Si por nosotros los haraganes, los que escogemos sacrificar momentos y memorias sirviendo en el sistema de salud pública, durante nuestros años de formación; esos buenos para nada que pasan hasta 36 horas seguidas sin dormir en un servicio de hospital, los mismos que no entran en las exigencias del dichoso y bueno para nada del sindicato de salud, a pesar de trabajar más que ellos. Llámennos dramáticos o necesitados de atención por usar la bata fuera de los nosocomios, por disfrutar la comodidad de nuestros uniformes todo el día, búrlense de como pareciera que para todo recetamos paracetamol, pero si alguno de ustedes o sus familiares nos necesita, ahí estaremos, dando nuestros servicios, respondiendo el llamado de nuestra vocación y dando parte de nosotros por el bienestar ajeno.

Haraganes que sueñan con el cartón después de 6 años, con vestir la bata blanca y el traje blanco como muestra de su compromiso, no faltan los haraganes que a pesar de los sin sabores siguen soñando en el servicio al prójimo y curar al enfermo; hombres y mujeres que han decidido ver a cara a cara a la muerte, a veces ganando la batalla otras perdiéndola.

Los haraganes que se vuelven, durante 3 años, los rostros visibles de su universidad en la red hospitalaria, esa misma casa de estudios que durante ese tiempo pareciera abandonarles a su suerte ante cualquier problema, situación, vicisitud o acoso al cual se enfrentan; aquellos invisibles para sus facultades, molestos para sus decanos, motivo de orgullo para sus catedráticos más cercanos, votos que agrupaciones estudiantiles corruptas usan para perpetuarse pero no para ayudarles y la razón por la cual muchas autoridades universitarias tienen con que hinchar el pecho de orgullo para presumir. Esa gente haragana, que puedo llamar amigos y amigas, mis compañeros de formación, mis profesores a quienes espero llamar un día colegas, esos que a pura haraganería mantienen en pie un sistema de salud a punto de colapsar.

¿A ustedes les enseñan a lidiar con la frustración de perder una vida a pesar de sus esfuerzos? A los haraganes tampoco, no hay fórmulas, clases o talleres que puedan ayudarles a lidiar con la frustración, tristeza e impotencia de perder la batalla contra la muerte. Una batalla que se hace presente todos los días, en cada momento, dentro de una red hospitalaria que parece zona de guerra por nuestro violento andamiaje social y que termina por volverte (a la fuerza) inmune al dolor, ajeno a la miseria y un perdedor a la fuerza.

Haraganes que preservan la vida, en una cultura de miedo, odio, exclusión y muerte.

Desgraciados e insensibles que ceden al sueño en una banca, en el piso, el carro, el bus de regreso a casa, en clase, a medio examen o en sala de operaciones, porque ya no dan más y no están cuerdos a causa del sueño. Esos necios que durante 6 meses van a sacar la tarea que ningún ministro, diputado o asesor del gobierno sacará en su delicada y corrupta existencia, dejando a sus familias y amigos, para extender la cobertura de un sistema de salud tan colapsado que pareciera estar sostenido por el micropore en los hospitales.

Las haraganas, tan tontas y ridículas que se tiene que aguantar las insinuaciones sexuales de sus compañeros, superiores y pacientes; las “seños” que no entienden y están necias de que ellas pueden ser doctoras, de que pueden hacer lo que nosotros los hombres siempre hemos podido hacer. Esas soñadoras absurdas, que escuchan hasta el cansancio comentarios machistas o misóginos de las autoridades de facultad, catedráticos, compañeros de clase, trabajadores y público en general que asiste a consulta; pero que a la hora de una denuncia, nadie las acuerpa, apoya, escucha o toma en serio.

Esos haraganotes e inútiles que tienen la osadía de pedir una paga digna, mejores condiciones laborales, apoyo legal o algo tan simple como un lugar donde parquear su carro… a ellos me uno hoy, para alzar la voz y hacer visible las pésimas decisiones del MSPAS, el abandono de las facultades de medicina y la estigmatización social que sufren.

Intenten mantener por un día este sistema de salud colapsado sin este montón de haraganes y haraganas, valiéndose solamente de la tecnología obsoleta, el desabastecimiento, arcas saqueadas, infecciones nosocomiales y muerte a cada instante, y nos cuentan cómo les va.

#LosDeBlancoTambienImportamos

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