Bajo la misma estrella

Gabriela Sosa/ Opinión/

Crecí rodeada de libros, en todos los cuartos de mi casa siempre ha habido libros. Pasados de generación en generación, los hay aún de distintos tipos, tamaños, idiomas, colores y temas. Hay libros de texto, por supuesto, también diccionarios, libros para aprender idiomas y a cocinar, libros de filosofía,  pedagogía, arte, historia, política, derecho y hasta  he encontrado de economía, pero no les ganan a la cantidad de novelas. Entre estas también hay diversidad: infantiles, juveniles, de autores latinoamericanos,  autores europeos o estadounidenses, clásicas, fantasiosas, de ciencia ficción, y un largo etcétera.

Al crecer rodeada de todo esto, cuando era niña confieso que pensaba que era normal, sabía por supuesto, que no todos tenían acceso a la lectura, mas siempre asumí que quienes sí lo tenían, tendrían tantos libros como nosotros. Luego entré al colegio y al relacionarme con demás personas, entendí que la lectura no era algo que a todos les agradaba. Hasta la fecha, en pleno último año universitario, a pesar de estudiar una carrera donde “se lee mucho”, conozco muchas personas que detestan hacerlo. Trabajando en un ambiente de libros me he topado también con varios casos en los que la gente no quiere leer ficción. Es muy común cuando se trata de niños y adolescentes, que aunque ellos quieran hacerlo, los padres buscan “algo que les deje un buen mensaje”. Según ellos, esto descarta todas los novelas juveniles. No voy a negar que hay algunos libros de moda que tal vez únicamente sirvan para entretener, pero en realidad hay muchas novelas -sí, incluso fantasía y ciencia ficción- que les aportan mensajes de peso a los jóvenes.

El tema es muy amplio para tratarlo aquí, pero algunos excelentes ejemplos son estos:

  • Harry Potter maneja situaciones que al quitar el elemento de la magia, se encuentran a diario: problemas familiares, duelo, ansiedad, celos, manejar cambios en la vida, asumir nuevas responsabilidades, enfrentar los miedos, consecuencias de nuestros actos, bullying, prejuicios de género y clases sociales, tomar decisiones,…etc. La verdad es que la lista podría seguir.
  • Hunger Games (Los Juegos del Hambre) es un llamado de atención a nuestra cultura morbosa con los reality shows que tan populares se han vuelto hoy en día. Asimismo, a la violencia y diferencias sociales que existen -sin ir muy lejos- en nuestro propio país, pero muchos no hacemos algo al respecto y hasta muchas veces volteamos la cara pensando que mientras no nos pase a nosotros o nuestra familia, no importa.
  • El recién popular Bajo la misma estrella de John Green, demuestra que los adolescentes no tienen la cabeza llena de aire, son capaces de tener pensamientos originales, pensando en alguien más que ellos mismos, además de lidiar con situaciones difíciles como una enfermedad terminal y seguir disfrutando la vida. De igual forma La ladrona de libros, que recientemente fue también llevada al cine, trata con un periodo muy oscuro de la historia, recordándonos que a pesar de todo, la vida sigue y hay que seguirla viviendo. En estas dos novelas los protagonistas están pasando por situaciones familiares dolorosas, sin embargo no dejan que estas dominen todos los aspectos de su vida y nos recuerdan que las tragedias, aunque marcan quienes somos, no deberían controlarnos totalmente hasta el punto que nos olvidemos de vivir.

Recuerdo que cuando estaba en el colegio (e incluso ahora) muchos me preguntaban por qué leía tanto, de qué servía, que la fantasía no dejaba nada bueno y que había otras cosas más emocionantes que hacer que aburridamente leer un libro.

“Suficiente con los del colegio” me dijo alguien alguna vez.

Curiosamente, así como ellos nunca entendieron por qué leía, yo nunca entendí por qué no lo hacían. Si los ejemplos anteriores sirven de algo, es para probar que la lectura de ficción expande nuestra visión del mundo. Claro está, que otros tipos de lectura también. Sin embargo, hay algo especial en las novelas, algo que nos distancia lo suficiente de nosotros mismos como para ver las cosas más claras y aprender algo nuevo, pero no tanto que no podamos relacionarnos con ellas, no tanto que no podamos interiorizar lo que nos quieren decir. Hay una razón por la cual los cuentos se utilizan como método de enseñanza con los niños pequeños: nos dejan ver más allá de nuestra limitada visión, presentándonos con personajes similares a nosotros, que ya sea rodeados de un mundo parecido al nuestro o un mundo que nos gustaría conocer como el fantasioso de Harry Potter, nos llevan a encontrar y aprender más sobre los demás, sobre cómo manejar diversas situaciones o nos inspiran a seguir adelante porque nuestros personajes favoritos los hicieron.

Por eso yo leo ficción, para perderme y encontrarme a la vez. Y aunque pareciera que los libros no ayudan con todos los problemas que tiene Guatemala, parafraseando una frase que leí en las publicidades de FILGUA, sí que pueden dar paso a nuevas ideas y perspectivas en nuestra mente, y por eso vale la pena leer.

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