Qué difícil es vivir en Guatemala: nación desigual, paraíso abundante para unos, vida de subsistencia para otros. Territorio megadiverso en términos sociales y naturales, cuyas riquezas son usurpadas por aquellos que, lejos de valorar la vida, alaban el (su) crecimiento económico. Con tantos hogares y familias que día a día buscan salir adelante, trabajar dignamente, cuidar de los suyos y mantener vivos los sueños. Y al mismo tiempo son cuna del machismo, la violencia, las adicciones. Es aún más difícil para aquellas personas que, como salmones, van en contra de la corriente en una sociedad que se esfuerza por convencerles de la infertilidad de sus esfuerzos.

En un país en donde la historia se repite: cada época de lluvias, en cada matrimonio, con cada noviembre y su nuevo presupuesto, cada cuatro años. Los noticieros parecen encontrarse en un eterno “loop”.

Qué difícil es vivir en Guatemala para una persona de la tercera edad que tras haber trabajado toda su vida no puede gozar de un servicio de salud y seguridad social que asegure el suplemento de los medicamentos que necesita. Pues la institución designada por el gobierno, sin ser del gobierno, se encuentra completamente contagiada, enferma y vulnerable desde hace años o décadas. Aún más difícil para una persona que ha trabajado toda su vida pero, por alguna razón, no llena los requisitos para “gozar” de este servicio. E incluso aquellos que tienen acceso y acuden al IGSS para las consultas periódicas o en una emergencia, son testigos de cómo la salud de los y las que vivimos en Guatemala no es una prioridad para las personas a cargo de la toma de decisiones y ejecución del presupuesto.

Pues en Guatemala el hablar de salud, educación, libertad, seguridad, agua, vida digna, ambiente sano, entre otros derechos, es una utopía.

Qué difícil es ya que, aunque todos o casi todos compartimos el mismo sentir, no logramos organizarnos. Nuestro juicio y prejuicios, orgullo y necedad nos limitan en muchas ocasiones. Somos expertos y expertas en cuestionar y desacreditar la validez de las palabras de aquella persona que piensa distinto, tiene un estilo de vida diferente, profesa otra religión o creencias. Pero no somos capaces de actuar de manera eficaz al estar en desacuerdo con tantas injusticias, formar parte de una unidad que comparta nuestras inquietudes y poner en práctica la tan desconocida y necesitada ciudadanía.

Y es difícil porque dentro de nuestro día a día y las preocupaciones que lo acompañan, no es común hacer ese espacio y ser parte de algo que implique un esfuerzo adicional. Por salud mental esta asociación debe basarse en el equilibrio. Pero en Guatemala cualquier evento tiene un efecto en nuestra salud mental, seamos consientes de ello o no.

Que difícil es para un niño o una niña que desde temprana edad comprende que el pan de cada día es el resultado del esfuerzo de sus padres (ambos o solo uno); quizá del trabajo informal, lleno de incertidumbre y desafíos, o de un trabajo convencional que exige más de lo que retribuye. Más difícil aún para los niños y las niñas en las zonas urbanas o rurales que deben formar parte de las actividades que implican un ingreso para sus familias. Además, son los miembros más jóvenes de las familias los que se ven más afectados por la migración, violencia e inseguridad, falta de oportunidades, inseguridad alimentaria, entre tantos otros.

Si bien es cierto que no lo experimentamos de la misma manera, desde los niños y las niñas, hasta las personas de la tercera edad, experimentamos en algún momento la dificultad tan compleja de vivir en Guatemala.

Excluyendo a aquellas personas que son parte de ese pequeño grupo de la población que vive en una Guatemala paralela. Mientras que en el otro extremo tenemos a que aquellas personas que son parte de los grupos más grandes que se enfrentan a la mayor cantidad de problemáticas: la población sumida en la pobreza y pobreza extrema, las personas pertenecientes a un pueblo indígena, las personas que viven en territorios de interés político-económico nacional y/o internacional.

La criminalización de activistas, funcionarios públicos y privados, periodistas, defensores y defensoras de los derechos humanos, en especial si son indígenas, implica que incluso sea imposible vivir en Guatemala. Según el informe “Situación de las personas defensoras de derechos humanos en Guatemala: Entre el compromiso y la adversidad” desarrollado por la Procuraduría de los Derechos Humanos y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Guatemala resalta los riesgos que enfrentan: los pueblos indígenas, las mujeres defensoras, las personas defensoras LGBTIQ, periodistas/os, juezas/ces y abobada/os independientes y personas defensores que defienden los derechos de víctimas del conflicto armado interno.

Que difícil es vivir en un narco Estado en el que la corrupción y los intereses políticos y económicos, son las células cancerígenas que amenazan la sobrevivencia, el fuego que destruye todo a su paso.

Que difícil es vivir en un país en el que los fondos para un proyecto de infraestructura son aprobados. Se aprueban planes de reconstrucción de regiones enteras afectadas por tormentas. Se despilfarra el dinero del pueblo en dietas y excesos de los/as protagonistas de la corrupción en el país. De manera que las pérdidas materiales toman mayor importancia que la pérdida de la vida de mujeres. Las pérdidas económicas valen más que las demandas de la población que en resistencia buscan ser escuchados y se movilizan. Fundamentando que “no son formas”, “hacen más daño”, “luego lo pagamos todos”.  Se excusa y defiende a las mafias, pero se señala y rechaza a la oposición.

Qué difícil es vivir en Guatemala. Pero escribir o hablar sobre ello, en ocasiones puede abrir la puerta a nuevas ideas que, de alguna manera satisfagan esa inquietud que en alguna ocasión has sentido: hacer algo por Guatemala.

Qué difícil es crecer en Guatemala y darte cuenta de lo difícil que es vivir en Guatemala. Se ven amenazadas esas buenas intenciones, deseos de construir algo mejor, aportar al bien común. Es fácil perder la esperanza en Guatemala. Sin embargo, la esperanza puede hacer una gran diferencia en la vida que nos proponemos tener en Guatemala. Es difícil ser valiente. Es difícil alzar la voz. Es difícil organizarse. Es difícil convivir con otras personas que cuestionan la relevancia de una postura de resistencia y cambio. Pero el estar rodeada/o e inmersa/o en un ambiente que refuerza e inspira el ir contracorriente constituye una de las piezas claves para poder contribuir en algo. Quizá no será una solución a gran escala, quizá podría llegar a serlo. Pero si es un deseo que tengas, por más difícil que sea, su aporte será de mucho valor para tu vida.

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