AL REVES

Diego Albúrez/Asociación Tik Naoj/ Opinión/

Prensa Libre publicó el 25 de mayo un reportaje sobre agresiones verbales e “insultos racistas” recibidos por miembros de una comunidad judía ortodoxa en San Juan La Laguna, Sololá. Esta columna reflexiona sobre las reacciones ante esta noticia.

El diario digital República.gt publicó el mismo día un artículo muy similar al de Prensa Libre llamado, “Indígenas guatemaltecos piden expulsar a comunidad judia (sic)”. La imagen que acompaña al texto muestra a un grupo de fieles católicos indígenas ¡en San Pedro Sacatepéquez! Veamos otro caso similar, una publicación de Edgar Ortiz reflexiona sobre el hecho. Esta vez la imagen que encabeza la entrada retrata a otros “indígenas”, ¡esta vez de San Juan Sacatepéquez! Es decir, poblaciones que además de vivir en otro departamento incluso hablan otro idioma.

¿Será que los autores no tenían a mano una foto de San Juan la Laguna? O quizás no les importó que los indígenas de la foto no fueran en realidad los indígenas del reportaje, porque al parecer para ellos no importa de dónde sean, en el fondo todos los indígenas son iguales. Sorprende su capacidad de generalización, sobre todo porque no toda la población de San Juan La Laguna es indígena. De hecho, el reportaje original de Prensa Libre no habla de la pertenencia étnica de los agresores.

Una cruel manipulación fotográfica en la publicación de Edgar Ortiz ha agregado esvásticas nazis a los antebrazos de las mujeres y bigotes hitlerianos a los hombres (de San Juan Sacatepéquez, recordemos). La referencia a Hitler aparece también en la columna de opinión de Estuardo Zapeta, “Indígenas racistas”. Una vez definido que el hecho fue cometido por “los indígenas”, no por los habitantes de San Juan La Laguna, el próximo paso es equipararlos con los nazis. La participación de judíos ortodoxos en lo ocurrido facilita esto, claro, pero es inevitable ver una referencia al proceso por genocidio que continúa en el país. Equiparar a la población indígena con los autores del peor genocidio de la historia es cínico al extremo, sobre todo cuando se discute si esta misma padeció de genocidio durante la guerra.

Lo ocurrido en San Juan es lamentable, pero igual de preocupante es el júbilo con que la noticia fue recibida y reproducida por diarios y columnistas.

¿Por qué la alegría al hallar prueba del “racismo al revés”? ¿Justifica esto, acaso, la otra discriminación, el racismo del ladino? Me cuesta creerlo y lamento no compartir la satisfacción.

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