By María del Mar Grajeda
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¿Por qué leer una columna de opinión?

¿Por qué iniciar un nuevo proyecto o emprender un nuevo negocio?

¿Por qué ir a terapia y hablar de aquello que más nos cuesta?

¿Por qué iniciar una nueva relación?

¿Por qué decidir terminar una relación?

¿Por qué tomar una clase de baile o canto, aprender a tocar un instrumento o cocinar?

¿Por qué trabajar y ahorrar por un viaje, una casa, un carro o un mejor mañana?

¿Por qué tomar un curso de finanzas personales?

¿Por qué decidir tener una alimentación y hábitos más sanos?

¿Por qué salir de la rutina y conocer lugares y personas nuevas?

¿Por qué pedir disculpas al lastimar a alguien?

¿Por qué hacerle frente a esa situación que nos crea malestar?

¿Por qué reunirnos con familia y amigos que no hemos visto por un tiempo?

Inserte más preguntas aquí…

Aunque son todas preguntas distintas, a las que les corresponde una respuesta totalmente diferente, podría haber una respuesta general: porque de esta manera formo una mejor persona, más feliz, más acorde a mis planes, a mis deseos y sueños. Porque así descubro más sobre mí misma, dejo ir aquello que ya no suma a mi vida y continuamente voy expandiéndome y, en el mejor de los casos, creciendo.

Muchas de las actividades que hacemos y decisiones que tomamos, están relacionadas con alcanzar nuestro bienestar.

El hecho es que realizamos estas acciones aunque esto conlleve esfuerzo, como el caso de trabajar y ahorrar; o innovación y creatividad, como el caso de emprender algo desde cero; trabajo interior, como al iniciar una relación o ir a terapia; o lo hagamos con toda la ilusión que conlleva realizar algo que hemos esperado por mucho tiempo, como tomar clases de dibujo, canto, baile, entre otros.

Seguro hay varias excepciones a esta generalización. Muchas cosas que suceden en nuestra vida las permitimos, a pesar que no nos generen bienestar. Sin embargo, cuando decidimos hacer un cambio que nos aleje de ese malestar, lo hacemos precisamente bajo la idea que contribuirá algo positivo a nuestra vida o a nuestro día a día.

De manera que, asumiendo nuevamente que en la gran mayoría de casos realizamos esto o aquello, con la intención que contribuyan a nuestra felicidad, ¿por qué es que no solemos trasladar este deseo bien intencionado y estas energías hacia nuestro alrededor?  Me refiero a que ¿cómo sería nuestro país si introdujéramos en nuestra mentalidad este deseo de un bienestar más allá de nuestro propio bienestar? Sin que esto signifique renunciar al bienestar propio.

Quizá con más preguntas pueda explicarme mejor.

¿Por qué formar parte del equipo de voluntarios de una iniciativa con la que nos sintamos identificados?

¿Por qué apoyar y hacer tiempo para colaborar en un proyecto ad honorem?

¿Por qué construir y acondicionar espacios aptos para las necesidades de personas no videntes o con discapacidades físicas?

¿Por qué apoyar el emprendimiento de un desconocido?

¿Por qué tomar tiempo de nuestro fin de semana para asistir a una muestra de arte?

¿Por qué tener un gesto de calidez hacia un trabajador al que vemos día tras día?

¿Por qué ser parte de una organización que vela por el bien de mi comunidad o de una comunidad cercana?

¿Por qué asistir a una reforestación en un área dañada o deforestada?

¿Por qué hacer una donación a una causa nueva o a una que tiene lugar año con año?

Puede que encontremos muchas razones para no hacerlo: cuestiones de tiempo, recursos, no es algo que me agrade, entre otros. No obstante, ¿qué razón podríamos tener para realizar algunas de estas acciones? Inicialmente, deberíamos tener una mentalidad más allá de aquella en la que nuestro bienestar necesariamente se ve reducido al momento en el que nos preocupamos por el bienestar de los demás.

La mayoría de nosotros hemos crecido bajo la rígida influencia del paradigma de suma cero: la noción que si una persona gana, otra tiene que perder (Figueres y Rivett-Carnac, 2020)

En su libro The Future We Choose, Christiana Figueres y Tom Rivett-Carnac, desarrollan una serie de puntos que son necesarios considerar, para abordar la crisis climática a la que nos enfrentamos. Una de ellas es nuestra mentalidad. En un capítulo hacen referencia a que constantemente estamos compitiendo; ya sea por un puesto de trabajo o por el primer lugar en la fila del supermercado. Es esta mentalidad que nos hace pensar que la ganancia del otro necesariamente implica una pérdida para mí. Quizá porque percibimos una escasez en la cantidad de puestos de trabajo o espacios en un autobús. Sin embargo, reproducimos este comportamiento de ser siempre los primeros sin importar qué le pasa al resto, aun cuando realmente no existe esta escasez.

Percibimos que nuestro tiempo y bienestar son escasos, por los que debemos ser sumamente cuidadosos con lo que decidimos hacer o ser.

Y claro, es un pensamiento racional y hasta cierto punto acertado. Sin embargo, la realidad es que tenemos suficiente tiempo, suficiente energía y suficientes recursos para incluir dentro de nuestras prioridades algunos elementos, que no nos tenga a nosotros necesariamente como principal benefactor. Tengo suficiente tiempo como para ser parte de una iniciativa que considero está haciendo un buen trabajo. Tengo suficiente dinero como para realizar una donación o apoyar a un nuevo emprendimiento. Tengo suficiente energía como para tener un gesto amable con las personas que me rodean. Tengo la suficiente influencia como para impulsar proyectos de infraestructura que incluyan a la población más marginada.

Y como un efecto secundario, estas y otras acciones que en un principio no estaban vinculadas directamente a nuestro bienestar, aportarán un sentimiento de comunidad en el que no es necesario esperar a que suceda una gran tragedia para unirnos; contribuyendo así, a nuestro bienestar individual y colectivo.

“Ayudar sin esperar nada a cambio”, ser un “agente de cambio” o “el cambio empieza en ti”, son frases que vemos en campañas de distintos tipos o que se nos dice cuando somos pequeños y que todos y todas hemos escuchado alguna vez.  Sin embargo, con el paso de los años su relevancia se va perdiendo y si no lo hemos internalizado, es muy fácil verlo como una fantasía. Por el contrario, una vez internalizada, poco a poco vamos formando y nutriendo esta mentalidad o comportamiento de cooperación, frente a una mentalidad de competencia. Es también, como mucho de lo que hacemos, una decisión.

Así que de vuelta a la pregunta inicial ¿por qué leer una columna de opinión como esta?, ¿Por qué leerla si trata sobre un tema ajeno a mi día a día? Porque puede que contribuya una perspectiva distinta a la que he tenido o me informe sobre algún tema del que no tenía conocimiento.

Quizá de una manera u otra contribuya a mi bienestar individual o me permita conocer cómo puedo contribuir a ese bienestar colectivo.

Y es también por eso que he decidido escribir esta y las próximas columnas de opinión.

 

REFERENCIAS:

Figueres, C. y Rivett-Carnac, T. (2020). The Future We Choose. Surviving the Climate Crisis. Nueva York, Alfred A. Knopf.

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