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Por: Dr. Miguel A. Garcés de Marcilla.

Abril 2021

El objetivo esencial de la Salud Pública en un Estado democrático como Guatemala, es proveer cobertura poblacional universal, equitativa, no excluyente, oportuna, gratuita y de calidad, para lo cual debe disponer de los establecimientos y servicios necesarios para desarrollar las cuatro áreas básicas de su quehacer, que son la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad, su tratamiento y rehabilitación.

Para lograr lo anterior, el Estado debe destinar un presupuesto que sea suficiente, no solo para atender las áreas antes mencionadas, sino también para desarrollar la investigación epidemiológica y biológica, sobre problemas prioritarios de salud, cuyos resultados orienten el quehacer de los servicios y fundamenten la creación de tecnología apropiada para el país.

La Salud Pública en Guatemala ha estado históricamente descuidada y ciertamente lejos de alcanzar el objetivo antes mencionado.

La responsabilidad social por el desarrollo de la salud recae en el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social; sin embargo, este goza de un presupuesto Estatal insuficiente y tiene poca capacidad de rectoría y coordinación, lo que ha conducido a una alta fragmentación de los servicios, sin coordinación y mucho menos integración de sus actividades; los que están divididos en instituciones públicas, clínicas y hospitales privados lucrativos, organizaciones no gubernamentales y servicios de las fuerzas armadas y de la policía. Además, se han favorecido las inversiones en hospitales, principalmente de la ciudad capital y no se ha puesto atención a la urgente necesidad de establecer un sistema efectivo de atención primaria en salud, de cobertura nacional y que garantice la equidad.

Las principales causas de morbilidad en el país siguen siendo de origen infeccioso y afectan con mayor gravedad a las poblaciones pobres, mayas y rurales, donde las inequidades económicas y de salud son muy evidentes. Hay también un lento incremento de las enfermedades crónicas, las que afectan todos los estratos sociales.

Ante este deteriorado panorama, el ser afectados por una pandemia infecciosa se convierte en un grave problema de salud pública, particularmente cuando se trata de un microorganismo viral de alta infectividad (capacidad para invadir un organismo) como el SARSCov2, de moderada virulencia (capacidad de hacer daño), con cerca de 50% de casos asintomáticos y para el cual no hay tratamiento efectivo y solo recientemente se ha desarrollado una vacuna.

El control de esta pandemia depende de acciones epidemiológicas muy adecuadamente planificadas y ejecutadas, en forma oportuna y universal, para: evitar la transmisión en la población, identificar casos asintomáticos y sintomáticos y referir los moderados y graves a niveles adecuados de atención,   aislar los casos, dar seguimiento a la población convaleciente y vacunar a toda la población o por lo menos hasta alcanzar la “inmunidad de rebaño” con un 70% de cobertura.

Para cada una de estas acciones se requiere de un sistema de salud con fortaleza en la atención primaria para toda la sociedad, que facilite:

a) la ejecución efectiva de la vigilancia epidemiológica en todo el país;

b) el acceso a todas las comunidades urbanas y rurales para la educación en medidas de protección de la infección (uso de mascarillas, distanciamiento social y lavado frecuente de manos) y la vacunación;

c) acceso equitativo y oportuno a técnicas diagnósticas;

d) comunicación inmediata de los resultados;

e) aislamiento, seguimiento y referencia de casos cuando sea necesario;

f) identificación de contactos cercanos para someterlos a pruebas diagnósticas y su seguimiento correspondiente;

e) dotar a los servicios de salud ambulatorios y hospitalarios de los recursos humanos necesarios de varias disciplinas y de todos los materiales y tecnologías adecuadas para la atención rápida y efectiva de los casos.

 

En Guatemala es desafortunada la ausencia de tal sistema de atención primaria y también lo ha sido el escaso apoyo gubernamental para el control de la pandemia, que con frecuencia ha favorecido el desarrollo económico sobre las medidas de salud. A consecuencia de lo anterior, la sociedad guatemalteca se enfrenta en la actualidad a una marcada elevación de los casos, con mayor afectación de algunos departamentos y municipios; y además, tiene la tasa de letalidad mayor de todos los países centroamericanos.

Podemos, con toda firmeza, asegurar que la enfermedad y muerte por esta pandemia es, en su mayor parte, responsabilidad de la deficiente organización y escasa cobertura de los servicios públicos de salud en Guatemala.

 

 

 

 

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