Ing. Rafael López Urrutia / Coordinador Académico

En esto tiempos de cuaresma que inicia con el miércoles de ceniza y finaliza con el jueves santo, día de la cena del Señor; donde los fieles católicos somos llamados a reforzar la fe mediante la penitencia y reflexión para la conversión.

El Domingo de Ramos es donde se abre solemnemente la Semana Santa, con el recuerdo de las Palmas con la entrada de Jesús en Jerusalén; y es la liturgia de la palabra que evoca la Pasión del Señor para que entremos y anticipamos la proclamación del misterio, con un gran contraste entre el camino triunfante del Cristo y el viacrucis de los días Santos; que nos invita a entrar conscientemente en la Semana Santa con la Pasión gloriosa y amorosa de Cristo el Señor. Es aquí donde iniciamos con el ayuno y la abstinencia, que se convierte en sacrificio para la conversión como parte de la transformación espiritual que acerca el hombre a Dios. Esta abstinencia puede interpretarse el quitarnos todo aquello que nos evoca al mal y entre ellos están todos aquellos pecados que nos alejan del Señor.

Ahora bien lo más importante para nosotros los cristianos, es vivir el triduo pascual que en anticipación a los tres días de preparación a la fiesta de pascua, comienza el jueves santo con la misa vespertina de la cena del Señor, alcanzando su cima con la vigilia pascual que se cierra con las vísperas del domingo de pascua; culmen del fundamento de nuestra fe porque Cristo Resucita y nunca muramos por el pecado. Jesús nos indica en éste momento, Yo soy la Luz, la cual se manifiesta en el Cirio Pascual y que simboliza a Cristo, Él nos invita a llevar la luz a otros y proclamar la palabra a la luz del Evangelio como misión para convertirnos en testimonio de vida, en un Apostolado con el anuncio del Reino de Dios.

Preparados pues a éste camino que debe prevalecer entre nosotros al ser bautizados y convertirnos en sacerdotes, profetas y reyes para ser fieles servidores a Cristo, porque fuimos sepultados con Él en la muerte, para que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. No basta con recordar el misterio, debemos mostrarlo también con nuestras vidas al estar resucitados con Cristo, nuestras vidas han de manifestar ese cambio de actitud para ser diferentes y coherentes con Jesús.

Foto: Roberto Urrea

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