Andrés-Marzo

José Andrés Franco / Opinión /

La universidad. Una institución que marca el paso de una etapa de tu vida hacia otra, no es una coincidencia de que se tenga que entrar a esta cuando se llega a ser mayor de edad, un ciudadano. Esta será una etapa decisiva en su vida porque empezarán a estudiar la carrera que determinará su futuro, o al menos eso es lo que constantemente nos dicen. Sin embargo, si en algo no se equivocan es en afirmar que más allá de conocimientos, aprenderemos en la universidad, las dinámicas que se desarrollan en la sociedad.

Cuando llegas a estudiar por más de un año en la universidad (en mi caso más de tres años), llegas a aprender que existen dos tipos de catedráticos: aquellos qué buscan llegar lo más puntualmente posible a las clases, aquellos que se esfuerzan en presentar a tiempo el programa del curso, que son personas que están abiertas al diálogo motivando a los estudiantes a participar en clase, desarrollan una metodología adecuada conforme al curso y llegan a brindar su correo electrónico para poder comunicarse  si existe alguna duda; en fin… son personas que están conscientes de su labor como educadores.

Pero también están los catedráticos que son prácticamente lo contrario: No llegan a clases, no hay un programa de curso definido, no les interesa saber lo que otras personas piensan, por lo tanto su palabra es la única que importa dentro del salón, y sobretodo desarrollan “metodologías” que no van de acuerdo al curso, no son personas que se preocupan en promover valores y actitudes que busquen enseñar de una manera académica y profesional.

Este segundo tipo de catedráticos no constituyen una mayoría dentro de las universidades; sin embargo, lo que llega a sorprender (y asustar) es que son personas que llevan muchos años dentro de la universidad y parece que las facultades no puedan percatarse de las prácticas y actitudes de estos catedráticos.

Entonces la primera pregunta que se puede plantear es ¿realmente no están conscientes de lo que está pasando o simplemente aceptan, y por lo tanto motivan estas prácticas?

Porque el problema es que ellos siguen repitiendo año con año estas prácticas y los cursos que imparten son los mismos, es decir, sus actitudes no son nuevas dentro de las facultades, los alumnos los conocen y saben que al asignarse con ellos llegarán a ganar el curso pero sin obtener alguna competencia que llegará a ayudarlos en su carrera profesional. Por lo tanto, para el estudiante que realmente busca su formación académica y profesional, es una total falta de respeto por parte de las personas o autoridades que no buscan frenar el problema.

Si estas “metodologías” siguen repitiéndose durante mucho tiempo y afectando a varias generaciones de estudiantes dentro de la misma carrera, hay que preguntarse, ¿los alumnos podrán expresar su descontento a las asociaciones o movimientos estudiantiles para que estos se acerquen a la facultad y presentar estas quejas? Porque pareciera de que estos grupos existen para muchas otras cosas.

Las necesidad de organizarse dentro de una universidad por parte de un grupo de estudiantes es para lograr un impacto dentro de la institución como en la sociedad, pero si se busca lograr algún tipo de estatus o superioridad, simplemente se están repitiendo las dinámicas de nuestros actuales partidos en nuestro sistema político.

Es cada vez más claro de que la formación de profesionales dentro de una universidad no depende únicamente de un pénsum, de los recursos tecnológicos o de la mensualidad que se paga por cada curso al mes (que en ocasiones llega a ser bastante alto), depende en gran parte de un modelo educativo que permita al estudiante interactuar con el sistema. Es decir que las facultades y las organizaciones estudiantiles puedan trabajar en conjunto, pero que las organizaciones sean promovidas como mecanismos de expresión para el estudiante y que lleguen a representar sus preocupaciones.

Por lo tanto, tanto las facultades y sus procesos como las organizaciones estudiantiles son en parte responsables si las actitudes o las pseudo metodología se siguen repitiendo, pero quisiera también hablar del papel de un autor fundamental para atañer este problema: Nosotros como estudiantes debemos denunciar este tipo de prácticas dentro de la facultad y universidad sin temer a las posibles consecuencias. No se queden callados aceptando estas dinámicas porque lo único que están consiguiendo es degradar tanto a la carrera como a los catedráticos que sí son profesionales en su trabajo, pero sobretodo degradan el nombre de la universidad en la que estudian.

Si los tachan de rebeldes, no se preocupen porque están en lo correcto. Son rebeldes porque no pueden dejar que este comportamiento siga, son rebeldes porque sí se preocupan por la formación profesional que ciertamente determinará las oportunidades que llegarán a tener en un futuro, son rebeldes si se están preocupando por sus compañeros y el esfuerzo que ellos realizan para estudiar en una universidad, tanto pública como privada.

Pero no se asusten si se dieron cuenta que lo son, porque este tipo de rebeldía, la cual hace que se opongan y denuncien las desigualdades y las injusticias dentro de un sistema, es la que realmente los ayudará a ser buenos profesionales, pero sobre todas las cosas, ciudadanos responsables y conscientes de su realidad.

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