By Brújula
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Aubrey Guillén/

A partir de mayo del año pasado la palabra corrupción se ha puesto muy en boga en el vox populi. Esto no quiere decir que no haya existido antes, pero al parecer algo ha estado cambiando en el consciente ciudadano, lo cual nos hace preguntarnos ¿qué es corrupción?

Si bien es cierto, hace diez años hablar de corrupción o impunidad era algo poco usual en la ciudadanía, hoy en día al parecer todos saben o tienen alguna noción de lo que es la corrupción. El concepto de corrupción ha sido definido por autores clásicos del pensamiento político; en el sentido más pragmático podríamos decir que la corrupción es el abuso autoritario del poder. Esta definición se encuentra muy relacionada a lo que ocurría durante el “viejo régimen” en donde el rey era el soberano y podía hacer y deshacer lo que quisiera.

En la actualidad, la mayoría de estados viven o aspiran a vivir en una república, en donde existe una clara división de facultades estatales (no de poderes, porque el poder es único y radica en el pueblo que es el soberano) lo cual en teoría garantiza o trata al menos de limitar  el poder de los funcionarios públicos. Lastimosamente, hoy en día el problema de la corrupción es una constante en nuestras sociedades de América Latina y especialmente en Guatemala.

La corrupción atravesó por un proceso de metamorfosis; siguiendo la literatura política, se podría decir que existen dos tipos de corrupción. Por un lado la personal la cual favorece de forma ilegal o ilegítima  a alguna organización, grupo o persona individual. Y por otro, la corrupción oficial, la cual se da por la búsqueda de beneficios de igual forma ilícita e ilegal, gracias a los cargos públicos  que desempeñan o “conectes” con quienes los desempeñen. Esta última es una de las más  evidentes en la actualidad, puesto que existen varios procesos penales en contra de ex funcionarios públicos y empresarios por corrupción.

La corrupción es una relación de sujetos activos y pasivos. Este mal es un peligro para la supervivencia de todo estado, razón por la cual es el foco de atención tanto para cooperantes internacionales y autoridades locales.

Pero entonces, ¿qué es la corrupción? La corrupción no es más que un modus vivendi de grupos o personas que viven al margen de la ley. Bajo la norma del “más vivo” buscan satisfacer sus intereses personales y egoístas, no importando si para ello debe pasar por encima de los demás o atentar contra el “bien común”.

Ojo que la corrupción no se da únicamente en la esfera pública o empresarial. Un “ciudadano común” es corrupto al ofrecer mordida a un policía para evitar algún tipo de multa o sanción, es decir, todos podemos ser sujetos activos o pasivos (según sea conveniente) en este mal llamado corrupción. Pero a la vez, también todos podemos ser parte de la solución actuando día a día, con total transparencia y denunciando cualquier tipo de acto anómalo que atente a lo establecido por la ley.

Si logramos cambiar la mentalidad del “más vivo” podremos realmente combatir la corrupción, que tanto mal está haciendo a nuestra sociedad.

Ahora bien, ¿cuáles son los alcances de la corrupción? Los alcances de la corrupción son multidimensionales, es decir atentan contra la seguridad  de un Estado inicialmente, puesto que se cae en el peligro de caer en manos del crimen organizado, pero además de ello, se atenta contra la salud, la educación, la infraestructura, el medio ambiente, la justicia, entre otros tantos elementos vitales, para el desarrollo integral de la población. Es por ello que luchar contra la corrupción es labor de todos, para lograr de esta forma un desarrollo sustentable de toda la población.

 

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