By Brújula
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Stephanie López/ Colaboración / Opinión/

No salí a ver “Las Antorchas” tampoco compré banderitas para el carro. No me pinté la cara con los colores azul y blanco ni me puse la camisola. Mis publicaciones en Facebook y Twitter no han sido las más alegres y positivas, mucho menos he subido la bandera a mis fotos de perfil. Y, ¿quién me recuerda por leerme con tan acentuada expresión: ¡Qué viva la independencia!?Nadie, porque no lo he hecho.

¿Quién diablos mató mi patriotismo?

En cambio ustedes no perdieron el patriotismo ni el amor por Guate. Algunos papás a pesar de los atareados quehaceres diarios, hicieron tiempesito para buscar el traje de “indito” para la actividad del colegio. Qué bellos se ven los patojos: “Hacéle la trencita”, “pintále el bigotito”. No puede faltar la foto con aquellos disfraces como si fuera un día de Halloween.

Las escuelas emocionadas con tanta actividad cívica, paran a los niños bajo el sol para cantar aquel himno que aún no memorizan del todo. “Qué tu pueblo con ánima fiera antes muerto que esclavo será. Nuestros padres lucharon… De tus viejas y duras cadenas”. Todos se presentan peinaditos en los lunes cívicos para jurar a la bandera con esas palabras que ni sus propios maestros comprenden, ¿perenne? ¿excelsitud? (ya va a ser hora de recreo, ya mero). Y qué decir de jugar al mercadito porque eso es lo que es, un juego ¿no?

Cht cht, niño, ¿qué valen las banderitas de Guate? Rápido, dame dos antes que el semáforo cambie a verde” “Pitále, pitále, es una antorcha, qué alegre se ven los patojos”. Enciendo la tele y veo a una presentadora entrevistando a un joven sudado que recién llega al Obelisco para encender su antorcha. “-¿Dime cómo te sientes?” Entre gritos interrumpidos por la fatiga exclama: “-¡Aquí felices de celebrar el ciento noventa y… noventa y dos aniversario de mi querida Guatemala! ¡Que viva la independencia! (se le unen al coro sus amigos sudados) ¡Guate! ¡Guate! UUUUUUUU”-. Pero yo no sudé, ni compré ni pité. ¿Quién diablos mató mi patriotismo?

Algunas familias van a lugares donde tocan marimba porque eso es lo que se hace en septiembre. Hay que comer comida típica y hasta escuchar el discurso patriota del presidente que interrumpe la programación regular. Canillitas de leche, cocadas, ferias… AYAYAYAYAYYYY QUÉ BONITA ES ESTA VIDA (siga cantando).

Pero aquellos papás que vistieron a sus patojos con esos trajes de “inditos” son los mismos que ya no van a Miraflores porque se llenó de shumos y choleros (sigo sin comprender si son sinónimos). La discriminación y el racismo aún los caracteriza. Los niños nunca supieron de qué pueblo era el traje típico que vestían y porque se le llama a esa vestimenta típica.

En la escuela, los alumnos nunca llegaron a comprender la letra del himno, solo lo memorizaron (porque es otra de las tareas como aprender a leer y escribir). Tampoco les hicieron ver que ese “juego” del mercadito es una realidad que viven muchos guatemaltecos. Que la situación agraria sigue sin resolverse desde 1954 y que en el peor de los casos, condena a esos “inditos” a menos de un dólar por día para alimentar a una familia de seis.

El que compró las banderitas en el semáforo talvez no ha tomado conciencia que el niño de 6 años que se la vendió dejó de ir a la escuela porque su padre comprendió que la educación no es una necesidad biológica pero sobrevivir sí. Que como él, hay miles de niños que por diversas razones no reciben educación.

Aquel joven que corre eufórico junto a sus amigos directito al Obelisco para encender la antorcha no ha tomado conciencia que sigue exaltando a una patria que se ha esforzado por no darle educación. Porque un pueblo educado, ¿quién lo manipula? Aún no sabe que dentro de las políticas de Estado la represión ha sido más importante que promover espacios de recreación. Que el llevar un tatuaje, aretes y ropa holgada viviendo en una zona roja es motivo suficiente para que la policía los baje de las camionetas y los registre cual criminales peligrosos (y le va peor si es un “chocochavo”, es decir de piel morena). Que a las mujeres les es imposible andar por la calle en vestidos cortos porque las pueden violar (lo más probable es que sea su culpa por provocar). Que no es casualidad que en el área rural las jóvenes de mi edad (24 años) ya vayan en su tercer embarazo.

Entre los 14 millones de habitantes de este país llamado Guatemala talvez un 90% de población que celebra hoy la independencia sabe que el 15 de septiembre de 1821 logramos quitarnos de encima el poderío de los españoles. Pero no saben que las estructuras de injusticia, racismo y desigualdad permanecieron. Que en el fondo nada cambió y que si leemos algún libro (La Patria del Criollo, por ejemplo) entenderíamos mucho de la realidad nacional. Que la independencia solo deben celebrarla unos cuantos que lograron quitarse a los españoles de encima para gobernar. Esos mismos que controlaron las plantaciones de algodón, café, azúcar y las principales producciones agrícolas durante el siglo pasado cerciorándose de que nada cambiara. Esos mismos que se empeñaron en truncar la esperanza de Guatemala, esa pequeña luz que nació en 1944 cuando se creó entre tantos proyectos de nación, una oportunidad para que el campesino saliera adelante, una oportunidad de desarrollo económico (no crecimiento económico).

¡Ahora ya sé quién diablos mató mi patriotismo! NADIE. Porque nunca ha existido.

Porque lo de ustedes es pura emoción de 30 días, de esa que acompaña a la selección cuando gana y la insulta cuando pierde. Porque les da pena que los mexicanos hablen bonito de su país y nosotros no. Porque… yo que sé.

YO SÍ TE AMO GUATEMALA, yo sí quiero cantar tu himno pero antes quiero hacerlo realidad. Quiero correr con una antorcha quizás, con más jóvenes a mi lado con quiénes juntos habremos luchado por incrementar ese 2% de educación universitaria a un 50%. Yo sí quiero comprar banderitas pero en las tiendas porque dejaron de existir los vendedores ambulantes. Yo sí quiero que se hagan actos cívicos en las escuelas pero que los niños logren entender porque a los indígenas les llaman “indios” y porque eso hay que cambiarlo. Yo sí quiero celebrarte pueblo, cuando realmente llegue nuestro día de independencia y gritar:

¡FELIZ ANIVERSARIO GUATEMALA!

 P.D. Yo opté por conmemorar el 14 de septiembre, que este año llega a celebrar los 100 años de Jacobo Árbenz Guzmán, el “CENTENARIO DE ARBENZ”. Ese del que sí vale la pena estar orgulloso (aquí ya le toca a usted averiguar quién es él).

 

Créditos Fotografía: Rodrigo Polo.  www.rodrigopolo.com

 

 

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