By Brújula
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Ángel Ramírez/ Colaboración

Como parte de las celebraciones de independencia de Guatemala, es necesario hacer reflexión sobre un punto importantísimo que le da fundamento a tan laureada celebración nacional: el acta de independencia del 15 de septiembre de 1821.

El acta de independencia promulgada hace 192 años se constituyó como el inicio de una “transformación” en Guatemala por su separación de la Corona Española, pero principalmente se encargó de consolidar y dar continuidad a ciertos mecanismos socio-económicos y políticos que privilegiaban la posición de los peninsulares y criollos encargados de la toma de decisiones en el territorio centroamericano. Es decir, la independencia fue un proceso socio-político, necesario para mantener los privilegios económicos de una élite que no le interesaba otra cosa más que evitar que el poder y la riqueza estuvieran fuera de su alcance.

“1. Que siendo la independencia del gobierno español la voluntad general del pueblo de Guatemala, y sin perjuicio de lo que determine sobre ella el Congreso que debe formarse, el señor jefe político la mande publicar, para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo.” [1]

La independencia de Guatemala no pasó por un proceso de reestructuración y de consolidación de relaciones sociales propias del país, que representaran y dieran su lugar a cada uno de los sectores poblacionales que integraban la sociedad guatemalteca. [2] Por el contrario, fue una simple acomodación de las relaciones de dominación de los criollos sobre las demás clases sociales, que consolidaron una estructura productiva propia a sus intereses y una superestructura neocolonial de legitimación de la inferioridad del verdadero guatemalteco. [3]

Es decir, desde los inicios de la República de Guatemala, el verdadero guatemalteco no es el que realmente pertenece  y proviene de las más profundas raíces de esta tierra, de todos los procesos de mestizaje que puede implicar, sino aquel que tiene más de cualquier otro lado menos de Guatemala y de todos los elementos que a este país componen.

La situación anterior da como resultado un Estado de Guatemala que no responde a un tipo de ciudadano guatemalteco como tal, sino que responde a aquel ciudadano que, a través de cualquier mecanismo, dice responder a estos, y en realidad defiende únicamente lo que considera más cercano a él y que lo aleja del resto de ciudadanos de “a pie”.

Esa falta de identidad de los ciudadanos guatemaltecos sigue produciendo un distanciamiento de unos con otros, que se traduce en desconfianza interpersonal y en falta de articulación de acción social para el cambio del país. Si en su tiempo, el proceso de independencia no se dio por el pueblo y para el pueblo, entonces será igual de imposible que ahora el pueblo haga algo para el pueblo.

No debemos de seguir con ese vacío de identidad guatemalteca, revaloricemos lo que en su momento el proceso de independencia no pudo revalorizar: el gran valor del mestizaje que un guatemalteco trae en su naturaleza, que nos caracteriza a todos y que no debe ser un impedimento para la consolidación de nuevas relaciones sociales, económicas y culturales.


[1] Primer artículo del Acta de Independencia de Guatemala del 15 de septiembre de 1821

[2] Como lo fue el caso mexicano en torno a la Revolución de 1910 que incluyó a una gran diversidad de sectores de la sociedad y que dio como resultado una nueva constitución.

[3] Considero el término “verdadero guatemalteco” a partir de lo planteado por José Vasconcelos en su libro “La Raza Cósmica” en donde explica que los procesos de mestizaje iberoamericanos son positivos para el perfeccionamiento racial de las tierras latinoamericanas (lugar de donde se desprenden sus estudios y posteriores análisis) debido a que toma todas las cualidades de las razas puras y las combina, hasta alcanzar la perfección espiritual.

Vasconcelos, J. (1992). La raza cósmica. 16ª edición, Espasa-Calpe (Col. Austral, 802). México

Imagen: Eduardo Mazariegos

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2 Comments
 
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    Gabriela Carrera / 06/09/2013 at 17:07 /Responder

    Me gusta la discusión que puede generar un texto como este. Yo estoy de acuerdo en la critica del procesos de independencia, en lo que difiero es en la propuesta de solución. Realmente la identidad compartida (que cada vez veo mas lejos) y nacionalidad compartida (que ada vez veo mas vacía) puede ser un punto de encuentro para Plantear soluciones a una profunda consolidación de una elite económica? Y si si, como?

    Vale decir que espero respuesta del autor 😉 porque siempre es un gusto discutir con vos.

  2. Avatar
    ALFONSO BUC / 11/09/2016 at 19:36 /Responder

    Interesante discurso. Pero sigue siendo Criollista. Nunca será independencia para el pueblo indígena. El maya sigue siendo esclavo en su propia tierra. Independencia, cuál?

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