y comenzaron la lucha para evitar la usurpación. Esta lucha continua los Ximen la llaman: “La defensa de la tierra de sus padres y de sus hijos”.

Los Ximen, fundadores de Chamas y Chisbulá, son considerados héroes, aunque tienen también opositores internos. Muchos guatemaltecos: negros, blancos, mestizos y pichés, que viven fuera del país, envían ayuda y apoyan a los Ximen, puesto que sus familias han sido afectadas por la ocupación tapchiquel. La confrontación sigue, sin que se vea paz en el horizonte.

Actualmente los tapchiqueles siguen venciendo. Tienen medios de comunicación y de lavado de cerebros. Escriben la historia como les conviene. Son inteligentes y malvados, pero van ganando. Convencen a muchos. Dicen que los mestizos y los negros se comen a sus hijos como ofrenda a sus dioses, afirman que los blancos y los pichés usan a sus hijos como escudos humanos mientras avanzan en el campo de batalla. Incluso montan documentales con artistas para evidenciar la historia. Parece que desean ganar territorio a toda costa. Usan la religión para justificar la ocupación de la tierra, saberse elegidos por su dios y avanzar en su ruta.

Los pichés, mestizos, blancos y negros están menos protegidos, pero alguna cólera han de tener, como todos los pueblos, también tienen religión y al parecer se sustentan en ella…

Fotografía: www.flickr.com/photos/babyb_lue/3280320146/

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