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José Andrés Franco / Opinión /

No soy una persona que dedica tiempo para leer la Biblia, no me enorgullece decirlo pero tampoco me quita el sueño. Desde que tengo memoria soy católico: me bautizaron, recibí mi primera comunión y la confirmación, estudié en un colegio católico, me llevaban a misa, etc.

Por lo tanto, hay ciertas frases o citas de la Biblia que no olvido por una u otra razón. Una de estas es un versículo de la carta al apóstol Santiago en donde se afirma que la fe “por si sola, es decir, si no se demuestra con hechos, es una cosa muerta” (Stg 2, 17), y es aquí en donde encuentro el debate, al menos como católicos, cristianos o solo como un ciudadano común, entre pretender y el ser honesto, lo cual explicaré en las próximas líneas.

Honestamente no sé cómo sentirme o qué decir en respuesta a lo que sucedió en El Cambray 2. Es una constante mezcla entre tristeza, frustración, enojo e incertidumbre, y no puedo elegir solo uno de estos sentimientos y desde este, brindar una opinión al respecto, porque no estaría siendo honesto, estaría pretendiendo tener una posición solamente para ser políticamente correcto o para encajar en un circulo social.

Y es que, al parecer una tragedia que ha costado la vida de cientos de personas, es una situación perfecta para pretender.

Jimmy Morales y Luis Enrique “Veneno” Cruz (a pesar que el ya no tiene ningún puesto al cual aspirar) saben a lo que me estoy refiriendo. Su visita al área afectada y la forma como es publicitada, demuestra que es una situación ideal que merece ser protagonizada y pretender ser solidarios para ganar otras cosas.

Las condolencias o sensibilizaciones por parte de varios funcionarios, candidatos y miembros de sectores muy influyentes, sobran. Inclusive, el presidente Alejandro Maldonado dijo que a pesar de que Guatemala es un país “hermoso, bellísimo y pródigo” por obra de Dios, simplemente también somos “vulnerables” a este tipo de situaciones.

Y las referencias a Dios no faltan en situaciones como estas, pero créanme cuando les digo que las oraciones y las peticiones no son suficientes para calmar el dolor o el daño que se ha hecho, porque la fe sin hechos, mas allá de estar muerta, es hipocresía.

La pregunta más grande que me hago es: ¿Qué pasaría si solamente tuviésemos bomberos que trabajaran bajo un sueldo mensual y no existieran las personas que lo hacen voluntariamente? ¿Qué pasaría si no hubiésemos recibido ayuda de México? ¿Qué pasaría si no se hubiesen donado la cantidad de víveres y ropa? ¿Qué pasaría si la cantidad de personas que no sobrevivieron, tuviesen que ser trasladadas a los hospitales públicos para ser atendidas y seguir viviendo? La situación sería aún más dramática de lo que ya es.

Podríamos pretender que estos escenarios no sucedieron y por lo tanto no tiene sentido pensar en ellos, pero no estaríamos siendo honestos al pensar en la realidad del país.

Porque los bomberos no están preparados y no tienen el equipo necesario para este tipo de desastres, la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED) designa 12 millones de quetzales de los 64 millones que tiene asignados este año, lo cual es un 18% de su presupuesto, y no es novedad que los hospitales públicos no cuenten con los recursos para atender a la población, mucho menos para atender emergencias.

Además, para hacer una proyección aun mas dramática de nuestra situación, el actual proyecto presupuestario designa solamente el 25.4% a los sectores de educación y salud (el cual tendría un recorte de 117 millones de quetzales con respecto al presupuesto de este año).

Tiene razón el presidente al recalcar que somos vulnerables a desastres naturales, pero la debilidad de las instituciones, la corrupción y la manipulación del presupuesto, no es producto de un acto divino o de la naturaleza.

Como mencioné anteriormente, no puedo elegir entre todas las cosas que siento sobre esta situación, porque hay muchos factores que la influencian. Solamente me queda agradecer la labor voluntaria de muchas personas que están involucradas en las labores de rescate.

Quiero agradecer a personas como los Bomberos Voluntarios y a los rescatistas mexicanos, a las personas que abastecieron los centros de salud con sus donativos, hasta las maestras que están ayudando a reconocer a los niños encontrados sin vida.

Las personas que desaparecieron o que no sobrevivieron a este desastre, eran ciudadanos tan comunes como ustedes y yo, personas que estaban en sus casas descansado, regresando de sus trabajos o reunidos en alguna iglesia. Por lo tanto, no sería honesto de nuestra parte pretender que los relatos sobre las personas que murieron en este desastre, no nos afectan.

Los habitantes de El Cambray II no buscaron protagonismo u ocultar sus intenciones al sufrir este desastre. Fueron víctimas de un conjunto de variables que incluyen factores naturales; sin embargo, también fueron víctimas de discursos que ocultan las verdaderas intenciones, y que debilitaron la capacidad pública para entender a este tipo de situaciones.

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