By María Fernanda Sandoval
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Mafer Abril 1

María Fernanda Sandoval / Opinión /

Las ratas en los restaurantes de colores se ocultan de los policías tras las puertas. Éstas, contrario a los roedores sucios, no tienen evidente vida, solo unos cristalinos ojitos que ya no dicen nada. Son distintas a las grises de las cloacas, no asustan a las señoras elegantes, ni provocan a los gerentes gastar en fumigador. Estas ratitas, provocan muy poco. Dan de vez en cuando un pellizco en las conciencias; pero suave, y sólo a algunas personas (gente buena o estúpida, como se manifiesta en las sobremesas los que no entienden).

Estas ratas, que también comen basura, prefieren rogar por un quetzal para pegamento y refugiarse, después de haberlo comprado, en las frías bancas del parque central, frente al palacio del presidente. Un señor que según cuentan los taqueros, sale de vez en cuando en la tele. Pero las ratas no lo conocen, ni les importa; van al parque por el chingo de palomas que provocan asustar y corretear hasta reírse; que les mienten y las hacen creerse niños.

Ratas, María Fernanda Sandoval.

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Estudiante de Derecho. Universidad Rafael Landívar. Interesada en la poesía, el arte y la sociedad.

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