By Rincón Literario
Posted: Updated:
0 Comments

/Por: Zwanzig

Cuando te conocí, mi corazón latía a mil por hora.

Escuchabas mi llanto, la agonía por querer sentir tu calor,

la desesperación por sentir tus brazos abrazándome fuertemente,

como solo tú… como solo tu madre, podrías abrazarme.

 

No necesité nada en este mundo porque lo tenía todo.

Todo lo tenía contigo a mi lado.

Las noches oscuras y el temor al coco no existían

porque estabas tú a mi lado, cuidando y velando mis sueños,

mis pesadillas y mis momentos más incomodos.

 

En mi mundo, en mi vida cotidiana, veía a muchos niños

que reían, jugaba, saltaban y se golpeaban,

y estaba mamá para auxiliarlos, cuidarlos y darles un besito.

Un besito en ese golpecito que para mamá era el más grave de todos.

 

No sabía que era la envidia, pero era triste no tener quien

besara esos pequeños golpes, que por andar jugando,

siempre tenía.

 

Yo,

yo te veía cada noche, cada noche que llegabas a casa,

si es que llegabas.

Claro, la comida no llega sola a la mesa,

lo entiendo mamá.

Pero esa maquila, esa estúpida y maldita maquila,

era la culpable de todo.

¡DE TODO!

 

No pude contarte cuando toqué por primera vez una lombriz

y el asco que me dio.

Tampoco cuando comí una tortolita.

Y sí, sí sabía feo.

Ni cuando me caí por primera vez de la bicicleta

que llevo mi padre el día que lo conocí.

No podía decirte que tenía un amigo imaginario,

amigo con el que siempre tenía las mejores aventuras que un niño podría tener.

 

No, no, no, no.

No podía decirte cómo es que realmente me sentía,

qué hacía, qué jugaba, cuántas veces me caía.

No me viste cuando manejé esa bicicleta del demonio.

No viste como crecí.

No conociste a mis amigos,

y tampoco te enteraste de esa niña que me quitaba la refacción en el colegio.

 

¡PERO SABES MAMÁ!

Mi amigo imaginario huyó.

Se fue.

Arranco de mi toda ilusión y esperanza

de ese pequeño beso

para ese gran golpe.

 

Las aventuras ya no se daban.

Ya no había juegos,

ya no había nada.

Nada de mi infancia.

Solo existían palabra, recuerdos y anhelos tristes.

Tú siempre estabas ausente.

 

Y yo,

y yo ya había crecido.

Related Posts

/Por: Andy Doxel   A ti nunca supe describirte, no encajas en el molde o el estereotipo de...

/Por: Rocío Calderón Por favor contesta ¿qué ves ahora? No podría ser la misma persona. Mi torpe...

/Por: Fernando C. Gamboa Sentado sobre una rama observando como la fuerte ventisca conquistaba todo...

Leave a Reply