By Antonio Flores
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Antonio Flores / Opinión /

Primero que nada he de aclararles qué es el Paracetamol o como lo conocemos en nuestro país, Acetaminofen o Diclofenaco: “fármaco con propiedades analgésicas, sin propiedades antiinflamatorias clínicamente significativas. Actúa inhibiendo la síntesis de prostaglandinas, mediadores celulares responsables de la aparición del dolor” El título de esta entrada hace referencia a una palabra que muchos de ustedes han visto o escuchado en las últimas semanas, me atrevo a decir que muchos la usaban con tanta insistencia sin saber que estaban diciendo o de qué estaban hablando. Pero creo que así son la mayoría de tendencias sobre las que hablamos o discutimos en las redes sociales; el HT #Paracetamol fue creado en algún lugar de latinoamérica para hacer referencia al medicamento más recetado por los médicos, al mismo tiempo que se acompañaba de fotografías donde aparecían jóvenes estudiantes de medicina usando su bata en las más extrañas de las situaciones (en el gym, comiendo, haciendo deporte, etc.) hasta que la burla terminó haciéndose viral y entonces todos tenían algo que decir sobre los estudiantes de medicina y los médicos. Al principio todo era risa, porque dejaban en evidencia la soberbia de la que a veces pecamos los batas blancas, hasta que dejó de ser divertido y se volvió ofensivo; aconteció lo usual, al tratar de ser divertidos empezamos a inventar cosas, crear discusiones sin sentido y hasta denigrar a la otra persona, solo para parecer chistosos. No vengo claro a desquitarme o poner en su lugar a todas esas personas que se burlaban de nosotros, no tengo la potestad ni el derecho para hacerlo, y tampoco tendría que tomarme a pecho cientos de publicaciones que vi. Toda esta situación sin embargo, me hizo recordar lo alejados de la realidad que están las redes sociales y la ceguera con la que viven muchos jóvenes, por no mencionar que hay una realidad que desconocen por completo: la realidad de nuestro sistema de salud.

Me atrevo a decir esto, porque muchos de nosotros antes que buscar atención en el Hospital General San Juan de Dios o el Hospital Roosevelt, preferimos buscar un médico particular o un sanatorio privado. Nadie quiere estar enfermo y tener que espera por más de 6 horas, al lado de perfectos extraños con todo tipo de enfermedades o lesiones, sentado en lo que queda de una banca o de pie si ya no hay lugar; seguro al ver esto a uno le daría por sentirse peor, la ansiedad crecería con el pasar del tiempo y el malestar o dolor sería más fuerte cada vez. Antes pagamos Q.50 o hasta Q.200 para que nos atiendan en un consultorio donde hayan bancas para sentarnos, poca gente esperando y no demoren en atendernos. Aún cuando la atención en salud es un derecho estipulado para niños, niñas, adolescentes, jóvenes, hombres, mujeres y ancianos, carecemos de la cobertura y eficiencia necesaria para paliar el dolor, los malestares o hacer frente a grandes catástrofes.

Confiamos tan ciegamente en la iniciativa privada, que esta termina por alejarnos de la realidad; unos en la pena y otros en la pepena, haciendo negocio con la salud.

Porque más allá de los memes con los que reímos, que compartimos para que otros se diviertan, de las selfies en la plaza, los estados de Facebook para mostrar indignación o los tuits que vuelven virales los HT del momento, más allá de la entrada a la emergencia y las salas de emergencia sucias, detrás del rotulo que dice “solamente personal autorizado” o “prohibido el paso a particulares” están las secuelas del odio y la indiferencia, las víctimas de la violencia, niños muriendo de hambre, madres llorando a sus hijos, hombres tratando de ser tan fuertes como dicta el machismo… la realidad viva y tangente.

Atravesar la puerta de la emergencia hacia los servicios donde trabaja el personal de salud (cuidados intensivos, emergencia, encamamiento, cuartos de shock, etc.) es encontrarse con las condiciones más denigrantes, insalubres e inhumanas que podríamos imaginar. Pasillos sucios, hacinados de camillas o sillas de ruedas, luces que se encienden y se apagan, puertas que no cierran o no abren, elevadores que no sirven, pintura que se cae de las paredes; situaciones que se agravan en los días de lluvia, cuando las tuberías no se dan basto e inundan los servicios inferiores. Entras a los servicios y en la puerta un pequeño cartel reza “Se ruega a los estudiantes traer consigo para cada turno: guantes, jeringas, gasas, algodón, micropore y cualquier medicamento que su residente solicite”, carritos de insumos llenos de cajas vacías, llantas rotas, no hay hilos de sutura y los uniformes estériles no se dan a basto en los quirofanos; muchos de los relojes están detenidos, en la hora, minuto y segundo que su batería murió, las conexiones eléctricas recién hechas o reparadas están expuestas, las ventanas no abren del todo, no todos los toma corrientes funcionan y baños para pacientes, enfermeras y estudiantes sin servicio de agua.

Habría que estar muy necesitado para buscar atención en estas condiciones, uno tendría que estar muy desesperado para internarse en una institución que no tienen comida y medicamento suficiente para sus pacientes, pero yo creo que por sobre todo, hay que estar demente para trabajar en estas condiciones. ¿No hay albañiles, arquitectos e ingenieros que no trabajan en construcción si no se cumplen todas las normas de seguridad? ¿No piden los abogados y auditores un plazo sensato para llevar a cabo su trabajo? ¿Acaso no los sindicatos exigen capacitación y condiciones humanas de trabajo? ¿Habrá un profesional o empleado lo suficientemente tonto para trabajar en condiciones adversas, sin equipo mínimo o garantías? ¡Claro que los hay! Esos tontos e insensatos son los médicos y enfermeras de los hospitales públicos, puestos de salud, centros de salud u hospitales regionales.

** “Paciente femenina de 65 años de edad, quien empieza con edema agudo de pulmón a media noche. Se solicita furosemida (diurético) para tratamiento… No hay en el hospital, paciente para con ventilación mecánica”

Ventilación mecánica, dada por los jóvenes hasta el final de su turno o hasta que el paciente se estabilice. No puedo decir que somos ángeles ni dioses, aunque muchos de nuestros compañeros o maestros pequen de soberbia y se crean superiores o como dirían las abuelitas “creen que tienen a Dios agarrado de los pies”, todos somos simples humanos dando nuestra vida, nuestro tiempo y ganas de aprender por el bien ajeno; puedo dar fe del esfuerzo constante que realizan esos y esas que no se quitan su bata para ir a comer, de lo que es quedarse dormido después de 36 horas en un servicio o lo frustrante que resulta tener que dar acetaminofén (paracetamol) porque no hay medicinas en la bodega (aunque el ministro diga que hay abastecimiento al 75%).

** “Ingresa un paciente al área roja de la emergencia de adultos en el HGSJDD, traído por los bomberos que había sido encontrado en la acera inconsciente y con una herida en la cabeza. Cuando se examina, no tiene signos vitales y se inician maniobras. Se solicita una ampolla de adrenalina a enfermería y el enfermero dice las palabras que nunca pensé escuchar en una emergencia: << No hay adrenalina doctor>> Pude notar en los rostros de todos los allí presentes de que las maniobras no iban a funcionar y después el enojo. Por los pasillos del hospital se oye que es la peor crisis de su historia. No hay adrenalina en las emergencias, no hay laboratorios de química en laboratorio (…) El señor falleció y será una estadística más de los pacientes que mueren por falta de insumos.”

No hay una clase en ninguna de las facultades de medicina (USAC, UFM, URL, UMG, UMESO) donde los estudiantes aprendan a lidiar con la escases de los hospitales, con la frustración que genera saber que tienes que hacer y no poder hacerlo por falta de insumos y sobre todo, por el dolor que causa la muerte de tu primer paciente. Puedes entrar por tres razones a esta facultad: 1. Quieres ayudar 2. Quieres ganar mucho dinero 3. Tus papás sueñan con un hijo médico, pero no hay razón que te prepare para chocar con la realidad en tu cuarto año de medicina; ni toda la buena voluntad anhelos de dinero o esperanzas de tus papás evitará que llores de enojo, que sientas miedo o frustración al ver la situación en la que están nuestros hospitales. Como tampoco podrá ocultar la rabia al ver que la ciudadana Roxana Baldetti exigía que se le atendiera como lo merecía en el Hospital San Juan de Dios o que se le trasladara a un sanatorio privado cuanto antes, cuando ella y sus secuaces (junto con gobiernos anteriores) se han encargado de hacer negocio con las necesidades del pueblo y vaciar las arcas de la salud pública. Sin mencionar cuando el ahora expresidente dijo que los médicos eran unos “haraganes” porque no querían cumplir con sus obligaciones, pero el jamás se atrevió a poner pie en un hospital público o centro de salud; mientras nuestra gente sufría o moría a pesar de los esfuerzos de enfermeras, estudiantes y doctores. Solo puedes hacerte de oídos sordos, hacer de cuenta que las criticas construyen y destruyen en la medida que lo permitas; que la lucha por preservar la vida en las condiciones adversas, puede más que las burlas en redes sociales, que la avaricia de los políticos y la haraganería de los sindicatos de salud, pero por sobre todo, que a la gratitud de un paciente y su familia ni todo el oro del mundo se le compara.

La indiferencia cotidiana y el odio que aun profesamos a lo que es diferente, me recuerda que quizá no hemos cambiado lo suficiente como pueblo y aún nos falta hacernos más hermanos, la lucha contra la corrupción nos unió y la tragedia en el Cambray mostró de qué estamos hechos los chapines (amor, garra, buena voluntad y un gran corazón); solo la perseverancia en el caminar dictaminará cuán lejos podemos llegar. Entrará un nuevo gobierno y ante esto se crearán nuevas expectativas y esperanzas en muchas personas, yo solo me atrevo a decir, que los guatemaltecos seguirán luchando con o sin presidente. Nuestros maestros seguirán sin tener escuelas decentes, útiles escolares y mobiliario suficiente para sus niños, pero eso no los detendrá en su lucha contra la pobreza y la violencia; los bomberos seguirán llegando al Congreso a pedir que se les destinen fondos, pero eso no los va detener cuando el teléfono suene y deban dejar todo para salir a salvar la vida de un extraño; nuestros policías seguirán sin camas para dormir, comida y sueldos dignos, pero estoy seguro que con sus carencias harán su mayor esfuerzo por proteger a los guatemaltecos. Y allí seguirán los bata blanca, a pesar de los memes, de las carencias, de las críticas, haciendo su mayor esfuerzo, dando todo su tiempo, su vida y sus conocimientos para preservar la vida, para mantenerse humildes y seguir aportando su granito de arena en la transformación del país, con la esperanza de que esta crisis acabará pronto.

“La muerte no es el enemigo señores. Si vamos a luchar contra alguna enfermedad, hagámoslo contra la peor de todas: la indiferencia”

– Robin Williams, Patch Adams

** colaboracion de Carlos Vásquez

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Vuelo bajito por la ciudad... contemplo y comparto lo contemplado. Creo en el amor, busco la verdad, luchó por la justicia y disfruto la amistad; eterno aprendiz, estudiante, amigo, hermano, bata blanca. Tratando de tranformar la eterna primavera.

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4 Comments
 
  1. Avatar
    Samuel / 19/11/2015 at 19:40 /Responder

    Leí este artículo y me pareció bastante discrepante. Una cosa es la burla a los estudiantes exhibicionistas, y otra cosa es la crisis hospitalaria por la que pasa el país. No creo que hayan personas que se burlen de la crisis hospitalaria. Por lo mismo, desde mi punto de vista, no es coherente mezclar ambas. Personalmente, pienso que este artículo es subjetivo y se ha intentado disfrazar. En fin, es mi opinión. Saludos.

  2. Avatar
    Samuel / 19/11/2015 at 20:12 /Responder

    Una cosa es la burla a los estudiantes exhibicionistas de medicina, y otra, muy diferente, es la crisis hospitalaria que atraviesa el país. No creo que nadie en sus cabales se burle de la crisis hospitalaria. No veo la lógica de unir ambos temas en este artículo, por lo que lo considero subjetivo. Saludos.

  3. Avatar
    Luis González / 29/11/2015 at 22:13 /Responder

    Acetaminofen y paracetamol si son lo mismo, el diclofenaco es un farmaco totalmente diferente.

    • Antonio Flores
      Antonio Flores / 30/11/2015 at 19:56 /Responder

      En efecto Luis, gracias por la observacion, error mio no verificar el compuesto del diclofenaco. Buenas noches

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